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Los libros

‘Cartas, 1888-1890’, correspondencia entre Gauguin y Van Gogh

  • Las misivas nos introducen en la intimidad del proceso estético, como una ventana que lleva de los resultados a los orígenes de la creatividad

Irene García Chacón Publicada 26/02/2016 a las 06:00 Actualizada 25/02/2016 a las 21:39    
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Portada de 'Cartas, 1888-1890' entre Gauguin y Van Gogh

Portada de 'Cartas, 1888-1890' entre Gauguin y Van Gogh.

Cartas, 1888-1890
Paul Gauguin y Vincent Van Gogh

La micro
Madrid

2015

Cartas, 1888-1890
La editorial La micro pone las cartas sobre la mesa con la publicación de las misivas que dos artistas fundamentales, Paul Gauguin y Vincent Van Gogh, se escribieron entre 1888 y 1890. Tras haberse conocido en París unos meses antes de la primera carta que se incluye en el volumen y hasta la muerte del holandés, acaecida en julio de 1890, intercambiaron visiones acerca de problemas mundanos —ganarse el pan, compartir gastos— y estéticos —la poca importancia que la precisión aporta al arte—. Asimismo, como plasma esta correspondencia, intercambiaron óleos y consejos técnicos. Las cartas, con sus dos voces, tejen un relato fragmentario de encuentros y desencuentros. Ambos creadores coincidían en la superación del naturalismo, pero —como indica Juan Ángel López-Manzanares en la introducción— con matices y diferencias considerables.


La Casa Amarilla, estudio y morada compartida en Arles, es el hilo conductor de esta relación epistolar. La primera sección del libro recoge el proyecto de asociación artística de Van Gogh y está conformada por las misivas anteriores al traslado de Gauguin al Midi, “donde se puede trabajar al aire libre casi todo el año”. Una selección de cartas dirigidas a Theo —marchante y hermano del holandés que sufragó los gastos de la estancia—, en las que se narra la convivencia y la práctica pictórica, integran el segundo capítulo. El último reúne las epístolas enviadas tras la decisión de Gauguin de abandonar la Provenza en diciembre de 1888.

En estas cartas los pintores escriben sobre arte. La correspondencia nos introduce en la intimidad del proceso estético. Se trata de una ventana que ofrece pasar de los resultados a los orígenes de la creatividad. Por este motivo, las misivas del pintor holandés fueron temprano objeto de estudio. El mundo digital y el exhaustivo trabajo de investigación del Van Gogh Museum y el Huygens ING permiten que, desde 2009, las personas interesadas tengan a su disposición —en una base de datos de libre acceso— su ingente correspondencia con transcripciones originales, traducciones al inglés anotadas, reproducciones facsimilares, descripciones técnicas y obras de arte a las que se hacen referencia. Sin embargo, la correspondencia conservada entre Van Gogh y Gauguin permanecía inédita en castellano. La micro ha recopilado y ordenado para su colección Escritos de artista este intercambio, traducido del francés por Guido Sender, que nos introduce en descripciones paisajísticas y reflexiones coloristas. Ambos artistas se sirven del medio postal para dar noticia de sus vidas y de sus prácticas pictóricas.

El lector que abra el sobre, formato material de este libro, se emocionará con la convicción y la esperanza que Van Gogh tiene en su arte. También con la arrolladora libertad creativa de Gauguin. En cualquier caso, las reflexiones sobre el género epistolar no deben reducirse al estudio de los textos, ya que todos los signos inscritos en una carta pueden conllevar un sentido. El aspecto físico de estos documentos, la mise en page —conformada por elementos como la caligrafía, la ortografía, la puntuación, la paginación, los espacios, los materiales empleados o la estructura— merecen atención, pues pueden ofrecer datos que revelan la relación de los creadores con el medio y su intención hacia el destinatario —propietario final— del objeto. Y es que estas cartas son también obras de arte.

En un gran número de ocasiones, tanto Gauguin como Van Gogh introducen dibujos y bosquejos, elementos paratextuales que sirven de explicación gráfica a la descripción de sus piezas pictóricas. Con estas ilustraciones los artistas inciden en sus obras. El lector-espectador podrá, por ejemplo, conocer el motivo que impulsa a Vincent a realizar La habitación (1888) a la vez que contempla las líneas compositivas que el autor destaca en los trazos de su carta o la importancia que Paul concede al color en su obra Cristo en el huerto de los olivos (1889). En este sentido, la reproducción de los documentos ilustrados y de las obras mencionadas en cada una de las cartas es un acierto que nos sumerge en el universo estético de los dos pintores.

En definitiva, Cartas, 1888-1890 se convierte en una tesela que ilumina las prácticas creativas de dos artistas universales. Dibujos, letras, miradas y objetos con los que se demuestra que la pintura fue un trabajo personal a la vez que compartido, ya que —como sentenció Van Gogh en una carta de mayo de 1888— “aislados siempre perdemos”.

*Irene García Chacón es investigadora del CCHS-CSIC. Su último libro es 'Cartas animadas con dibujos: la complicidad estética de las vanguardias en España' (Visor, 2014).



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2 Comentarios
  • Skylax Skylax 17/03/16 23:11

    Apasionante.

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  • Rollon Rollon 26/02/16 13:47

    Excelente, un artículo que invita a conocer la creación del arte en el intercambio de dos grandes creadores. La frase final "aislados siempre perdemos" es una sentencia firme y sin posibilidad de recurso. Enhorabuena

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