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Los diablos azules

Rosa Montero: “Siempre ha habido mujeres mayores con amantes jóvenes, el sexismo lo ha hecho clandestino”

  • Después de sus viajes literarios por tiempos y mundos distantes, la escritora sitúa esta novela sobre "la tiranía del deseo" en el Madrid de 2016
  • Pilar Reyes, su editora en Alfaguara, le pregunta sobre este cambio de registro y sus fijaciones temáticas, que no varían: el miedo ante la vejez y la muerte

Pilar Reyes Publicada 23/09/2016 a las 06:00 Actualizada 23/09/2016 a las 11:44    
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La escritora Rosa Montero.

La escritora Rosa Montero.

EP
Uno de los momentos más emocionantes para un editor es leer un manuscrito en el que su autor está en total dominio de su oficio, disfrutando de cada instante de escritura. Esa sensación tuve cuando leí La carne de Rosa Montero. Una novela que, como su protagonista, no da tregua. Estamos ante una escritura muy personal, ácida y conmovedora a la vez, capaz de situarnos ante los grandes temas —el amor, la locura, la vejez— a través de las peripecias y los trances de una mujer tan de carne y hueso que olvidamos que está construida con palabras. Es, sin embargo, un libro atípico en la obra de su autora y quisiera empezar la entrevista por ahí.

Pregunta. ¿Cómo surgió esta novela? ¿Hubo alguna idea matriz, algún acicate o disparador de toda esta historia?

Respuesta. Hubo la conjunción de un deseo y de una anécdota. Yo no soy muy amante de la literatura autobiográfica y por lo general he escrito novelas sobre realidades en principio muy distantes a la mía: mis protagonistas son una cantante de boleros semianalfabeta, un taxista recién viudo, una sierva de la gleba que se traviste de guerrero en el siglo XII, una androide de combate del siglo XXII.... Sin embargo, llevaba siete u ocho años sintiendo crecer en mi interior el deseo de regresar narrativamente a un mundo cercano al mío, de escribir una novela que sucediera ahora, en Madrid, con personajes de mi edad, más o menos intelectuales y relacionados con el mundo artístico, porque tenía y tengo la convicción de que ya soy lo suficientemente madura en mi literatura como para poder hablar de mi mundo sin hablar de mí, es decir, sin que mi vida empequeñeciera la novela. Y en esas estaba, con ese remusguillo, cuando hará unos tres años un amigo, Berrocal, me contó lo que le había sucedido a una conocida suya, que había contratado a un gigolo para que la acompañara a una cena multitudinaria con el fin de darle celos a un examante. Y ahí saltó la chispa.

P. Si algo llama poderosamente la atención es la naturalidad y la valentía con la que tratas dos temas espinosos: el sexo de pago en la variante cliente mujer y la marcada diferencia de edad en una pareja cuando la persona mucho más joven es el hombre. ¿Cómo encaraste este doble desafío?

R. La verdad es que tú no escoges las novelas que haces, sino que ellas te escogen a ti, de alguna manera te las encuentras, y también te encuentras a los personajes. Quiero decir que yo no me propuse intelectualmente hablar del sexo de pago en la variante mujer ni de las mujeres mayores con chicos jóvenes, ambas cosas salieron con toda naturalidad. En cuanto a lo primero, mi personaje, Soledad, contrata al gigolo solo como acompañante, no desea acostarse con él, pero un suceso violento e inesperado lo desbarata todo y entonces empiezan una relación quizá peligrosa que desde luego ella en principio no quería. O sea, que digamos que lo del sexo nos lo trajeron las casualidades de la vida [ríe]. En cuanto a la diferencia de edad entre ellos, también es algo muy natural. Siempre ha habido mujeres mayores con amantes jóvenes, recordemos a George Sand, o a la mismísima reina Victoria de Inglaterra, pese a su puritanismo; es algo muy habitual, repito, sólo que el sexismo dominante ha hecho que se tratara de una realidad clandestina, oculta. Hoy esa realidad empieza a emerger, pero aún sigue siendo objeto del machismo y la mayoría continúan ocultándolo, porque los amantes jóvenes temen que los tachen de oportunistas o de anormales, cosa que desde luego no sucede cuando el mayor es el hombre (salvo en casos de decrepitud evidente, y ni aun así). Pero bueno, lo que quiero decir es que para mí es algo muy normal que salió naturalmente dentro de la novela.

La carne
P. ¿Por qué crees que estos dos temas espinosos han sido tan poco tratados en la narrativa española?

