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Los libros

‘¿Quién le hacía la cena a Adam Smith?’, de Katrine Marçal

  • El padre de la ciencia económica se olvidó de toda la esfera de los cuidados a la hora de construir su teoría
  • La autora defiende que las mujeres han trabajado siempre, lo que ocurre es que en las últimas décadas han cambiado de trabajo

Nuria Varela Publicada 21/10/2016 a las 06:00 Actualizada 20/10/2016 a las 19:38    
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'��Quien le hacia la cena a Adam Smith?', de Katrine Mar��al.

'¿Quién le hacía la cena a Adam Smith?', de Katrine Marçal.

¿Quién le hacía la cena a Adam Smith? Una historia de las mujeres y la economía
Katrine Marçal

Debate
Barcelona

2016

Katrine Marçal
"Dicen que Ginger Rogers era capaz de hacer lo mismo que Fred Astaire, con la particularidad de que lo hacía hacia atrás y con tacones altos". Es una de las metáforas del libro de Marçal que acaba de ser publicado en castellano. Un libro atractivo, desde el título hasta las notas a pie de página. Un libro que tiene la particularidad, tan difícil de conseguir, de que puede leerse (y disfrutarse) indistintamente por alguien que quiera comenzar el estudio de la economía feminista, por una persona experta en la materia o por cualquier persona curiosa que quiera tener una mirada fresca sobre la actualidad y el mundo que nos rodea.


Marçal nos presenta al hombre económico, un clásico en la economía feminista, con todos los detalles posibles, desde su nacimiento hasta su madurez y, como si no hubiesen pasado los años por él, nos asegura que "ha tomado las riendas". Tras la crisis de 2008, el homo economicus, no se ha ido, todo lo contrario, se ha hecho fuerte, ha ganado autoridad y poder y amenaza con cerrar todas las salidas a la crisis de los cuidados que las sociedades actuales tienen encima y a la que no consiguen dar solución.

La autora, periodista sueca afincada en Londres desde donde trabaja como jefa de opinión de Aftonbladet, periódico relevante donde escribe sobre política, economía y feminismo, se remonta al comienzo de las teorías de Adam Smith y las va rebatiendo, una a una, con inteligencia e ironía. Así, explica que mientras Smith teorizaba sobre "la riqueza de las naciones" y convencía a la sociedad del momento de que el libre mercado era la mejor manera de crear una economía eficaz; mientras aseguraba que "la mano invisible" que mueve el mercado es el interés propio e introducía ideas revolucionarias y radicales acerca de la libertad y la autonomía; mientras escribía "No de la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero, sino de sus miras al interés propio, es de quien esperamos y debemos esperar nuestro alimento", Smith, estaba pasando por alto un "pequeño detalle": las mujeres. Es decir, el padre de la ciencia económica construyó sus teorías, no solo con ceguera de género, sino contando un relato absolutamente falso sobre la realidad que vivía todos los días.

Detalla Marçal que Smith nunca se casó, que vivió la mayor parte de su vida con su madre que era quien se encargaba de la casa y que incluso le siguió cuando él tuvo un traslado de residencia por motivos laborales. La madre de Smith, que se llamaba Margaret Douglas, dedicó toda su vida a cuidar de su hijo independientemente de donde él se estableciera. Es decir, Smith se olvidó de que si tenía la cena todos los días en la mesa era gracias al trabajo de su madre. Smith, se olvidó de toda la esfera de los cuidados a la hora de construir su teoría económica.

Ese pequeño olvido ha supuesto la exclusión del cuidado del área económica, un trabajo que Smith mantuvo invisible y que continúa sin ser ni valorado ni remunerado y que sin embargo, es lo que hace posible que el mundo funcione.

Marçal destaca tres ideas fundamentales en su libro. La primera, que las mujeres han trabajado siempre, lo que ocurre es que en las últimas décadas han cambiado de trabajo. Han pasado de trabajar en el hogar a ocupar puestos en el mercado laboral, comenzando a recibir una remuneración por su esfuerzo. Esto supone un cambio social y económico enorme: la mitad de la población ha trasladado el grueso de su actividad de la esfera doméstica al mercado. Hemos saltado de un sistema económico a otro sin darnos realmente cuenta del salto.

En segundo lugar, la autora destaca que si queremos conseguir una vida sostenible, tenemos que acabar con el hombre económico, ese personaje ficticio, descrito por la economía como un ser humano que, como si en realidad fuera una seta, surge de la tierra sin necesidad de nadie, sin cuidar a nadie ni ser cuidado. Para conseguir una vida sostenible debemos urgentemente cambiar de paradigma y tener en cuenta que el ser humano nace de una mujer, necesita cuidados y atención durante los primeros años de su vida y después, a lo largo de toda su existencia, tiene necesidades básicas (higiene, alimentación...) que ha de satisfacer y para las que tiene que emplear tiempo, energías y conocimiento. Y por si todo esto fuese poco, a lo largo de toda la vida, las enfermedades, los accidentes, las distintas limitaciones propias de la existencia en cualquier persona hacen que realmente, el ser humano tenga necesidades de cuidar y ser cuidado desde que nace hasta que fallece.

Por último, la tercera idea relevante que plantea Marçal es lo que ella misma denomina "el secreto mejor guardado del feminismo", a saber: "Lo relevante que un enfoque feminista resulta a la hora de buscar una solución a nuestros principales problemas económicos convencionales. El enfoque feminista afecta a todos los aspectos, desde el problema de la desigualdad al del crecimiento de la población, desde el debate acerca de las prestaciones sociales a la cuestión medioambiental y a la escasez de cuidadoras a la que pronto habrán de enfrentarse nuestras envejecidas sociedades". En una sola frase, el feminismo, como solución a los problemas más graves que enfrenta nuestra sociedad. Saber quién le hacía la cena a Adam Smith es un conocimiento imprescindible para acabar con la desigualdad.

*Nuria Varela es periodista y escritora. Su último libro, La voz ignorada. Ana Orantes y el fin de la impunidad (Endebate, 2012). 

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