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La juerga es mi bandera

Publicada el 06/10/2021 a las 06:00

Los que viven en torno a las plazas o parques escogidos por los participantes del botellón están hartos de sufrir daños colaterales, acceder a sus casas ente montañas de basura pestilente y pasar noches en vela por culpa del ruido. Lo mismo sucede con los pacientes vecinos de las calles repletas de bares con terrazas. Primero llaman a la Policía para que actúe dentro de la legalidad y, si no llega a tiempo, tiran agua desde las ventanas. Han decidido tomarse la justicia por su mano. De momento, se limitan a duchar a los folloneros más persistentes, pero algunos dicen que no descartan utilizar otras sustancias menos inocuas para garantizar su derecho al descanso. ¿Llegarán tan lejos?

¿Quién tiene la culpa de que un sector de la juventud se haya lanzado a la calle para beber ingentes cantidades de alcohol, desvalijar comercios, cargarse el mobiliario urbano, levantar barricadas, apedrear a la Policía, gritar como energúmenos e impedir que sus vecinos puedan vivir en paz? La pandemia, el confinamiento, el paro galopante, el pésimo sistema educativo, la esclavitud laboral, la publicidad venenosa, la televisión basura, la autoridad incompetente, los jueces que no penalizan, la Policía que no reprime, los padres que no imponen normas ni ejercen su autoridad, el futuro incierto y más bien negro… ¿O no es para tanto? Quizá le doy al asunto más trascendencia de la debida. Por supuesto que no es un fenómeno novedoso y se podría pasar por alto si no fuera porque el insomnio provocado por el ruido, un drama en sí mismo, tiene efectos secundarios: genera hipertensión arterial, pérdida de audición, carácter irascible, rabia, desasosiego e instintos violentos. No exagero. Les recuerdo que, en 1989, los militares estadounidenses lograron que el dictador y narcotraficante panameño, Manuel Antonio Noriega, saliera de su refugio en la nunciatura de la Santa Sede después de escuchar durante tres días y tres noches música heavy metal a todo volumen. No lo pudo soportar y se entregó.

En diversas ciudades del mundo se han buscado soluciones incompletas: toque de queda, cordón policial, impedir la bebida en la calle, multas disuasorias, aumentar el precio del alcohol, endurecer la ley… El problema es que todo defensor de este tipo de medidas represivas será tachado de viejo progre, censor, burgués, anquilosado y carcamal. Una sarta de insultos que pretende dividir en bandos antagónicos a unos jóvenes rebeldes y hedonistas que se sacuden las cenizas de una pandemia contra unos izquierdistas viejunos, intolerantes y represores, en vías de extinción. Esa “izquierda puritana”, defensora de causas nobles políticamente correctas, la engloban dentro del término “woke, que ahora se emplea de forma peyorativa para designar a los “progres trasnochados” que se sienten moralmente superiores al resto.

En el bando de los hedonistas rebeldes se grita la palabra libertad de una manera equívoca y se jalea la protesta contra cualquier tipo de autoridad o jerarquía. No es casual que proliferen las camisetas con el logo A.C.A.B., aunque muchos de los que las llevan ignoren el significado de una sigla que responde a la frase inglesa All cops are bastard, en español, Todos los policías son bastardos. En cuanto a la consigna de la libertad se refiere exclusivamente a la necesidad de colocarse a base de consumir sustancias como el alcohol, hasta llegar al coma etílico si fuera preciso, y al desafío a las más elementales normas de convivencia, enunciadas al principio de estas líneas. En resumen, libertad para gritar, bailar, romper cristales, quemar contenedores, arrojar sillas a la policía y poco más. “¡Necesitamos beber!”, decía un joven, cargado de razón, en una fugaz aparición televisiva. El ocio nocturno, en las distintas fases de la pandemia, se ha convertido en el sacrosanto derecho de una parte de la juventud que ha impuesto la juerga como su bandera.

Sospecho que la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha entrado en la categoría de izquierdista viejuna y progre trasnochada, desde el momento en que pidió a la Guardia Urbana y a los Mossos d’Esquadra que reprimieran el botellón en la plaza de España que, durante la madrugada de las fiestas de la Mercè, tuvo un saldo de más de cuarenta heridos y veinte detenidos. El desenfreno del botellón y el periplo etílico por los antros y las tabernas ha sido una práctica legendaria para los jóvenes de toda condición, pero se trataba de una moda marginal que nunca había adquirido la categoría de reivindicación libertaria. Con la excepción del inefable Tierno Galván, alcalde de la Movida, cuando pronunció ante la multitud aquello de “… el que no esté colocado que se coloque… y al loro”. Gesto populista donde los haya; de lo más acorde con los tiempos que vivimos.

