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El cuento de todos

Noche y día

  •  Aquel día, el sol salió y se ocultó allí donde estaba previsto que lo hiciese. Y ahí se quedó, inmóvil, dejando medio planeta bajo la luz y otro medio a oscuras
  • Benjamín Prado inicia un nuevo relato colectivo que continuarán Elvira Sastre y otros dos escritores y que será publicado en tintaLibre

Publicada el 26/02/2016 a las 06:00
El escritor Benjamín Prado.

El escritor Benjamín Prado.

(Comienza Benjamín Prado)

El 19 de marzo del año 2016 el sol salió en donde debía y se ocultó allí donde estaba previsto que lo hiciese, exactamente igual que había sucedido desde que el mundo es mundo cada amanecer y cada tarde sobre la Tierra. Y ahí se quedó, inmóvil, estancado, fijo como la mirada de un depredador sobre su presa, dejando medio planeta bajo la luz y otro medio a oscuras. Los calendarios se detuvieron, los relojes ya no tenían nada que medir, el parte meteorológico desapareció de los programas de televisión, nadie volvió a abrir las puertas de sus armarios porque en los lugares en los que vivían después del invierno no vino la primavera ni el verano tuvo fin. La mayor parte de las cosechas se perdieron. Muchas fábricas de ropa, instalación de calefacciones o aires acondicionados y otros muchos productos de temporada se vieron obligadas a cerrar. Algunas ciudades se llenaron de personas que disfrutaban de un verano eterno y en otras la nieve se acumulaba en las plazas y las cunetas de las carreteras. El agua empezó a escasear en unos sitios mientras en otros se desbordaban los ríos. Los viajes a las zonas cálidas se encarecieron hasta transformarse en un lujo sólo al alcance de los más afortunados y pronto hubo que establecer fronteras, desplegar ejércitos, levantar vallas y muros hechos de alambre de espino que contuviesen a los que intentaban pasar al otro lado. No tuvo que transcurrir demasiado tiempo para que los mapas se partiesen en dos, sin más matices, en una mitad habitaban los poderosos, que eran el diez por ciento de la población, y en la otra todos los demás. La guerra era inevitable.

El hombre del que vamos a hablar en este relato se alegró de que aquel Día del Padre la suerte estuviera de su lado por una vez y al producirse el cataclismo a él le tocara quedar para siempre en la mitad en sombras. Mientras contemplaba aquel cielo sumido en unas tinieblas sin regreso, volvió a acariciar la foto que llevaba en su cartera y se preguntó quiénes serían las tres personas de aquel retrato.

(Continuará Elvira Sastre en el próximo número de Los diablos azules)

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1 Comentarios
  • Rollon Rollon 26/02/16 13:44

    Wow, genial, pero menudo marrón para Elvira

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