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Los diablos azules

La edad de las palabras

  • "Meter a un poeta en la Academia es como meter un árbol en el Ministerio de Agricultura", dejó escrito Juan Ramón Jiménez 
  • Algunos árboles, nada de acuerdo con el aforismo, hablan aquí de su experiencia como "Inmortales"

Javier Vela Publicada 16/12/2016 a las 06:00 Actualizada 15/12/2016 a las 16:53    
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Sede de la Real Academia Española.

Sede de la Real Academia Española.

RAE
"Meter a un poeta en la Academia es como meter un árbol en el Ministerio de Agricultura", dejó escrito Juan Ramón Jiménez en uno de sus más célebres y mordaces aforismos. No en vano, el poeta de Moguer fue el único Premio Nobel de Literatura que declinara la invitación de ingreso en la Real Academia Española. Sin embargo, y desde su fundación a comienzos del siglo XVIII, han sido legión los escritores que, en su condición de cultivadores del lenguaje, han entrado a formar parte de esta institución dedicada, según leemos en sus estatutos, a velar porque los cambios que experimente la lengua española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico.

Pero la RAE no sólo está integrada por filólogos y escritores. Sus miembros encarnan los perfiles más diversos de la sociedad, y abarcan la práctica totalidad de las áreas del conocimiento. Ingenieros, filósofos, científicos, juristas, médicos, historiadores, periodistas y una larga lista de expertos en su ámbito de estudio se dan cita cada jueves en la sede que la Academia tiene desde 1894 en la calle Felipe IV del madrileño barrio de Los Jerónimos. Allí, el pleno formado por los académicos asistentes presenta enmiendas y adiciones al Diccionario. Acto seguido, se examinan las propuestas formuladas por las diversas comisiones de trabajo a las que los académicos han sido asignados. De manera complementaria, además, la Real Academia Española mantiene estrechas filiaciones con las academias nacionales de los restantes veintiún países hispanohablantes, bajo el marco de la Asociación de Academias de la Lengua Española. Este órgano de colaboración y trabajo conjunto, galardonado en el año 2000 con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, promueve una política lingüística panhispánica desde la consideración de que los ciudadanos de habla española comparten una patria común, su lengua, y un mismo patrimonio, su literatura.

Los miembros de la Academia son elegidos de por vida por el resto de los académicos y se les conoce como "Inmortales" (quizá por influencia de la Academia francesa, donde los académicos son designados con el mismo apelativo). Cada académico tiene un sillón asignado a su persona y distinguido con una letra del alfabeto, que puede ser mayúscula o minúscula. Aquí hablan tres de ellos:

Luis Mateo Díez (I). La invención del pasado

Elegido académico en el año 2000, Luis Mateo Díez (Villablino, León, 1942) leyó su discurso de ingreso en mayo de 2001. Premio Nacional de Literatura y de la Crítica por La fuente de la edad (1986) y Premio Nacional de Narrativa por La ruina del cielo (2000), es uno de los narradores contemporáneos más destacados del panorama literario español. A lo largo de su ya extensa obra, el autor leonés ha vuelto incansablemente la vista hacia sus raíces en un intento de reconstruir su propia memoria por medio de la ficción. "La creación de universos imaginarios", señala a este respecto, "supone una aportación fundamental a la lengua a través de lo que llamaríamos la 'palabra narrativa". "Escribo para contar", afirma. "Uso las palabras para contar la vida, para construir con ellas esa otra realidad de lo imaginario." En cuanto a sus tareas como académico, Luis Mateo Díez dice asumir las funciones de un novelista, de un creador: "Participo en las comisiones donde fundamentalmente se repasa el Diccionario, y se estudian las definiciones y acepciones de las palabras. También", añade, "las nuevas incorporaciones. El creador, no lo podemos olvidar, es una suerte de francotirador de la lengua y, como tal, suele tener un peculiar instinto verbal y sintáctico. Tal vez en manos de los creadores está el posible límite de expresividad y libertad de una lengua, y su enriquecimiento". Entre sus palabras predilectas, figuran "melancolía", "imaginación" y "oralidad".