R. Primero porque ha habido muchas menos mujeres escritoras que hombres hasta recientemente, y después porque las mismas mujeres también tenemos prejuicios. Recordemos que se nos educa en el machismo a todos, a hombres y a mujeres. O sea, respondiendo a tu pregunta: por una cuestión de sexismo. Aunque por fortuna la realidad se va normalizando.

P. El amor es uno de tus temas recurrentes o uno de tus motivos narrativos de cabecera, pero aquí le das una nueva vuelta de tuerca. Te atreves a ir mucho más allá y a plantear cuestiones incómodas o difíciles para cualquier lector. ¿Cómo consideras a esta novela en el conjunto de tu obra? ¿Qué lugar dirías que ocupa?

R. Tengo la sensación de que desde hace un par de libros estoy en mi plenitud literaria. No tengo ni idea de adónde he llegado, tal vez no muy lejos, pero es un lugar fértil para mí. La ridícula idea de no volver a verte, El peso del corazón y La carne los he escrito bailando con las palabras, con una fluidez y una libertad antes no alcanzadas. Y, en concreto, La carne ha estallado en mis dedos, mi corazón y mi cabeza como una supernova. Más que haber escrito la novela, tengo la sensación de haber sido escrita por ella (de hecho aparezco como personaje). Es un libro más grande que yo.

P. La pasión carnal es el núcleo central de la trama. Pero la mirada del narrador en tercera persona no es nada inocente. Repasa las dos caras de la tiranía del deseo, la tiranía del sexo: tanto lo que tiene de gozo y libertad, como lo que tiene de peligro. ¿Coincides en esto con el narrador de tu novela?

R. Totalmente. Dentro de la enorme libertad con la que he redactado La carne se inscribe ese narrador cínico, burlón, que increpa alguna vez al lector y aparece y desaparece rompiendo normas. Yo soy menos cínica que él y creo que el amor no desemboca siempre en el daño, pero no cabe duda de que el peligro existe, porque el amor-pasión es un invento y el deseo carnal es un abismo que nos puede conducir a la parte más oscura y más herida de nosotros.

P. Leo un pasaje: “A cierta edad, plantearse hacer el amor con alguien exigía una planificación y una intendencia tan rigurosas como la campaña de África del general Montgomery”. ¿Qué función cumplen el humor y la ironía en esta novela? Porque son dos ingredientes deliciosos que abundan en todo el libro y eso no es casual. ¿Por qué?

R. Me encanta el humor, creo que es una vía de conocimiento y de expresión de la realidad maravillosa porque nos libra de la estupidez de la propia importancia. Uso mucho el humor tanto en mi vida real como en mi narrativa, y en concreto en esta novela es esencial, porque La carne habla de cosas tremendas, de cosas duras y hasta trágicas, pero lo hace con el correctivo, con el consuelo del humor. En cuanto a la ironía, es que la vida es irónica, es decir, contradictorias y paradójica. La vida es un gran chiste, aunque sea a menudo un chiste negro.

P. ¿Qué hay de Rosa Montero en esta voz narrativa tan irónica como aguda?

R. Está mi visión del mundo, claro, solo que llevada hasta el extremo. Solemos usar las novelas para explorar nuestros extremos del ser.

P. Pero además de humor en esta historia también hay mucha rabia y miedo a envejecer. Rabia y miedo de la protagonista Soledad Alegre. ¿Narrar este miedo y esta impotencia también es fue una forma exorcizarlos? ¿Aquí hubo alguna forma de catarsis?

R. Todos mis libros hablan del miedo a la muerte y al paso del tiempo. Mi narrativa es especialmente existencial. El horror a la vejez (como antesala de la muerte) está desde mi primera novela, La crónica del desamor, que publiqué con 28 años. Así que si escribir de estos temas es una catarsis, se ve que me ha servido de muy poco [ríe]. No creo en el efecto catártico de las novelas. Creo, eso sí, en el efecto estructurante. Sin novelas no podría vivir, son como un esqueleto exógeno que me permite sostenerme en pie. Si no hubiera estado echando palabras en el pozo del miedo a la muerte desde hace años, no sé cómo me las habría arreglado para soportar la existencia. Pero hay que estar alimentando constantemente esa hoguera. Es la guerra, más madera.

P. Sin revelar demasiado, el final de la novela es abierto, pero en cualquier caso está muy lejos de cualquier happy end al uso. Es más, se diría que deja un sabor agridulce. ¿Esto fue buscado adrede? ¿Por qué?

R. Yo creo que Soledad, mi protagonista, termina la novela en bastante mejor situación de la que estaba al comienzo. Hay un instante de redención y de liberación, y su futuro tiene bastante más luz que su pasado. Pero por supuesto que no es un final feliz de cuento de hadas, porque sería irreal. En la vida siempre hay incertidumbre, siempre hay inquietud. No obstante, me parece que es un final consolador y esperanzador.

