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Los libros

‘Diario de Argónida’, de José Manuel Caballero Bonald

  • El autor establece en esta obra, que cumple casi 20 años, un territorio ficticio y real al mismo tiempo en Argónida/Doñana, que solo posee cabida en la literatura
  • El poemario presenta con breves pinceladas el aparato teórico desde el que se ha escrito este libro, la indistinción entre "verdad y veracidad"

Publicada 11/11/2016 a las 06:00 Actualizada 13/12/2016 a las 08:27    
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Diario de Argónida
José Manuel Caballero Bonald

Tusquets
Barcelona

1997
 
i+d+i Cinfa
Aparecido hace casi veinte años, Diario de Argónida es uno de los libros más importantes de José Manuel Caballero Bonald. En el "diario" prima su carácter fragmentario y de apunte, su aspecto de proyección del escritor en la escritura, su cuidado constante y lo que eso conlleva de desvelo. A la luz de este diario, podríamos extraer algunas ideas.

El autor establece un territorio ficticio y real al mismo tiempo en Argónida/Doñana, que solo posee cabida en la literatura y que es fruto de la creación y de la imaginación, mezclando esos territorios sin establecer compartimentos estancos entre ambos: con el término "diario" se reafirma la idea de que la literatura y la poesía posibilitan este juego al fin y al cabo. El poemario es sin duda de una maestría incalculable, pues nos presenta con breves pinceladas y de una manera lo más sencilla posible el aparato teórico desde el que se ha escrito este libro, esto es desde la asunción explícita de la indistinción entre "verdad y veracidad" (Williams) en literatura, donde todo es veracidad y donde la verdad no importa, donde da igual que el apunte responda a algo vivido, inventado o provenga, por ejemplo, de un cuaderno con más de treinta años: lo importante es que funcione en el texto, que encaje en el patrón del diario. Y el poema que reproducimos al final se titula "Verdad poética" (1997: 19-20; 2011: 461) para ilustrar esto precisamente, la idea de verdad literaria, la veracidad o verosimilitud aristotélica.

El modelo diarístico posee en la literatura un amplio seguimiento como patrón creativo de ficción, a modo de cuaderno de trabajo respecto a las tesis juanramonianas de la obra en marcha, obra que se concibe y reforma a diario y que se va reescribiendo, reestructurándose constantemente. Es evidente una intencionalidad de creación y ficción en Caballero Bonald por debajo de cualquier apariencia autobiográfica, y al presentarnos este cuaderno como un "diario", se refuerza esa idea de creación respondiendo así a esos fines y a ese mundo de elaboración retórica, mezcla entre los planos real e imaginado. El autor coloca al final del poemario una nota para que nos sirva como remate de lo leído, arrastrándonos hacia su espacio de ficción desde el punto de vista conceptual, enlazando desde la pragmática con ese certero interlocutor que nos habla sin rodeos.

Ya sabemos que Juan Ramón Jiménez —del que ahora se cumplen 100 años de su Diario de un poeta recién casado— es en la literatura española el primer gran referente que mezcla la autobiografía del diario con la ficción, llámese creación o imaginación. Pero no nos olvidemos de la elaboración posterior que cualquier escritura posee al darse a la publicación. El diario (da igual si es considerado como género o subgénero), hipotéticamente debe ser sólo autobiográfico, puesto que se refiere a los sucesos que le ocurren a un sujeto determinado cada día. Si se opta por ser más imaginativo o por contar una historia ficticia, podría elegirse el término "novela" para definir tal obra, y ahí ya realizar las variantes necesarias para que parezca que es un yo, un personaje con su yo, el que cuenta una historia, la de su vida (Lejeune). Pero en la literatura española, como decimos, el referente ineludible es el brillante Diario de un poeta recién casado de Juan Ramón Jiménez. Caballero Bonald siempre ha reconocido la huella que imprimió la obra del Nobel de 1956 desde sus lecturas juveniles y de madurez, y aquí se aprecia sin duda.

La multiplicidad del sujeto genera diferentes yoes o, dicho de otro modo, un yo poliédrico. Así, la intersubjetividad o transindividualidad definen a este sujeto puesto que separan del tradicional estatismo o rigidez términos como subjetividad o individualidad, compartimentos estancos y asépticos. Además, no existen compartimentos estancos más allá de las gélidas y estrictas teorías, racionales, abstractas, y el sujeto no se puede encerrar ya ahí. El sujeto genera diferentes yoes que van cambiando, fluyendo de modo proteico, yoes inestables a su vez que evolucionan con el devenir de sus circunstancias. Esta lección del barroco ha quedado sedimentada y permanece en la poesía madura de nuestro autor. Yoes opuestos, contrapuestos, antitéticos, que se relacionan dialógicamente, pero que tienen el estigma de ser irreconciliables, de no poder congeniarse nunca, de mantener un diálogo inconcluso que nunca llegará a acuerdo.