Inés Fernández-Ordóñez (P). Mujeres académicas

En 1784, María Isidra de Guzmán y de la Cerda, primera mujer doctora por la Universidad de Alcalá, fue admitida en la institución como académica honoraria, pero, aunque pronunció su discurso de agradecimiento, no volvió a comparecer más. Fue probablemente la primera mujer académica del mundo, y no volvió a haber otra hasta la elección como académica de número de Carmen Conde en 1978. Más tarde entrarían a formar parte de la institución las escritoras Elena Quiroga (1983), Ana María Matute (1998), Soledad Puértolas (2010) y Carme Riera (2013), la historiadora Carmen Iglesias (2002), la científica Margarita Salas (2003) o la hispanista Aurora Egido (2014).

La filóloga y catedrática de Lengua Española Inés Fernández-Ordóñez (Madrid, 1961), quien fue elegida académica en diciembre de 2008 y que ocupa el asiento P mayúscula (que el fallecimiento del poeta asturiano Ángel González había dejado vacante), opina que la Academia debe reflejar proporcionalmente la realidad de la sociedad española. "El porcentaje de académicas no responde a la realidad", afirma, "pero también creo que se trata de un problema de relevo generacional. No hay muchas mujeres menores de sesenta años que hayan llegado a ser catedráticas, o que hayan destacado como investigadoras o profesoras universitarias y, si se tiene en cuenta que el ingreso en la Academia tiene lugar habitualmente tras haber culminado una carrera en el ámbito académico o cultural, la nómina entre la que elegir se reduce sensiblemente".

Fernández-Ordóñez dirige el Corpus Oral y Sonoro del Español Rural (COSER), que consta de novecientas horas de grabaciones de la lengua hablada obtenidas en más de setecientos enclaves rurales de la Península Ibérica, de las que existe una nutrida muestra en la Red (www.uam.es/coser). Su candidatura había sido propuesta y avalada por José Antonio Pascual, Margarita Salas y Álvaro Pombo, en base al grado de excelencia de sus estudios sobre Dialectología actual e histórica del idioma español, así como por sus publicaciones sobre el leísmo, laísmo y loísmo, una de las áreas por las que es más conocida. Al igual que José María Merino (ambos fueron elegidos en 2008), tuvo que demorar la toma de posesión de su asiento por razones de trabajo. "El plazo máximo que ofrece la Academia para no perder el derecho de ingreso es de dos años", explica la académica. "Pasado ese plazo, la Academia puede disponer libremente de la plaza". Su discurso de ingreso "combinó la Historia de la Lengua con la Dialectología». Respecto a sus funciones dentro de la Academia, declara: "Intento aportar mi conocimiento de la Historia de la Lengua a través de los testimonios escritos de que disponemos, y siempre en coherencia con mis líneas de investigación". Por último, Fernández-Ordóñez no cree que la lengua avance ni retroceda: "Simplemente, evoluciona". Así, "la labor del filólogo dentro de la Academia debe orientarse a la elaboración de recursos lingüísticos de uso general, como es el caso del Diccionario en red".

Francisco Brines (X). El largo aprendizaje

Francisco Brines (Oliva, Valencia, 1932) es uno de los miembros más representativos de la así llamada Generación poética del 50. Fue nombrado miembro de la Academia en 2001, si bien no tomó posesión de su asiento hasta mayo de 2006. Interpelado acerca de la afirmación de Juan Ramón Jiménez que da comienzo a este reportaje, Brines se muestra escéptico: "El poeta no siempre va por libre", asegura. "Históricamente, ha habido muchos académicos que se desempeñaron como profesores en universidades e institutos, y que por tanto tenían un gran conocimiento teórico sobre su oficio. Basta recordar algunos miembros destacados del 27 o el 98, como Aleixandre o Unamuno".