No quiero hacer psicopolítica, sobre todo después de haber leído las sagaces teorías del filósofo Byung-Chul Han. Dice el coreano, santo de mi devoción, que el neoliberalismo es el sistema más eficiente para explotar la libertad. “Se explota todo aquello que pertenece a prácticas y formas de libertad, como la emoción, el juego y la comunicación (…) la psicopolítica neoliberal es una política inteligente que busca agradar en lugar de someter”. Pues eso, lejos de reprimir, se estimula el desmadre y se explota la libertad constantemente. No dejen de leer a Han para entender lo que nos está pasando.

Soy contraria a las teorías conspirativas, así que no me cabe en la cabeza que la idea de fomentar la rebeldía superficial de los juerguistas esté amparada por determinada ideología. Pero sí me gustaría que alguien tuviera el valor de hacer una encuesta de madrugada, en pleno fragor de la batalla, con dos preguntas elementales: si creen en la democracia y cuál es su opción política preferida. Creo que coincidiría con mis pensamientos, que no expresaré por escrito para no excederme en el juicio que me merecen los propagadores inconscientes del anarcocapitalismo. Pero de esta opción en auge y de los nuevos influencer hablaremos otro día.

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Nativel Preciado es periodista, analista política y autora de más de veinte ensayos y novelas, galardonadas con algunos de los principales premios literarios.

 

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10 Comentarios
  • Ijon Tychi Ijon Tychi 07/10/21 11:02

    https://blogs.elconfidencial.com/cultura/el-erizo-y-el-zorro/2021-10-05/byung-chul-han-filosofia-no-cosas_3300863/

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  • jorgeplaza jorgeplaza 07/10/21 05:42

    Lo que pasa es que la mayoría de esos jóvenes no tienen nada que hacer ni nadie les exige que lo hagan y, en cambio, aunque sea poco, tienen el suficiente dinero para comprarse copas. Es tan sencillo como eso. Y no es de ahora. Hará unos veinte años, porque hoy es ya cuarentón, a un sobrino que vivía entonces en Cáceres, cuyo centro era de los más asaltados cuando se puso de moda esto de que los jóvenes asaltaran las calles a partir de las doce o la una de la madrugada, le pregunté si no se daba cuenta de que ensuciaban la calle y molestaban a los vecinos. Respuesta literal: "Que se jodan". Entonces no tenía y durante muchos años más no tuvo oficio ni beneficio, pero sí el suficiente dinero --de papá, que tampoco es que fuera millonario-- para tocar los cojones a sus vecinos cacereños. Ni los padres, ni sus profesores, ni sus empleadores (inexistentes en la mayoría de los casos) ni la sociedad en general les pide nada ni nada esperan de ellos, pero tienen lo suficiente para consumir.

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  • Aynur Aynur 06/10/21 20:35

    (SIGUE AL ANTERIOR) Los neoliberales no se cansan de repetir la palabra libertad, algo en lo que ellos, por definición, no creen. Salvo en la libertad de mercado. Como no saben usarla, ni mucho menos gestionarla (si es posible gestionar la libertad), se les ha ido de las manos. No se si una encuesta, que es una forma de ordenar el orden, de sujetar a los sujetos, contribuiría a no explotar la libertad "constantemente". Desde luego, la que propone Nativel Preciado, no. Sencillamente porque "el sacrosanto derecho de una parte de la juventud", es resultado del sacrosanto derecho de los neoliberales a proclamarse adalides de la libertad. Ambos "sacrosanto", el de Nativel y el mío, son concepto re-cargados. Valga solo como ejemplo y sin establecer comparaciones, aquella sociedad que vivimos de terrorismo de estado (GAL), tenía su respuesta en la kale borroca. Mayo del 68, también fue una respuesta al estado de cosas. Los chalecos amarillos, el 15M, y otras manifestaciones, sin parecerse a esta, son respuestas. O mejor, interrogantes a las instituciones públicas, neoliberales o no. Si un programa político se basa en terrazas y libertad, si un niño de dos o tres años es el regocijo de los adultos cuando muestra su habilidad con una tablet, si mediaset es lider de audiencias con la basura, si gran parte de los tertulianos son estúpidos, si tenemos una mierda de oposición (inculta, paleta e ignorante), si aplaudimos a los médicos y luego los abandonamos, si atracan a los ciudadanos robándoles las viviendas y negociando con los fondos buitres, si en fin, perdonamos a una monarquía corrupta y jaleamos a personajes ESPAÑOLES públicos que no quieren pagar impuestos, ¿podemos esperar una juventud ordenadamente libre? Creo que la encuesta, si es posible, es otra. Y la muestra o población a la que realizarla, también es otra. Y el método también es otro (apuesto por el cualitativo). Siga usted en el periodismo y no se adentre en el oscuro mundo de las encuestas, fíjese en Tezanos, que aún apesar de saber, o quizá por ello, es un zopenco.

