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El rincón de los lectores

Una revista para cada época literaria

  • Las revistas literarias han sido esenciales para obtener una visión realista del panorama creativo de cada momento histórico
  • Campo de Agramante nació en verano de 2001 con el nombre de una obra emblemática de Caballero Bonald, cuyo empeño y dedicación ha sido vital para el proyecto

Jesús Fernández Palacios
Publicada el 11/11/2016 a las 06:00 Actualizada el 10/11/2016 a las 13:43
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La revista Campo de Agramante

Portada del número 22 de la revista.

Las revistas literarias han ocupado desde principios del siglo XX, coincidiendo con la denominada Edad de Plata de la historia literaria española, un lugar de privilegio en los mejores años de dicho periodo. Sin algunas de estas publicaciones resultaría imposible escribir la historia literaria de buena parte del siglo XX hasta la Guerra Civil, tras cuyo dramático paréntesis, sirvieron muchas veces de enlace entre los escritores del exilio exterior e interior.

Recordemos, en el largo periodo que va desde 1919 a 1975, una serie de nombres emblemáticos que han quedado grabados en los anales de nuestra literatura. En las primeras vanguardias (1919-1925): Grecia, Ultra y Horizonte. Entre 1926 y 1936: Revista de Occidente, Mediodía, Litoral, Carmen, Verso y Prosa, Gallo, Héroe, Isla y Caballo verde para la poesía. En los tres años de la guerra: Ardor, El mono azul y Hora de España. En la inmediata posguerra: Corcel, Espadaña, Escorial, Garcilaso, Postismo y La cerbatana. De 1947 a 1959: Cuadernos Hispanoamericanos, La Isla de los ratones, Alcaraván, El pájaro de paja, Laye, Platero, La Calandria, Revista española, Acento, Ínsula y Cántico. Y en los últimos años de la dictadura (1960- 1975): La caña gris, Tragaluz, Trece de nieve, Peña Labra, Antorcha de paja, La Estafeta Literaria y La ilustración poética española e iberoamericana, algunas efímeras y otras que perduraron a pesar de las dificultades.

A partir de 1975, tras la muerte del dictador y la restauración democrática, rara fue la comunidad autónoma y hasta la provincia española que no tuvo su propia revista literaria. Para bien y también para mal, porque no todas fueron buenas y muchas de ellas no trascendieron del ámbito local. Algunas de esas revistas aún sobreviven a pesar de esta crisis económica que tantas cosas se está llevando por delante. Citemos en el largo periodo democrático algunas tan llamativas como la recuperada Litoral, Poesía, Renacimiento, Fin de Siglo, Cuadernos del Norte, Quimera, Barcarola, RevistAtlántica de Poesía, Olvidos de Granada, Turia, Paraíso, El maquinista de la Generación y Caleta; hasta llegar a Campo de Agramante que, según corresponde, se siente responsablemente heredera de esa magnífica tradición de revistas españolas.

Más allá de ditirambos al estilo Guillermo de Torre, que dijo que “en el principio fue la Revista”, o de descalificaciones al estilo Cernuda, que afirmó con su característico talante que “las revistas no son sino reductos de polizontes literarios” (y eso que tanto La caña gris como Cántico le dedicaron sendos números históricos); más allá de ambas posiciones tan radicales, las revistas literarias -hay que decirlo bien alto- resultan indispensables para obtener una visión realista del panorama creativo tal como éste va surgiendo y perfilándose en cada época, antes de que las instancias culturales (crítica, editoriales, premios e historiografía literaria) vayan acotando el campo con vistas a la determinación de cánones más o menos objetivos y perdurables.