Brines, que, no en vano, fuera profesor de español en Oxford, cuenta en su haber con los más importantes reconocimientos a su obra y a su trayectoria, como el Premio Adonais, el Fastenrath (que otorga la propia Academia) o el Nacional de Literatura. En sus poemas, de tono intimista y depurada factura, ha ido desgranando su particular imaginario simbólico en torno a temas de resonancia universal, como el amor o el paso del tiempo. Su aportación a la Academia es "modesta", asegura el bardo valenciano con una modestia no menos admirable. "Yo no soy un docente, pero sí creo que la poesía aventura la gramática y la lengua mucho más que cualquier otro género", declara. Afirma Brines que la precisión del lenguaje poético "hace que se rompa la normatividad de la lengua, y da nuevas posibilidades a la palabra. El poeta tiene que defender la ambigüedad", asegura, "jugando con ella para precisar aquello que quiere decir con todos sus matices. Es una experiencia de la palabra y de las normas gramaticales que está al borde de la ruptura o la trasgresión, pero que tiene una razón de ser. Por eso en la Academia siempre ha habido poetas".

Francisco Brines pertenece a la comisión encomendada al Diccionario Normal, "en cuyas reuniones", desvela, "se ven nuevas acepciones o definiciones, o sencillamente cambios o aportaciones del significado de una palabra, y cada uno expone lo que cree pertinente. La Academia es un lugar de extremada cortesía y de aprendizaje continuo", remarca. "Si tengo que decir algo, lo digo; y si no", concluye, "me limito a escuchar".

*Javier Vela es poeta y director de la Fundación Carlos Edmundo de Ory. Su último libro es Hotel Origen (Pre-Textos, 2015). 
 
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16 Comentarios
  • estovamal estovamal 20/12/16 10:37

    ¡Además, admitís amablemente un tercer participante en la conversación¡. Gracias. Diré, me parece envidiable poder compartir momentos de melancolía, pues eso querrá decir que existe una muy estrecha e íntima unión con el otro. Creo yo. Para mí, es en soledad, porque es memoria y añoranza de un pasado que no vuelve, ni volverá. Y no tiene por qué ser dramático, el pasado quiero decir, puede ser incluso muy feliz. Eso es lo que quería decir con mi comentario a la exposición "Tiempos de melancolía". Los instaladores parecía que querían que asociáramos la melancolía con la tristeza, el dolor, o la muerte, (la bilis negra), y claro nada mejor que un museo dedicado a la escultura barroca española, tenebrosa como ella sola. Como se dice por ahí ¡un poco de por favor..¡. Nada, me niego,  reivindico la imagen del poeta, sumido en su melancolía, observador silencioso de un amanecer radiante frente al mar. Me permito desear al autor y a ¿las? contertulios/as felices fiestas, y pedirles que se unan conmigo a la campaña para conseguir "PUNTOS Y APARTE" en los comentarios de lectores de infolibre. Saludos.

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    • M.T M.T 20/12/16 13:11

      Felices fiestas a todos, con o sin añoranza, con o sin melancolía, cada quien como lo sienta y me uno a la SOLICITUD DE CONSIDERAR LOS PUNTOS Y APARTE, en estos foros. Tienen su valor lingüístico y deben respetarse. Un saludo muy cordial y felices días.

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  • estovamal estovamal 19/12/16 00:16

    Ha sido para mí muy agradable y sugerente la "conversación" entre M.T. y Damas a partir del magnífico artículo de Javier Vela. Un apunte personal: yo creo que la melancolía es siempre una experiencia personal, asociada a la memoria, sí, pero también siempre en algún grado a la soledad. Afortunadamente, es también una experiencia intensa y provocadora de expresiones, en muchas ocasiones artísticas, un poema, un relato, una pieza musical, ...  Ví también esa exposición en Valladolid, magnífica, aunque con un montaje un tanto tenebroso. Repito, gracias por vuestra conversación.

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    • Damas Damas 20/12/16 01:27

      estovamal y M.T. otro apunte sobre el de estovamal respecto a "la melancolía" con el que coincide M.T. en com.13; en mi caso -no- va asociada "siempre en algún grado a la soledad"; en ocasiones, no pocas, puedo compartir esa (diré mejor) nostalgia, añoranza. Saludos.

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    • M.T M.T 19/12/16 11:37

      Encantada de conocer y apreciar los matices que aporta en su comentario. Son apreciaciones que comparto, con las que coincido. Respecto al carácter tenebroso de la exposición ¿ no cree que era necesaria esa tonalidad o tono desde la temática y la época histórica en que se situaba?  Muchas de las obras reflejaban ese contraste entre luz y tinieblas o tal vez al tratarse de obras de arte yo lo percibía así. Gracias, en cualquier caso, por su comentario. Saludos.

