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Los libros

'La espía', de Paulo Coelho

  • El caso de Mata Hari es problemático, ya que debido los escasos datos que se conocen la pluma del escritor puede deslizarse por terrenos en los que la creatividad pase a ser ideología
  • La novela asume el perfil de una obra de protesta contra una condena injusta y una ejecución criminal de la famosa agente secreta

Por Frans van den Broek Publicada 06/01/2017 a las 06:00 Actualizada 05/01/2017 a las 17:45    
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La espía
Paulo Coelho

Traducción de Ana Belén Costas
Planeta

Barcelona
2016

La espía, de Paulo CoelhoLa novela que nos ocupa bien podría considerarse un ejemplo de aquello que la crítica literaria Linda Hutcheon dio en llamar “metaficción historiográfica” para referirse a ciertas obras del repertorio posmoderno, de no ser por la intención de este libro que no es irónica o paródica, sino vindicatoria. Coelho admite, eso sí, que se ha tomado libertades con algunas situaciones y diálogos, dada la carencia de evidencia documental, pero en esencia se ciñe a lo que se puede saber, hasta ahora, por fuentes históricas más o menos fiables (no faltan los testimonios sesgados o comprometidos por intereses políticos o personales) del destino de la mujer que ha pasado a la historia con el nombre de Mata Hari, la holandesa acusada de espía por el gobierno francés durante la Gran Guerra y fusilada en consecuencia. Coelho construye con este material una novela breve y de estilo económico, usando distintos puntos de vista, como el de su abogado defensor durante el juicio que la llevó al pelotón de fusilamiento.

Cabe, sin embargo, preguntarse por qué el autor decide ocuparse con una historia, de naturaleza  más bien legendaria, que ha sido tratada en múltiples ocasiones, tema de libros y de varias películas, interpretada por actrices tan famosas como Greta Garbo o Jeanne Moreau. La respuesta quizá se halle en la proclividad de Coelho a escoger mujeres como protagonistas, a quienes la sociedad, de alguna manera, ha mancillado o explotado, y enmarcar sus vidas en el curso de la emancipación femenina, lo cual es, por supuesto, políticamente correcto y loable. El caso de Mata Hari, o Margaretha Geertruida Zelle (su verdadero nombre) es, no obstante, algo más ambiguo, según los datos que se conocen, y puede hacer deslizarse la pluma del escritor por terrenos en los que la creatividad puede transformarse en ideología.

La vida de Margaretha Zelle fue, ciertamente, dramática, de lo que atestigua el interés que siempre despertó en la imaginación popular y en el arte, desde antes de su condena y ejecución. Coelho empieza su novela con la muerte de Mata Hari, sus últimos momentos, y la dignidad con que enfrentó al pelotón. De allí procede a desvelar el pasado de su heroína, desde su matrimonio con un oficial holandés hasta sus últimos intentos de pedir clemencia y confiar al papel sus sentimientos en los días y meses previos a su trágico final.

Coelho usa también al personaje del abogado defensor para hablar de su caso y de su vida. Margaretha Zelle había nacido en Leeuwarden, una ciudad del norte de Holanda, en la que incluso ahora no hay mucho que esperar de la vida cotidiana, por lo que a finales del siglo pasado la imagino como una ciudad adormilada, dedicada al comercio y la religión. Muy pronto el infortunio visita la familia y el negocio del padre entra en bancarrota. Poco más tarde sigue el divorcio de sus padres y al poco tiempo muere su madre, por lo que Mata Hari tiene que irse a vivir con parientes y termina en Leiden, con uno de ellos. Pierde su virginidad por obra de un director de escuela abusivo, y más tarde estudia para asistente de guardería infantil, pero el director intenta seducirla, por lo que debe interrumpir sus estudios. Su atractivo físico, que muestran las fotos en sepia que poseemos, debió ser a la vez una bendición y una maldición, pues la llevaría a una vida en la que usar sus atributos se convirtió en segunda naturaleza, impelida por la hipocresía de su época.

