Lo mejor de Mediapart

Los marroquíes boicotean tres productos de primera necesidad por sus altos precios

Madih Ouadih se muestra entusiasta. “¡No tiene precedentes! Nos alegra que los consumidores hayan alcanzado cierta madurez para reivindicar sus derechos y formar un lobby ciudadano”. Ouadih, al frente de la asociación Uniconso y de la federación marroquí de las asociaciones de consumidores, aplaude el boicot, de proporciones inéditas, de tres productos de primera necesidad que pertenecen a marcas líderes: la leche de Central Danone, el agua mineral Sidi Ali y los carburantes de las estaciones de gasolina Afriquia.

No obstante, se muestra prudente: “No hace falta que los partidos políticos instrumentalicen el movimiento con fines electorales, ni que se convierta en una costumbre. Ahora, la pelota está en el tejado de los políticos, que deben exigir una bajada de precios”.

La iniciativa, lanzada el 20 de abril, surgió en las redes sociales para denunciar la carestía de la vida y para instar a una bajada de precios y sigue sumando adepto en todo el país y en todas las clases, de las más populares a las más acomodadas. Pero ha sido en las clases medias donde ha conocido un mayor éxito. “La clase catalizadora es la que trabaja, produce, gasta y sufre la mayor carestía de la vida, de los salarios que no suben”, apunta Madih Ouadih. “Ya no compro ninguna de esas marcas y no reposto en ninguna gasolinera Afriquia. Si en el restaurante me sacan una botella de agua Sidi Ali, ¡se la devuelvo al camarero! En casa y en el trabajo, todo el mundo se ha sumado al boicot”, dice Mayssa, empleada de banca en Casablanca, a quien su cuñada puso en antecedentes sobre la campaña.

Mayssa, 44 años, madre de dos hijos y con un marido funcionario, desconoce, como todo el mundo, quién está detrás de esta campaña. ¿Meros ciudadanos movidos por el interés general, un ajuste de cuentas en las aguas turbias de la colusión económico-política de un país en vías de desarrollo o un ataque del PJD (Partido de la Justicia y del Desarrollo), el partido islamista, como se dice? No le importa: “La situación se ha convertido en intolerable. Los precios se disparan al mismo tiempo que el margen de estas empresas, mientras que nosotros nos matamos a trabajar por salarios que no se mueven”.

El movimiento, subestimado en un primer momento, seis semanas después provoca, en pleno ramadán, sudores fríos a las autoridades y a los agentes económicos, empezando por las marcas boicoteadas, que no han sido elegidas al azar: cada una de ellas son el número uno en su sector y pertenecen a personalidades que se mueven entre la economía y la política, donde se proyecta la sombra del rey de Marruecos, Mohamed VI. Además, tal ha sido la magnitud de las protestas que esta semana se veía obligado a presentar la dimisión el ministro de Asuntos Generales y la Gobernanza, Lahcen Daudi (PJD), por manifestarse en contra del boicot ciudadano. Daudi había participado el pasado día 5 en una sentada convocada por trabajadores de las empresas boicoteadas, decisión que desencadenó un aluvión de críticas y que terminó por forzar su marcha.

Central Danone, después de haber estado en manos durante mucho tiempo de la SNI (Sociedad Nacional de Inversión), el holding real que no posee hoy más que una parte simbólica, pertenece al gigante francés, uno de los líderes mundiales de los productos lácteos frescos. Sidi Ali es de la compañía de aguas minerales Oulmès, dirigida por la muy influyente exjefa de la Confederación General de Empresas de Marruecos (CGEM), la patronal marroquí, Miriem Bensalah-Chaqroun; la empresa es la joya de la corona del grupo familiar Holmarcom, presidida por su hermano (700 millones de cifra de negocios, 5.000 asalariados).

Las estaciones de servicio Afriquia son la filial de uno de los grupos marroquíes más prósperos, Akwa, dirigido por una personalidad controvertida –por ser a la vez un hombre de negocios multimillonario y un poderoso político, próximo al Palacio al que ha abierto sus redes– Aziz Akhannouch, ministro de Agricultura y de Pesca desde hace más de diez años, segunda mayor fortuna de Marruecos por detrás del rey y presidente del Rassemblement national des indépendants (RNI) (el segundo partido en la mayoría de gobierno con el que cuenta el Palacio para hacer sombra a los islamistas, sobre todo en las elecciones de 2021).