P. La última es una pregunta obligada. ¿En qué estás trabajando ahora? ¿Qué será lo próximo de Rosa Montero?

R. Pues estoy desarrollando ya mi tercera novela de Bruna Husky, la detective androide de Madrid en el año 2109. Y hablando de finales, se me ha ocurrido uno para esta nueva novela de Bruna que me tiene entusiasmada. Estoy deseando escribir el libro para poder llegar a ese final.

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20 Comentarios
  • estebita estebita 25/09/16 15:46

    no entro en lo que dice la chica esta que escribe novelas, deje de leer sus libros hace muchos años pue establecia una correlacion entre fisico y alma y asi habia un botones canijo que era un miserable y una intelectual guapa que era guay y etc, deje de leer sus columnitas periodistas del Pais (donde si no) sobre las relaciones hombre mujer y las diferencias de edad decir que cada uno se corre como puede

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  • usuariaocasional usuariaocasional 24/09/16 13:14

    Que a estas alturas de la historia expliqueis a los seres humanos sólo por la biología, tiene tela!! qué reducionismo. Y al sexo por la reproducción!! qué ceguera! tan lejos de la diversidad, de la realidad!

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    • Sancho Sancho 24/09/16 18:40

      ...Expliquen, usuariaocasional, no generalice, no todo el mundo lo ve así.

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  • Sancho Sancho 23/09/16 17:55

     La autora no se esconde ni oculta el hecho evidente de la vejez y sus "amenazas", pero va mucho más allá, porque es evidente que somos más que una evolución biológica, como las relaciones hombre-mujer, y se sumamos esa característica de las diferencias de edad entre hombre mayor que mujer, mujer mayor que hombre...La diversidad y las diferencias y el por qué no podemos hacer un mero análisis Darwinista se pone de relieve con más claridad.

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    • jorgeplaza jorgeplaza 23/09/16 23:38

      Ya. ¿Conoce usted alguna pareja de mujer joven con hombre viejo en que el hombre cobre la pensión mínima de la seguridad social? ¿A que no? Todas esas parejas lo son de mujer joven (y guapa o, al menos, llamativa) con hombre rico o muy rico: Trump, Murdoch, Ecclestone, Briatore, algún rey de un país cercano que no quiero nombrar, etc, etc. La razón es la que ya he dicho: un macho poderoso no es necesariamente joven y fuerte, aunque lo ideal es el dinero del viejo y los genes del joven... si una acepta el riesgo. Todo muy alejado de la lógica biológica, claro.

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      • Sancho Sancho 24/09/16 18:38

        No sé en qué mundo vive o se mueve Ud. Pero desde donde yo lo veo y donde yo me muevo no es ni mucho menos como dice. Por eso le digo que se equivoca de medio a medio. Porque además trata el asunto de la pasión desde una perspectiva en la que nunca ni me he fijado ni me ha interesado; habla de machos, hembras, pasta, fertilidad, fuerte, débil...Lo siento, hablamos desde ópticas diametralmente opuestas; ni las mujeres ni los hombres con los que me muevo y convivo han tenido ni tienen en cuenta esas..."cuestiones" que son tan absolutas e iguales para Ud. 

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        • jorgeplaza jorgeplaza 24/09/16 21:51

          O sea, que usted sí conoce a varias parejas de mujer joven- hombre viejo en que él cobra la pensión mínima de la seguridad social. Bueno, la pensión mínima y lo que le pagan en el circo por exhibir un caso tan extraordinario. Venga ya...

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          • Sancho Sancho 25/09/16 00:43

            En el parque temático de la prehistoria en el que trabaja Ud. de extra será así, fuera existen otras realidades; hay vida más allá de lo que Ud. cree percibir como la vida toda.

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            • jorgeplaza jorgeplaza 25/09/16 08:17

              Ya.

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          • Sancho Sancho 25/09/16 00:38

            No, el que habla de pensiones y cosas así, es Usted, jorgeplaza, hablo de parejas normales y corrientes con su pensión cada cual que tienen una relación, la que sea, sin que predomine ninguna otra concepción de dominio por la juventud o la pasta...Parejas que llevan muchos años juntos, mujer más mayor que el hombre y al contrario, con diversas situaciones, en algunos casos con escasos recursos en unos y otros casos...

