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Los diablos azules

Para contar la vida

  • El periodismo y la literatura tienen como herramienta las palabras y exigen por igual el compromiso de nunca traicionarlas
  • Este trabajo me ha concedido grandes privilegios: escuchar las historias de la gente, seguirlas cuando llegan a esta ciudad inmensa o a la hora en que se van.
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Cristina Pacheco
Publicada el 29/07/2016 a las 06:00
Ejerzo el periodismo escrito desde 1964, primero bajo el seudónimo de Juan Ángel Real y después con mi nombre. En 1975 me inicié en el género televisivo —que sigo practicando— y años después en el radiofónico. Desde el principio me incliné por la crónica, el reportaje y sobre todo la entrevista: un viaje fascinante, sin aduanas ni fronteras, hacia otras formas de entender el mundo.

El trabajo periodístico me ha concedido grandes privilegios: escuchar las historias de la gente, conocer sus espacios domésticos y de trabajo, acercarme a su manera de organizarse y de sobrevivir, acompañarlas en la celebración y en el duelo, seguirlas cuando llegan a esta ciudad inmensa o a la hora en que se van.

Mi enfoque se dirige a las personas que caminan al nivel de la calle, individuos anónimos que no aparecen en las páginas de sociales, luchan, sueñan, no aspiran a medallas ni pedestales; su presente tiene un futuro incierto, a veces limitado, hacia el que van guiados por la rosa de los vientos que se llama esperanza.

La actividad periodística que me enseñó la disciplina y un inmenso mural de escenarios, ha ido en paralelo con la de escritora. Durante toda mi vida me he dedicado a inventar historias a partir de lo que veo, escucho, recuerdo o sueño. Vivo para eso y de eso, como cualquier narrador de pueblo que se detiene en la plaza pública en espera de que alguien escuche sus relatos.

No soy teórica. Por experiencia sé que este oficio y la literatura tienen una intención, una velocidad y un espacio distintos; el primero exige apego a los hechos y la segunda brinda la libertad de ordenarlos, reinventarlos y sumarlos a la realidad en donde nunca habían estado. Por encima de esas diferencias, las dos actividades se prestan elementos, tienen como herramienta las palabras y exigen por igual el compromiso de nunca traicionarlas. Aprendí la lección escuchado las voces de la calle: la mejor narradora de historias.

*Cristina Pacheco es una referencia imprescindible del periodismo mexicano. Ha pasado por diarios como El Sol de México o La Jornada, y trabaja desde los setenta en el Canal Once de televisión. 

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