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  • Damas Damas 16/12/16 21:03

    Me sumo a la importancia que el autor de este artículo, parece que le da a la frase con la que comienza: "Meter a un poeta en la Academia es como meter un árbol en el Ministerio de Agricultura", claro que teniendo en cuenta que corresponde a alguien tan especial como Juan Ramón Jiménez, pues ..... no es de extrañar. Bueno también me apunto a destacar el nombre de María Isidra de Guzmán y de la Cerda (1768-1803), primera mujer en España doctora (Filosofía y Letras) por la Universidad de Alcalá.

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  • M.T M.T 16/12/16 08:46

    Me gustan esas tres palabras elegidas por Luis Mateo Díez: melancolía, imaginación y oralidad. Me gusta reflexionar  acerca del valor y poder de las palabras. Gracias al articulista por este artículo y a los académicos por su labor sobre algo tan complejo: el lenguaje, la lengua y las lenguas que nos permiten expresarnos ¿comunicarnos o incomunicarnos?

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    • Damas Damas 16/12/16 21:11

      M.T. sobre la palabra melancolía ¿qué significado te gusta? A mí no me convence el del diccionario RAE ni el de WordReference por eso de "....permanente.... " me identifico más con algo en la línea de lo que pone en (Lamenteesmaravillosa): "Dice Víctor Hugo que -la melancolía es la felicidad de estar triste-. Lo cierto es que cuando nos sentimos melancólicos nuestro estado de ánimo suele asociarse a la tristeza, aunque lo que estamos recordando sean buenos momentos del pasado. La melancolía sin memoria no es posible. Es un sentimiento que nos recuerda que nos falta algo, que estuvo ahí, que era bueno para nosotros, pero que ya no podemos recuperar”. Saludos.

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      • M.T M.T 16/12/16 21:55

        Buenas tardes, casi noche, Damas. Con mucho gusto te doy mi opinión sobre la palabra ' melancolía'. Si no recuerdo mal, en su origen, etimología viene del griego, de los términos :'melas':negro y otro término que transcribo en español :kole, con el significado de bilis o humor. En síntesis: humor negro, que asociamos a ' tristeza, nostalgia'. Para mí evoca o sugiere exactamente eso: nostalgia, añoranza, tristeza hacia algo o por algo vivido, soñado, deseado...Abarcaría muchos matices. Me gusta esta palabra porque la encuentro muy poética, sugerente, evocadora. En torno a ella podemos establecer multiples asociaciones. Y dices muy bien: conlleva memoria. Me pregunto qué otra cosa podemos ser los humanos si no memoria? Gracias Damas por tu interés y por esta interpelación tan personal. Me ha interesado mucho tu pregunta. No sé si mi respuesta està a la altura de interés. Un saludo muy cordial.

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        • Damas Damas 16/12/16 22:33

          Gracias por responder, te he hecho la pregunta porque de las tres palabras (elegidas por Luis Mateo Díez) que mencionas que te gustan, la de melancolía es, de las tres, la que me gusta o no en función del significado escogido. Estoy de acuerdo contigo, en el valor de la memoria, esto me hace traer aquí lo que me gustó, asombró, impactó, y que no comenté en su momento, lo que publicó en infoLibre el 27-11-16 Luis García Montero al principio de su artículo -En la muerte de Marcos Ana-: "La memoria es una casa sin distancias precisas situada entre la vida y la muerte. Si consideramos el vértigo de la realidad, quizá se trata más bien de un refugio con ventanas abiertas para mirar el mundo y ver cómo sucede el tiempo entre las manos quebradizas del presente. En los sótanos de la memoria habitan los entusiasmos, las heridas, las obsesiones y las causas últimas del miedo. En el salón de estar se conforma eso que llamamos nuestra identidad". Estuve toda la semana siguiente a leerlo recordando ese párrafo, me encantó todo el artículo, pero me quedé ¿colgada? :-) con esa parte, de hecho lo imprimí y de vez en cuando le echo una ojeada. Saludos cordiales.