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  • Merm Merm 23/09/16 15:55

    Completamente de acuerdo, Rosa, es el mismo tipo de machismo que critica a una mujer por ser madre a los 60, que si es muy mayor, que si no va a poder hacerse cargo del niño y luego acepta tranquilamente que un hombre sea padre a los 70. Son maneras de querer controlar a la mujer y que no se salga de las pautas convencionales. 

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  • jorgeplaza jorgeplaza 23/09/16 06:35

    Es curioso que los escritores en particular y la mayoría de la gente de letras (sociólogos, periodistas) parezcan ignorar la teoría que es la base de toda la biología moderna: el darwinismo o evolucionismo. El sexo de una pareja con gran diferencia de edad es asimétrico: un viejo con una joven puede ser una pareja fértil y por eso el cso se ve con cierta benevolencia aunque todo el mundo sepa que la joven no tiene ningún interés en el viejo que no sea el económico (esos viejos que "enamoran" a jovencitas da la casualidad de que siempre son ricos). Pero el de una vieja con un joven es estéril por definición y por eso, no por machismo ni historias culturales que nada tienen que ver, se critica y se ridiculiza. La naturaleza es asimétrica: las mujeres tienen hijos y los hombres no; los hombres son fértiles bastantes años más que las mujeres. De manera instintiva repudiamos todo cuanto no conduzca a la reproducción, incluso en una situación en que sobramos humanos por todas partes. Eso es así porque cualquier comportamiento que aumente la probabilidad de reproducirse y sea heredable tiende a expandirse en la población mientras que los que la disminuyen tienden a autoextinguirse: eso es básicamente el evolucionismo. El joven que se folla a una vieja (por dinero en casi el 100% de los casos) está desperdiciando, en sentido biológico, su semen. La joven que se folla a un viejo rico, iguamente por interés, puede estar asegurando la reproducción de sus genes mejor que la que busque una pareja de su misma edad. Por esa razón, exclusivamente biológica, se juzgan de manera distinta los dos casos de parejas de edad muy distinta. Es así, ha sido así y seguirá siendo así, al menos mientras en la especie predominen los comportamientos que mejoren las probabilidades de reproducción de quienes los tengan. Y cuando no predominen, ese grupo humano se extinguirá: así de sencillo es el darwinismo.

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    • AML AML 23/09/16 20:48

      Una explicación fría y científica, aunque me parece percibir un agujero en su disertación: Las hembras tienden a aparearse con los machos alfa, es decir, con aquellos que, por sus características físicas muestran que sus espermatozoides son fuertes y generarán una descendencia sana. Me parece que eso no cuadra mucho con los espermatozoides del vejete de la tarjeta black, así que algo falla en la "elección natural" de esa jovencita deseosa de repoblar el mundo. 

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      • jorgeplaza jorgeplaza 23/09/16 23:11

        Las hembras tratan de asegurar su descendencia, que está limitada como máximo a una cría al año durante 30 años, más o menos. El seguro consiste en protección y alimentación para ella y sus crías y, en términos biológicos, puede resumirse en un macho poderoso. Pero un macho poderoso no es necesariamente joven y fuerte: vale también uno viejo pero rico. El desiderátum, claro, es conseguir la protección del viejo (máxima seguridad) y tener las crías con el joven (óptimo biológico) pero sin que el viejo se entere: desiderátum y la realidad en bastantes casos. Ese es el peligro que siempre corren los machos: invertir en crías que creen que son suyas pero no lo son. Por eso los hombres son más celosos que las mujeres y los viejos ricos que se compran hembras jóvenes más todavía. Pero mantengo la explicación: la pareja vieja-hombre joven siempre será más criticada que la de viejo-mujer joven porque la segunda puede ser fértil y la primera no. Eso vale para cualquier cultura y cualquier época. Las culturas no son más que un barniz fino sobre las exigencias mucho más profundas de la biología.

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    • Bellum Bellum 23/09/16 17:31

      La explicación basada en la biología y el instinto tiene su gracia. Sin contradecirla, sin embargo, se queda muy corta. Empezando porque se explica desde la óptica solo de la parte joven y con un carácter meramente "eficiencista" . Rosa habla de sentimientos, y de pasión, imagino que de la parte vieja de la pareja, su protagonista. La explicación biológica no recoge del todo el diferente tratamiento social dependiendo de la posición que ocupa el hombre o la mujer, porque si es cierto que el hecho de que los hombres sean fértiles más tiempo les posiciona en una mayor aceptación en el prejuicio de la diferencia de edad con respecto a las mujeres, en el caso de ellas lleva al extremo de que su esterilidad las deshecha no solo para la maternidad sino tb para el sexo, cuando al hombre eso no se le discute. El deseo sexual, la pasión es una cualidad del ser humano...relativizarlo exclusivamente a vehículo de la funcion reproductora es reducir mucho. Hay mucho de misoginia, represión sexual y religión (tanto para hombres y mujeres)...en la explicación de esa visión machista. Las viejas aunque no puedan tener hijos sienten deseo como los viejos..pero si se les nota están peor vistas que ellos...aunque tb es verdad que cada vez menos, afortunadamente. Un@ es muy libre de follar con quien quiera, se tenga la edad, color, género, etc que se tenga, siempre que sea libre y consentido. Recuerdo la escena de una película en la que una Charo López bellísima y madura tenía sexo con un joven Bardem, y no era un argumento económico el que les movía. Bien es verdad que Charo no ha envejecido nunca. Perturbadora escena...ya se lo digo.