Las grandes marcas en el punto de mira, tras multiplicar su agresividad hacia los boicoteadores, convencidas de que el movimiento no funcionaría, han debido revisar su plan de comunicación al igual que la marca Sidi Ali, que invita ahora a los marroquíes a visitar sus plantas de embotellado o que ha multiplicado las campañas de publicidad, llegando a decir que “la problemática del poder de compra es un asunto que les preocupa”. La empresa añade que el precio del agua no ha subido desde 2010 “pese a la inflación que ha conocido Marruecos y el aumento de los costes: materias primas, energía, salarios, tasas”.

Las empresas empiezan a percibir los efectos de seis semanas de boicot. Central Danone, que asegura mantener los precios desde 2013, anunciaba el lunes 4 de junio una bajada de un 20% en su cifra de negocios y pérdidas netas por importe de 150 millones de dirhams (13,5 millones de euros) en el mismo periodo del año pasado. A finales de mayo, le anunciaba a los productores su intención de “reducir en un 30% la leche adquirida a las cooperativas”, en un correo publicado por la revista Telquel, lo que tendría consecuencias para más de 100.000 pequeñas explotaciones.

“Las empresas y el Gobierno aluden a las repercusiones sociales en el empleo para asustar a los marroquíes”, señala un sindicalista de una importante empresa que considera que el Gobierno de Saadeddine El Othmani (PJD) se encuentra “completamente superado”. “En lugar de escuchar las razones del enfado y de tomar medidas para que bajen los precios, las autoridades se obstinan apoyando los intereses de las grandes firmas y contribuyen a que perdure el boicot”.

En un comunicado, remitido el pasado fin de semana, el Gobierno alude a “un impacto negativo en la inversión nacional y extranjera (en Marruecos) y, por tanto, en la economía nacional”. Pero dice también estar “determinado a tomar medidas dirigidas a mejorar el poder adquisitivo”. Mucho mejor que algunos miembros del Gobierno que denuncian el complot o que califican–como el ministro de Economía y de Finanzas, Mohamed Boussaïd – a los boicoteadores de “Madawikh” (atontados, descerebrados), lo que suscitó la indignación en las redes sociales.

Omar Balafrej, diputado de la Federación de Izquierdas Democrática (FGD), uno de los primeros parlamentarios que pidió información sobre los precios del carburante, denuncia, como en esta entrevista en la web Yabiladi, la fortuna haram, “no ética”, de las mayores compañías petroleras, Afriquia, Shell, Total y Petrom, en perjuicio de los consumidores desde la liberación de los precios en 2015 y la falta de compromiso del Estado en este sector.

Los acusa de haberse embolsado 17.000 millones de dirhamsdirhams, sólo en márgenes, que habrían debido destinarse a los marroquíes –“en un país en que necesitamos dinero para invertir en la educación, en sanidad”. Aspecto éste que confirma un informe hecho público por la presión del boicot a mediados de mayo.

Para la ONG Transparency Maroc, “el éxito del llamamiento al boicot muestra un malestar profundo al mismo tiempo que una toma de conciencia ciudadana”. “Analizar un movimiento así sólo por los precios es necesariamente reduccionista”, dice la ONG en un comunicado. Para ella, “lo que está en el punto de mira es toda la gobernancia de una economía minada por la renta, la corrupción y la interferencia del poder político con el del dinero”.

También se trata de una nueva forma de protesta masiva que garantiza el anonimato en un Marruecos sacudido desde hace meses por una serie de movimientos sociales, violentamente reprimidos, donde cada vez menos los ciudadanos se atreven menos a manifestarse en la calle, en busca de una vida mejor, por miedo a acabar en prisión como los militantes del Hirak, el movimiento nacido en el norte, en el Rif, tras la muerte de un joven vendedor de pescado, triturado por un camión de la basura.

Traducción: Mariola Moreno

Leer el texto en francés:

Más sobre este tema
stats