Los diablos azules

Memorial de Ayotzinapa

El enigma de los 43 estudiantes de magisterio mexicanos

Mario Bojórquez

La poesía es un vehículo que transita entre la realidad esquiva y la concreta imaginación de un mundo más justo y más pleno. Escribir poesía para denotar la velocidad y el vértigo de los acontecimientos cotidianos es, quizá, el mejor ejercicio de análisis de una sociedad inoculada por el crimen y sustentada en su propia historia, la que grabada en la piel es anterior al discurso de sí misma. Quetzalcóatl y su Nahual bajan al inframundo a buscar los huesos preciosos que servirán para que los hombres vivan de nuevo, pero el Señor y la Señora de los infiernos no quieren que se los lleven, les ponen pruebas imposibles y trampas para que desistan en su intento hasta que mueren al caer en un fosa; resucita Quetzalcóatl y le pregunta a su Nahual: “Creo que he muerto, ¿ahora qué haremos?”. El Nahual responde: “Pues como todo ha salido mal, que resulte como sea”. La realidad de la poesía atraviesa tanto el mito encarnado como la fantasmal “verdad histórica” del fiscal de la Nación, verdad o mentira pronunciada con la cansina prosa que consta en autos, donde lo que había de verdadero se ha contaminado por la excesiva realidad de un crimen de Estado.

Escuchar durante tantos años, día tras día, que han aparecido decenas, cientos, miles de cuerpos sin identificar en fosas, baldíos, cunetas y puentes, encobijados, mutilados, solitarios o en grupo, con mensajes crípticos entre las mafias o con denuncias y amenazas al Gobierno puede degradar el sentimiento de sorpresa que genera la noticia de un crimen recién revelado cuando no se conoce la identidad de la víctima. Pero algo de insoportable dureza ocurre cuando los cuerpos de identificadas personas han desaparecido en un mismo acto donde la policía es el ejecutor principal. Es la policía mexicana un primer anillo de seguridad en torno de la delincuencia a quien le da lo mismo pagar la lealtad de un sicario que la de un agente del Gobierno: el negocio al que se dedican es tan lucrativo que alcanza para pagar a uno y a otro. La nómina que eventualmente debe ser abonada incluye jefes de policía, jueces, diputados, magistrados, gobernadores y secretarios de Estado. En la degradación del sistema de valores republicanos o democráticos, todos se igualan en la corrupción. La política se convierte en un modelo de franquicias donde el que más ofrece, mejor financiamiento recibe en sus campañas.

El Estado mexicano persigue, detiene, hostiga, asesina y desaparece a un grupo de estudiantes a través de sus corporaciones policiacas en los tres niveles de Gobierno: municipal, estatal y federal con la aparente omisión y permisión del ejército nacional. Los móviles posibles del crimen son diversos, y van desde que la esposa del presidente municipal, y próxima candidata ella misma al puesto que su esposo deja, se siente amenazada por un posible boicot a un acto proselitista; hasta, también, que un quinto autobús secuestrado por los estudiantes, convenientemente desaparecido de las investigaciones oficiales, cargado con dinero o droga, es recuperado por policías y delincuentes con la orden superior del jefe extralegal de plaza. El Estado ejerce el monopolio de la violencia; el Narco-Estado ejerce el monopolio de la violencia electoral y económica; el Narco-Estado-Legítimo ejerce sus “guerras floridas” contra sus tributantes, necesita “flores del corazón para Huitzilopochtli”, víctimas propiciatorias para el aceitado engranaje del crimen; el Narco-Estado-Legítimo-Legal y Ampliado, ha dispuesto todo lo necesario para que su pueblo sea desdichado y viva sometido a los caprichos del gran capital.

Los dioses han hecho penitencia, se han pinchado con agujas de maguey hasta sangrarse abundantemente, Quetzalcóatl mismo se ha rajado el miembro, con las gotas de su sangre fertilizará los huesos preciosos que han sido molidos en un barreño, de esos huesos volverán los hombres a vivir sobre la tierra, por eso serán llamados “macehuales”, porque por los dioses, por su penitencia, los han regresado con vida a la tierra. Un grupo de expertos extranjeros convocados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha refutado la llamada “verdad histórica” que la Fiscalía se ha empeñado en sostener: “no fueron cremados en el basurero de Cocula”, “no participaron en una disputa entre bandas rivales”, “no parece que estén muertos, parece más bien que siguen ocultos en algún cuartel del ejército”. 

Escribir con la convicción de que la poesía es un diálogo entre personas diversas en su pensamiento, escribir junto con ellas estas temerarias palabras, participar de sus sentimientos al respecto de la biografía de cada uno de los estudiantes y sus familias, intentar un modelo según el cual el año trece de un ciclo es también una forma de renovación de la historia propia, escribir sabiendo con claridad que todo esto que aquí se menciona de algún modo habrá de ser interpretado por mentes más veloces y acuciosas, saber que la poesía hace mucho ha dejado de ser un discurso sólo consumible por los propios poetas, que la poesía es, cada vez más, un espacio de resistencia y un recurso de discusión de la realidad y un dispositivo de la imaginación creadora de mundos más justos, más plenos. Escribir sabiendo que es siempre más importante trascender el drama personal de vivir una vida ajustada al cuerpo para vivir la vida de los otros semejantes como una vida propia. Escribir desde una poesía que interviene sobre los estamentos de la realidad circundante, que interroga y que confronta esa realidad revelada a medias, que alumbra sus opacidades, que restaña sus heridas con el azufre y el yodo de sus sonoridades, que vuelve luz lo que se ocultaba detrás de las palabras engañosas. Escribir para dejar memoria de lo vivido.

*Mario Bojórquez es poeta mexicano, autor de Mario BojórquezMemorial de Ayotzinapa (Visor, 2016).

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