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‘Figuraciones y sospechas’, de Pedro Roso

  • Esta publicación ofrece un abanico de pensamientos que derribarán las certezas del lector para hacerle habitar en el territorio pantanoso de la duda
  • Roso lucha por devolver a la palabra una función de esclarecimiento y verdad sin tener que recurrir a las consabidas mayúsculas

José Luis Rey
Publicada el 09/09/2016 a las 06:00
Portada del libro.

Portada del libro.

Figuraciones y sospechas
Pedro Roso
La Isla de Siltolá
Sevilla
2016


i+d+i Cinfa
La editorial sevillana La Isla de Siltolá ha publicado este año el libro de aforismos y reflexiones de Pedro Roso titulado Figuraciones y sospechas. Pedro Roso no es solo el maestro de toda una generación de poetas cordobeses y una figura clave para entender la cultura en Córdoba a finales del siglo XX y principios del XXI. En este libro se muestra también como un pensador audaz e inquisitivo. Desde el breve aforismo a la reflexión casi poética, Figuraciones y sospechas ofrece un abanico de pensamientos que derribarán las certezas del lector para hacerle habitar en el territorio pantanoso de la duda, conduciéndole de la mano hacia cuestiones esenciales como el lenguaje o la misma vida. Quien se aventure en este libro encontrará relámpagos y sombras, adivinaciones y profecías, todo ello en una prosa que no descarta la sorpresa ni la intuición necesarias para poner en cuestión lo que creíamos incuestionable.

Sobre la labor misma de la escritura hay aforismos y sentencias de valor indudable, como la siguiente: "En ese juego de sombras que es el diálogo con el silencio, se escribe bien para acallar familiares fantasmas, bien con la escondida intención (tan unamuniana) de responder a la muerte con una larga torera". Intención unamuniana de concebir la escritura como medio de resistencia ante el olvido. Mucho de pensamiento literario y también vital hallaremos en este libro. Hay escepticismo antes las grandes palabras que consagrara el Romanticismo y se abre un resquicio a la duda en su presencia: "En un primer momento se imponen desde su distante arrogancia: Vida, Dios, Naturaleza, Libertad... Son algo más, mucho más que palabras: inquietantes y sinuosos laberintos donde se pierden (ahora sí) todas, todas, todas las palabras".

Roso lucha por no perder todas las palabras, por devolverles una función de esclarecimiento y verdad sin tener que recurrir a las consabidas mayúsculas. Su labor es humilde y grande a la vez, pues intenta acceder a la verdad sobre la vida y la literatura desde el conocimiento que proporciona la palabra cotidiana. ¿Autonomía del arte? También la pone en cuestión: "– LA autonomía del arte... ¡Qué extraña aspiración! Cuando el arte es sólo arte y la literatura sólo literatura, ¿qué queda? – El mercado". Pero el don de la creación nos salva de algún modo, y también condena a quien lo ansía (léase críticos, muy críticos, con la labor ajena que no pueden poseerlo) sin resultados: "TIENE que ser jodido, verdaderamente jodido, estar convencido de que lo más alto es tener talento artístico, que nada hay más eminente que la creación artística, y ser incapaz de crear, quedarse en mero historiador o comentarista...¿Qué ocurre en ese momento, en el momento en que se impone esa evidencia: la incapacidad de crear? ¿Cómo se justifica, después, la crítica acerada, la agria descalificación, el descrédito de un autor o de una obra? ¿Cuál de los rostros posibles es el que entonces se refleja en el espejo? ¿Qué sintió el día en que comprendió que él nunca, nunca podría componer de ese modo, que sólo le quedaba una opción: seguir ahí, al acecho, dando vueltas y vueltas alrededor de un deseo inasible, inalcanzable...?" 

Muchos lugares comunes son revisitados en este libro y observados desde una nueva perspectiva. El lector que quiere adentrarse en una nueva mirada sobre el amor, el tiempo, la vida o la literatura, debe leer este libro. Y agradecerá que aún queden autores distintos, capaces de figurar el universo y, a la vez, ponerlo bajo sospecha.

*José Luis Rey es poeta.


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