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      • jorgeplaza jorgeplaza 23/09/16 23:29

        Los argumentos evolucionistas son aplicables a poblaciones, no a casos individuales. De todas formas, es raro y hasta patológico que una persona joven se sienta sexualmente atraída por una persona anciana. (Al revés, no, claro. La razón es muy fácil: el joven es fértil; el viejo, no o mucho menos). Los cuerpos de los viejos (yo soy viejo) son repugnantes. Es así en todas las culturas: las carnes fláccidas, las mandíbulas desdentadas, la piel arrugada, el cuerpo encorvado --todos ellos signos de vejez y preludio de la muerte-- son universalmente repulsivos. Por eso las viejas actuales (y algunos viejos, como Camilo Sesto) tratan de recauchutarse con cirugía estética. Si los viejos fuéramos atractivos, muchos cirujanos plásticos se tendrían que hacer camareros. Volviendo al principio: en cualquier grupo humano que perdure, el sexo entre viejos es motivo de chufla... o de conmiseración. El sexo entre parejas de edad muy distinta tampoco se toma muy en serio, pero entre un viejo y una joven puede cumplir la finalidad biológica del sexo y por eso se disculpa. Lo demás, con perdón, son gaitas. ¿No se sabe la copla?: "las solteras son de oro; las casadas son de plata; las viuditas son de cobre; y las viejas, de hojalata." A Rosa Montero, que es más o menos de mi edad, y a mí y a todos los viejos nos molesta serlo, pero eso a Mamá Natura le da lo mismo: cuando un comportamiento que favorece la reproducción es heredable, su frecuencia en la población aumenta; cuando perjudica la reproducción, tiende a desaparecer. Si la preferencia sexual hombre joven-mujer vieja fuera muy común en una sociedad, mal le iría a la descendencia de esa sociedad... salvo que el joven le pusiera a la vieja los cuernos con mujeres jóvenes. Que, por cierto, es exactamente lo que ocurre en la cruel realidad.

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        • Bellum Bellum 24/09/16 00:29

          Yo no soy y joven y no me considero repugnante, para echar un buen polvo no hay que escribir una tesis. Todo no lo explica la biología, a lo mejor la química sí, y no le voy a negar que se dé lo que Ud, describe, pero tb hay cabida para otras circunstancias no exclusivamente crematísticas.

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          • jorgeplaza jorgeplaza 24/09/16 21:54

            ¿Cómo de "no joven"? En todo caso, lo que usted se considere o se deje de considerar es irrelevante: lo que importa es lo que le parezca usted a los demás. Vuelvo a lo mismo: si los rasgos de vejez fueran atractivos, los cirujanos plásticos se ganarían la vida de camareros. ¿Por qué se empeñan en negar lo obvio? La respuesta es también obvia: porque les desagrada. No me parece, como usted podrá figurarse, una razón en absoluto admisible.

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    • Cuco Cuco 23/09/16 12:52

      Por mucho que pueda parecer injusto, la naturaleza no tiene entre sus principios el de la justicia (que es un invento humano); es más, no tiene principios y no puede tachársele de machista o feminista, es lo que es. Y aún más: es más difícil ser gigoló que gigolá, fundamentalmente por motivos de estimulación e imposibilidad de fingimiento, en el primer supuesto, del que se dan casos de una increíble heroicidad. Soy lo menos machista que puede ser un hombre, incluso me tengo por feminista en lo posible, también, pero la biología es así: estoy con jorgeplaza y estimo a Rosa Montero

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      • Sancho Sancho 23/09/16 17:36

        O sea, que ahora resulta que no somos ni más ni menos que perros, gatos, conejos, leones....y lo demás es tontería...¡Viva la evolución! (Dicho con todos los respetos. Es que precisamente son los hechos diferenciales, la cultura, el pensamiento, el sentir, razonar...Que nada tiene que ver con el Darwinismo, salvo las obviedades biológicas.

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