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  • Aynur Aynur 06/10/21 19:52

    LAS ENCUESTAS NO SON EL PUNTO FUERTE DE NATIVEL. O quizá sí, porque cumple al menos dos requisitos fundamentales de las mismas: conoce la respuestas y sus preguntas estan cargadas de ideología. Conoce las respuestas, cuando reconoce que "creo que coincidiría con mis pensamientos". Estan cargadas de ideología cuando dice que le gustaría saber (aunque ya lo sabe) "si creen en la democracia" y "cuál es su opción política preferida". A mi me gustaría saber, pues no lo se de antemano, qué pretende la articulista con semejante encuesta. Desde luego "saber" no, pues ya lo sabe. ¿Aportar datos para "solucionar" la cuestión juvenil? Puede ser, pero parte del presupuesto erróneo de considerar "la libertad" como algo que hay que reprimir o estimular. También, desde mi punto de vista, calificar la juvenil expresión de "moda marginal que nunca había adquirido la categoría de reivindicación libertaria" es otro error propio del neoliberalismo: una libertad que molesta pasa a ser, despectivamente, libertaria. Es necesario pues una libertad dentro de un orden

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  • GRINGO GRINGO 06/10/21 19:04

    Beber en la calle siempre ha estado prohibido, cuando hace unos años de impuso esa "moda" se podía considerar una respuesta a la falta de medios económicos de los practicantes, los cuales no podían soportar el coste de los tragos en una pretendida noche de farra.

    Se emborrachaban de forma expréss y con el menor coste posible, y hasta que aguantara el cuerpo.

    Ahora también hay de eso, pero también se han juntado esos que identifican LA LIBERTAD con hacer lo que me de la gana, incumpliendo cualquier norma cívica, pero siguiendo las consignas de alguna irresponsable que ha hecho de "esa libertad" un patrimonio indecente.

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  • Grever Grever 06/10/21 11:45

    Las formas y modos de diversión juvenil urbana han variado desde los años 60 del pasado siglo mientras que la reacción de los adultos viene a ser la misma. Los en los 60 y 70 se desmadraban en las fiestas populares urbanas y asistían los fines de semana a salas de conciertos, disco-pubs o discotecas critican hoy los botellones de fin de semana o de fiestas patronales.
    Está claro que el ruido molesta a los que no vamos de concierto si no hay opción a sentarse, o sea los que botábamos con Miguel Ríos o Radio Futura en estadios y cosos por toda la geografía nacional desde Riazor hasta La Maestranza o desde El Molinón hasta La Monumental de Barcelona.
    No olvidemos la generación a la que pertenecemos cuando intentemos analizar o enjuiciar a otras generaciones. Con razón a muchos nos llaman viejunos y no sin cierta razón "woke".

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  • Isa. Isa. 06/10/21 10:55

    La idea me gusta. Ojalá los medios den prueba testimonial.

    "Una encuesta de madrugada, en pleno fragor de la batalla, con dos preguntas elementales: si creen en la democracia y cuál es su opción política preferida."


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  • Antonio LCL Antonio LCL 06/10/21 10:10

    Me encuentro entre los mayores que en su juventud y más, se divertía cuando podía, sin necesidad de extremos punibles para el resto de vivientes. Los extremos ya los ponían los políticos fascistas, sus policias y matones. Hoy, esa juventud, esos grupos, con sus problemas sí, me avergüenza y me entristece. La educación pública, en todas sus etapas tiene mucho que ofrecer, pero los recursos son cada día más escasos, y sus profesionales maltratados. Yo he sido uno de tantos durante muchos años. Eso sí, la enseñanza concertada y la pública mantienen sus privilegios e hipocresía acostumbrada, como los políticos que las representan y defienden. Gracias Nativel por tu trabajo.

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  • Vicente27 Vicente27 06/10/21 08:22

    Curiosa propuesta la encuesta de madrugada. Me encantaría conocer los resultados. Seguramente sorprenderían y nos darían bastante luz sobre la sociedad en la que vivimos y los políticos que influyen en ella. Salud

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  • Canija Canija 06/10/21 08:05

    Yo pienso que el mensaje de IDA sobre la libertad a tomar cañas y a divertirse , nada que ver con el concepto LIBERTAD por el que han luchado tantos demócratas y los que más los comunistas tan denostados por esta ignorante, ha hecho mucho daño en el supuesto derecho que tenían los jóvenes a desmadrarse

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