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Los libros

‘Los Románov’, de Simon Sebag Montefiore

  • Por las páginas del ensayo desfilan desde Catalina la Grande al intrigante Rasputín en una sucesión de personajes que explican la expansión del Imperio ruso
  • El autor ha elegido un enfoque histórico que está más centrado en historias individuales de la Corte que en la sociedad rusa como un sujeto colectivo

Publicada 14/10/2016 a las 06:00 Actualizada 13/10/2016 a las 20:46    
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'Los Romanov', de Simon Sebag Montefiore

'Los Románov', de Simon Sebag Montefiore

Los Románov (1613-1918)
Simon Sebag Montefiore

Crítica
Barcelona

2016

Los Románov
Simon Sebag Montefiore (Londres, 1965) sigue una larga y fructífera tradición de historiadores británicos que saben conjugar el rigor con la divulgación y la riqueza literaria con las técnicas del reportaje periodístico. De hecho, algunos de los más famosos hispanistas de Inglaterra, como Geoffrey Parker o Paul Preston por citar dos ejemplos famosos, han alcanzado un prestigio académico que no resulta incompatible, ni mucho menos, con la popularidad de sus libros. Así pues, investigar como un meticuloso académico y narrar como un ameno reportero parece ser la fórmula de éxito de los historiadores británicos. Sebag Montefiore, un especialista en la historia de Rusia formado en la Universidad de Cambridge, aplica sin lugar a dudas esta receta en sus ensayos que han sido premiados con reconocidos galardones como ocurrió con La corte del zar rojo (Crítica, 2004) o Llamadme Stalin (Crítica, 2007).


Los Románov representa un libro monumental que ya se ha convertido en una referencia sobre la dinastía que gobernó el Imperio ruso con mano de hierro durante tres siglos, entre 1613 y 1918, cuando los devastadores efectos de la Primera Guerra Mundial precipitaron la revolución bolchevique y el derrocamiento del zar Alejandro II. Cerca de un millar de páginas, producto de muchos años de investigación; un estilo muy ágil y didáctico; varios álbumes de ilustraciones y fotos; y una bibliografía y unas notas amplísimas al final del volumen; definen el libro de Sebag Montefiore como una obra imprescindible para analizar el pasado y también para comprender el presente de una de las grandes potencias mundiales. La documentación manejada por el historiador de Cambridge llega a ser tan exhaustiva que el lector puede imaginar, casi contemplar, la vida de aquellos zares autocráticos y despóticos hasta en sus más mínimos detalles cotidianos.

Por las páginas de Los Románov desfilan desde la mítica Catalina la Grande hasta el intrigante Rasputín en una sucesión de personajes que van explicando la expansión del Imperio ruso al rebufo de una dinastía absolutista, rodeada de fastuosas cortes y apoyada en una oficialidad aristocrática al mando. Al fondo, un campesinado oprimido y sojuzgado, un pueblo analfabeto y pobre, alienados por una Iglesia ortodoxa que va prestando a lo largo de tres siglos la coartada religiosa a los Románov. El autor se detiene con frecuencia en trazar los perfiles psicológicos tanto de los zares como de sus familias y allegados en un enfoque que, en ocasiones, deviene pesado y prolijo y que obliga al lector a consultar de modo constante los repartos de personajes que Simon Sebag Montefiore introduce al principio de cada capítulo. Así pues, las enfermedades, vicios, amoríos, desmanes y rarezas de la Corte rusa aparecen descritas con una minuciosidad a veces excesiva y poco relevante para los propósitos de una historia de fondo. De algún modo, significa un tributo a un público generalista que pueda interesarse por el libro.

Tal vez en esta faceta radique la debilidad de una obra en cualquier caso extraordinaria. Pero sin caer en una estrecha visión marxista de la historia, podría decirse que Los Románov recoge una infinidad de anécdotas individuales, de batallas concretas, de intrigas palaciegas, pero no refleja con suficiente nitidez ni profundidad la sociedad rusa de las distintas épocas, una sociedad que iba mucho más allá de la Corte y que se extendía desde Europa central hasta el océano Pacífico en sus periodos de mayor dominio. Así pues, las condiciones económicas y sociales del pueblo ruso, su cultura y cotidianidad, apenas quedan apuntadas en este ensayo histórico con trazo grueso o como un simple contrapunto de la política que se diseña desde los palacios imperiales. No obstante, da la impresión de que el autor ha elegido deliberadamente este enfoque de una historia más centrada en unos personajes individuales que, por muy decisivos que fueran, acaban respondiendo a los avatares colectivos y a la geopolítica de cada momento.

A pesar de ello, Los Románov se convierte en un libro necesario para cualquier lector español que desee adentrarse en la turbulenta y poco conocida historia de la Rusia de los últimos siglos. Por otra parte, este ensayo ofrece también las claves para entender la evolución posterior del país tanto en las décadas del comunismo de la Unión Soviética (1917-1991) como en la democracia autoritaria de la actualidad con un Vladímir Putin que aspira a emular sin ningún empacho a los antiguos zares. De hecho, un libro magnífico como la biografía novelada de Límonov (Anagrama) podría leerse como la continuación de esta antología de los Románov. Por si cabía alguna duda del determinante peso de la historia en un inmenso país como Rusia y de la pervivencia de sus regímenes autoritarios, opresores e imperialistas, Simon Sebag Montefiore cierra su libro con una cita de Vladímir Putin. “Los criminales más grandes de nuestra historia”, afirma el actual presidente ruso, “fueron esos peleles que tiraron el poder al suelo, Nicolás II y Mijaíl Gorbachov, que permitieron que quienes lo recogieran fueran una pandilla de histéricos y de locos”. Una visión muy peculiar de la historia de Rusia que explica toda una filosofía de uno de los políticos más poderosos del mundo.

*Miguel Ángel Villena es periodista de infoLibre y editor de tintaLibre

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