Por otro lado hay que centrarse en lo que aparentemente nos dice el poeta, la cronología de los poemas. Pero no tenemos por qué seguir con fidelidad los comentarios del poeta: vamos a tomar sus palabras con mucha precaución, pues las lagunas de la memoria a veces deslizan imprecisiones, como una suerte de borrado de huellas que, más que despistar, es un estímulo interpretativo. Nos referimos —respecto a la cronología de los textos de este diario, e incluso a su orden de presentación—, a que los poemas de verdad estén así dispuestos, tal y como fueron escritos. La prueba de que nos encontramos una vez más ante un artificio literario sencillo, pero efectivo, es que la edición de la obra poética completa de 2011 (y las anteriores de 2004 y 2007) presenta un orden diverso al de la primera edición de 1997, manteniendo la nota en la que se dice que aparecen dispuestos en orden cronológico de escritura. Con la "Nota de autor" el jerezano concluye Diario de Argónida:

Los poemas aparecen ordenados, salvo en alguna ocasional coyuntura operativa, de acuerdo con la cronología de su escritura. El primero data de febrero de 1995 y el último de mayo de 1997. Es muy probable que, debido a la índole fragmentaria —y, en cierto modo, acumulativa— del libro, se haya deslizado alguna que otra reiteración. Sobre todo en lo que se refiere al aprovechamiento de los estímulos lingüísticos que me fueron animando a entenderme, después de un muy prolongado alejamiento de la poesía, con estos textos. (1997: 156; cf. 2011: 532)

No vamos a incurrir en la ingenuidad de creernos a pie juntillas todo lo que dice el autor sobre su obra, pues el género o subgénero "diario" es, más que un acta notarial, una elaboración literaria de las temáticas de lo cotidiano, teniendo en cuenta los modos de concebir la obra del propio autor, porque al fin y al cabo sólo eso importa para el conjunto final. Lo que interesa, y eso sí que importa, es que el autor, al haber presentado el conjunto como diario, haya querido además reforzar la idea de este género o subgénero con estas anotaciones sobre los poemas que presenta, advirtiéndonos de su cronología y de que están ordenados según ésta. Y hay que subrayarlo: para una obra de ficción, sin embargo, lo importante no será que los poemas que reproduce un diario efectivamente hayan sido escritos en ese lapso de tiempo, sino que lo parezca, que se reproduzcan como si así hubieran sido escritos. Volvemos a la idea de veracidad, decisiva en literatura, frente a la verdad. Un poema habla de Argónida, describe unos pájaros que sobrevuelan las marismas, se recrea en unas dunas y a lo mejor ha sido escrito en Madrid o en un viaje en tren, mirando otro paisaje diferente. Sin embargo, al lector le interesa que el yo que habla en el poema de esos pájaros parezca que está ahí enfrente del Coto de Doñana, contemplándolos y reflexionando sobre ellos. Para terminar, dejamos aquí el poema que citamos al inicio.

Verdad poética

Adolescente de livianos lazos,
lienzo de luna, pétalo impoluto
que cruza el arenal, cruza el exiguo
lindero de los acebuches,
llega al vidrioso estanque,
                                             y allí precisamente,
cuando se inclina para verse a solas,
hace su aparición el asesino.

Sangre junto al tupido seto
de arizónicas, sangre
por los rezumaderos de los caños
y en la huraña ruina
del fortín y en la playa acosada
de pájaros y larvas y alacranes.

¿De quién la transitoria furia,
                                                     qué se hicieron
aquellos vengadores? ¿Soy yo acaso
el que oyó las aladas palabras de Tiresias?

—El asesino que buscas eres tú.

Empieza a ser verdad mientras lo escribo.
 
(Caballero Bonald 1997: 19-20; 2011: 461)
 

Bibliografía citada

CABALLERO BONALD, José Manuel (1997). Diario de Argónida, Barcelona: Tusquets, col. Nuevos Textos Sagrados.
—, (2011). Somos el tiempo que nos queda. Obra poética completa 1952-2009, Barcelona: Seix Barral, col. Austral.

*Juan Carlos Abril es poeta y profesor de Literatura. 

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