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          • M.T M.T 16/12/16 22:46

            No me extraña ese cuelgue con la escritura de García Montero. Son metáforas bellísimas las de ese texto que señalas, digno de releerse. Me sorprende gratamente esa veta poética que manifiestas. Es un lujazo compartir comentarios con contertulios como los que tenemos la oportunidad de leer en este medio. Te felicito. Un mucho en común que compartir, este interés por el lenguaje. Gracias.

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            • Damas Damas 17/12/16 00:52

              Volviendo al artículo que antes cité, y hablando de prosa poética y de belleza copio otra parte: “….. Cuando se vive el paso del tiempo más como una sensación de despedida que como una ilusión de espera, la muerte de un amigo llena de tristeza íntima la palabra otoño. Pero el vértigo no se detiene en la intimidad y de pronto nos enteramos también de la muerte de …. El otoño ya no es intimidad sino acontecimiento histórico, suceso planetario. Con tanta hoja caída, necesito irme por las ramas de mi melancolía” he querido traerlo por lo de la “melancolía”.// Bueno, pues “mi cuelgue” no es sólo por la belleza, también lo es, y en gran medida, por lo que implica eso de “buscar la verdad” (que en otro artículo García Montero decía: “..Como ponerse poético no significa andar por las nubes, sino buscar la verdad de las cosas…”) y que en especial en el párrafo que habla de “la memoria” me parece que es un forma sorprendente de, más que buscar, dar con la verdad, o parte de ella sobre lo que es la memoria. Me parece increíble esa visión tan acertada.// Me he enrollado con mis copia y pega. Si lees esto, M.T., sí, la lengua, el lenguaje, la comunicación, el conocimiento sencillo o complejo, tienen un enorme atractivo. Saludos cordiales.

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              • M.T M.T 17/12/16 02:53

                Ahí es nada, todo lo que encierra y presupone con tus palabras y las de García Montero: memoria personal, memoria histórica, ambas entrelazadas, búsqueda de la verdad, otoño personal con su melancolía, otoño de la vida y las palabras entrelazadas expresándolo. Yo no tengo esa capacidad poética para expresarlo en toda su dimensión. Sí me alegra enormemente el haberte encontrado en estos foros y apreciar tu sensibilidad ante esa maravilla del lenguaje desde lo que tus palabras dicen. Saludos muy, muy cordiales. Duermo a ratitos y ahora con toda la lucidez te escribo.

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                • M.T M.T 17/12/16 03:26

                  Por cierto, Damas, por si es de tu interés. Ahora recuerdo que hace unos meses, largos ya, vi en Valladolid en el Museo Nacional de escultura una exposición interesantísima titulada: Tiempos de melancolía. Creación y desengaño en la España del S. de Oro. Uno de los aspectos que reflejaban el conjunto de cuadros y esculturas que vi era la dimensión creadora, artística de la melancolía y su relación con estados de locura. Puedes encontrar en google una reseña  de dicha exposición. Me encantó. No quiero abrumarte con estas referencias. Te lo comento por si fuera de tu interés. Es de lo más interesante que he visto y leído recientemente en relación con la melancolía. Un abrazo, Damas.

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                  • Damas Damas 17/12/16 12:14

                    Gracias por la indicación pero en especial por la receptividad mostrada en el com. 8, es muy agradable ¡sienta muy bien!. Como palabra atendiendo sólo a la estética me suena mejor empatía, pero expresa mucho mejor lo que pienso "receptividad". He hablado de la palabra "melancolía" enlazando que tú la recogías (del artículo de arriba) con lo escrito por García Montero, pero yo a nivel personal me identifico más con otras como: nostalgia, añoranza, extrañar, y una expresión que se acerca más a mi "particularidad" es: echar de menos. Ojalá hayas podido descansar en ese dormir "a ratitos" y que tengas un sábado estupendo.

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                    • M.T M.T 17/12/16 12:19

                      De igual modo te deseo un sábado muy feliz, este y todos los que vengan. Encantada de haberte encontrado y haber sintonizado desde 'melancolía' con receptividad, empatía...todas ellas palabras llenas de un significado positivo. Me gustan. Saludos muy cordiales.

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