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Los libros

‘Jane, el zorro & yo’, de Fanny Britt

  • Las autoras equilibran sabiamente texto y dibujo para contarnos la peripecia de una niña sometida a la presión cotidiana por parte de sus compañeros
  • Resulta imposible sustraerse al impacto visual de las páginas en las que las autoras nos trasladan al mundo interior de la protagonista

Toño Benavides
Publicada el 28/10/2016 a las 06:00 Actualizada el 27/10/2016 a las 19:27
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'Jane, el zorro & yo', de Fanny Britt.

'Jane, el zorro & yo', de Fanny Britt.

Jane, el zorro & yo
Fanny Britt

Ilustraciones de Isabelle Arsenault
Salamandra

Barcelona
2016

i+d+i Cinfa
En las librerías hay una durísima competencia por el espacio de los expositores, pero el libro ilustrado y el cómic cuentan con una clara ventaja sobre todos los demás. En un primer momento y a vista de pájaro lector, las imágenes se imponen sobre cualquier otra consideración y nos ofrecen una clave para esa necesaria opinión de urgencia con que decidimos si merece la pena llevárnoslo a casa o no. Puede parecer un criterio poco exigente pero, en el cómic, la calidad del dibujo y el acierto de la estructura narrativa que se apoya en la imagen, resultan esenciales para conseguir un producto convincente. No es suficiente un buen texto. Si falla la puesta en escena, importa poco el alcance del relato o el pedigrí de su autor. Será una historia mal contada, es decir, una mala historia.

En Jane, el zorro & yo percibimos una buena historia desde el principio. Isabelle Arsenault y Fanny Britt equilibran sabiamente ambos discursos para contarnos la peripecia de una niña sometida a la presión cotidiana por parte de sus compañeros, desde el punto de vista de la víctima y las pequeñas estrategias de que se vale para superar ese trance. Un libro oportuno en un momento en que los informativos parecen más dispuestos que nunca a divulgar este tipo de comportamientos en las aulas con un nombre propio tan joven como “acoso escolar”.

La indefensión es algo que se induce. El agresor la imparte por insistencia y sus víctimas la aprenden por cansancio; tal como se aprende que el valor de pi no depende de la relación de la circunferencia con su diámetro, sino de la autoridad del profesor de matemáticas. Nos enseñan a respetar la opinión de la mayoría y a deducir el alcance de nuestro valor personal a través de la imagen que otros arrojan de nosotros. La mayoría tiene la razón de su parte por una simple cuestión de número y así lo asumimos por mucho que, desde las páginas de un libro que todos deberíamos haber leído, el poeta israelí Yehuda Amijai nos advierta: "Donde tenemos razón, no crecen las flores". Si te encuentras pintadas en los espejos del baño que aluden a tu sobrepeso, a tu olor corporal o a tu incapacidad para hacer amigas, quedan pocas flores con las que pintar de optimismo esos pasillos de instituto que huelen a “leche cortada” o ese invierno que “se eterniza como un invitado grosero”. Con enunciados como estos, que validan el texto por sí solo, avanza la historia en la que seguimos a Hélène, la protagonista, entre su casa y el instituto.

A través de los tonos grises con los que Isabelle Arsenault despliega ante nuestros ojos el fondo psicológico de la protagonista, asistimos a la evolución de una adolescente que sabe guarecerse en la lectura como único refugio contra el entorno hostil de las relaciones con sus compañeros y que monta su pequeño cuartel de resistencia, en busca de la empatía, desde las páginas de Charlotte Brontë con el personaje de Jane Eyre como apoyo y referente.

Si el ritmo se hace ágil en una historia que, sólo en apariencia, parece no contarnos nada especial, resulta imposible sustraerse al impacto visual de las páginas en las que las autoras nos trasladan al mundo interior de Hélène o al vértigo en la deformación de la realidad que emerge de su naufragio emocional pintado en blanco y negro. El color aparece discretamente para diferenciar ciertos momentos del relato y establecer un paralelismo con la otra historia, la de Jane Eyre, pero adquiere verdadero valor narrativo hacia el final del libro, cuando se filtra mágicamente desde la ficción de Brontë a la vida real y nuestra protagonista comienza a ver las cosas de otra manera.

El dibujo y la ilustración se revelan aquí como una poderosa herramienta para captar y comunicarnos esos matices, que constituyen el verdadero motor y fundamento de la historia y que, quizá de otro modo, pasarían inadvertidos. Es, en casos como éste, donde las imágenes sustituyen con éxito a millones de palabras y la poesía, esa esquiva dimensión de la existencia, sólo se deja capturar a punta de lápiz.

*Toño Benavides es ilustrador y poeta. Su último libro es Gran Sur (Reino de Cordelia, 2014).

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1 Comentarios
  • Rollon Rollon 28/10/16 09:39

    Gracias por un artículo tan maravilloso

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