Oficinas de Cinfa

Artículo dedicado a Ana María Matute en la revista Campo de Agramante

Junto a esto, también debo rememorar unas acertadas e inquietantes palabras de dos reconocidos críticos españoles en la revista Quimera: Fernando Valls, que la dirigió con éxito durante años, y Domingo Ródenas, autor junto a Jordi Gracia de una monumental Historia de la Literatura Española (1939-2010). Ambos reconocieron que “el revés de la historia literaria son las revistas. Y también son su cuneta, su campo de pruebas y su derrumbadero. A ellas van a parar los primeros tanteos y en ellas quedan fosilizados los fogonazos deslumbrantes y los traspiés ruidosos, las corrientes estéticas y las disidencias inmemorables, y en ellas se amontonan los nombres de quienes habían de prosperar y de aquellos que se tragó el olvido”.

En cuanto a Campo de Agramante, resulta necesario recordar que nació en el verano de 2001 con la frescura evocadora de una emblemática novela que enriquece la prestigiosa bibliografía del escritor José Manuel Caballero Bonald, quien por legítimas razones es titular de la Fundación que lleva su nombre y que, desde Jerez de la Frontera, alienta y patrocina la publicación de esta revista. Una Fundación que durante todos estos años se ha situado entre las primeras del país por su buen funcionamiento y, sobre todo, por su atractiva y continuada programación, a través de sus congresos anuales y periódicas actividades públicas, que han logrado reunir, junto a las nuevas voces, los nombres más destacados de la literatura española con un claro propósito: profundizar en el estudio y divulgación de la denominada “literatura del medio siglo”. A este ámbito generacional pertenece el propio Caballero Bonald junto a otros escritores tan prestigiosos como José Ángel Valente, Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, Ángel González, Francisco Brines, Claudio Rodríguez, Pablo García Baena, Antonio Gamoneda, Juan García Hortelano, Ángel Crespo, Ana María Matute, José Corredor-Matheos, Juan Eduardo Cirlot y Carlos E. de Ory, entre otros, a los que ya hemos dedicado jugosas páginas e incluso algunos monográficos. Junto a este propósito, también es primordial para la Fundación y para la revista ofrecer a los escritores de cualquier generación una adecuada tribuna donde debatir sus ideas, presentar sus libros, leer sus poemas y relatos, así como publicar sus inéditos.

Campo de Agramante cumple desde hace 16 años con otro de los objetivos fundamentales de la Fundación: disponer de un órgano de expresión y comunicación escrita en el que se atienden con equilibrio los distintos géneros literarios y todos los temas relacionados con la literatura, como pueden ser las artes plásticas, la música o el cine. En los 25 números publicados hasta el momento, con más de 4.000 páginas cuidadosamente diseñadas, se encuentran recogidos lúcidos ensayos, artículos y entrevistas, epistolarios recuperados de escritores indispensables, obras poéticas y narrativas inéditas, fragmentos de diarios, numerosas reseñas críticas y un variado muestrario de ilustraciones de reconocidos pintores. Esto no hubiera sido posible sin el empeño del propio Caballero Bonald quien, al cumplir jubilosamente sus primeros 90 años de vida, sigue apoyando a la revista y, aún mejor, publicando magníficos textos en todos sus monográficos, como, por ejemplo, en el último dedicado a su amigo Blas de Otero en el centenario de su nacimiento. “La poesía de Blas de Otero supone un hecho lingüístico que alcanza su máxima relevancia en los apasionantes meandros estéticos de ese gran río de iluminaciones que es Hojas de Madrid con La galerna. El poeta alcanza aquí una maestría verbal incontestable, inconfundible. Va ampliando el campo de sus búsquedas –“abriendo surcos nuevos, no escuchados”, diría evocando quizá a Rimbaud- y posibilita en todo momento esa síntesis de religiosidad, épica combativa, fusión de espacios exteriores e interiores, fervor militante, ética existencial y sensibilidad extrema que hacen de su poesía un episodio de emocionante singularidad en los anales de nuestra literatura", reconoce el escritor en el texto. Unas briosas palabras que muestran la vitalidad creativa que aún conserva Caballero Bonald.


*Jesús Fernández Palacios es poeta y director de 'Campo de Agramante'.

*Puede consultar y descargar la revista 'Campo de Agramante' haciendo clic aquí.


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