Por alguna razón, Margaretha tenía debilidad por los militares, y se casa con un militarote holandés a muy temprana edad, respondiendo a un anuncio de contacto. Se mudan a Indonesia, entonces colonia holandesa, y el militar resulta ser una bestia dipsómana, maltratándola y abusando de ella con fantasías perversas. Tras unos años en la colonia, deciden volver a Holanda y separarse. Ya en Indonesia, Margaretha había empezado a estudiar las danzas de aquel país y al volver a Holanda, no sin antes haber sufrido la muerte de un hijo (según la novela de Coelho, envenado por una sirvienta), se va a vivir a París, donde se crea una imagen artística y adopta el nombre de Mata Hari, al mismo tiempo que se inventa una historia sobre su pasado, como alguien nacida en Indonesia y dedicada al servicio de Buda, de donde nace su conocimiento de danzas orientales.

Su persona artística resulta ser un éxito, no en poca medida, me atrevo a sugerir, por el contenido erótico de su espectáculo, que consistía en danzar y levantar velo tras velo, hasta mostrar sus virtudes corporales en una medida que en aquellos tiempos no podía sino causar conmoción y atracción mórbida. Su espectáculo se presentaba como arte exótico y conjuró comentarios fervorosos de la crítica. Lo que solo algunos pocos podían saber era que sus danzas no tenían nada que ver con arte oriental alguno y que eran una creación personal, amparada para su recepción positiva en la ignorancia del público europeo.

En todos aquellos años de éxito, tuvo varios amantes, algunos de ellos gente importante que le regalaban cosas, le procuraban contactos, le daban hospedaje. Coelho percibe todas estas aventuras como la natural expansión vital de una mujer en conquista de su libertad, lo cual es comprensible. Pero omite señalar que también eran actos de cierta imprudencia, por la vulnerabilidad que procuraban, como se hace al final evidente. Tras una vida de tragedia, abusos y maltratos, es fácil comprender que sus actos despierten antes compasión que condena. Pero la misma novela sugiere que no estaban exentos de falta de juicio. Para entonces, Margaretha Zelle se había convertido en una persona habituada a manipular a las personas con su atracción física y su fama, y en cierto momento, cuando va a presentar su espectáculo a Alemania, en plena guerra, le ofrecen colaborar con los servicios de espionaje de aquel país, pues ella puede viajar sin mayores restricciones, dada su nacionalidad holandesa. Según la novela de Coelho, ella acepta, solo para ir de inmediato al servicio de espionaje francés, para ofrecerse como doble agente. Lo cual, en principio, es aceptado por el gobierno de Francia. Pero es aquí que la historia se vuelve vagarosa y es probable que nunca sepamos lo que realmente pasó.

Según Mata Hari, lo que refrenda el personaje de la novela, el tipo de información que ella hubiera podido pasar, en cualquier dirección, era trivial, cosas que todo el mundo que hubiera leído los periódicos ya sabría, pero al parecer los servicios de inteligencia alemanes, que sospechaban que Mata Hari les engañaba, mandan información que la inculpa, sabiendo que las autoridades francesas la decodificarían sin problemas y la acusarían de espionaje, como en efecto ocurre.

Según el abogado que nos presenta Coelho, al que el autor da voz, las autoridades francesas querían mostrar mano dura por su propia ineficacia durante la guerra, pues no tenían prueba alguna que realmente la incriminara. Como dije al principio, Coelho recurre a una voz literaria reivindicatoria, que imagina a Mata Hari como una víctima de una sociedad machista y abusiva para con las mujeres. La novela asume así el perfil de una obra de protesta contra una condena injusta y una ejecución criminal. Todo lo cual es comprensible. Pero los hechos históricos de los que podemos tener noticia son menos acerados que la interpretación de Coelho. Nadie sabrá jamás qué tipo de información se intercambió en los lechos que Margaretha Zelle compartía con personas de uno u otro bando, y cuando los hechos tienen lugar, la guerra había adquirido características monstruosas, con millones de muertos en una contienda absurda, que aniquiló toda una generación de jóvenes a los que asistía solo un patriotismo acicalado por poderes que no sabían lo que hacían.

Involucrarse en actividades de alto riesgo, como el espionaje, no podía ser algo en lo que nadie incurriera sin saber exactamente lo que hacía. Y, según lo que sabemos, Margaretha no era consciente lo que hacía y pagó las consecuencias por ello. Una mujer hermosa, pero tocada desde la adolescencia por la desgracia, con un talento que en otras épocas le hubiera garantizado una vida con algo cercano a la felicidad, se vio enredada en las lacerantes cuerdas de un conflicto que le superaba y que, probablemente, ni siquiera comprendía del todo. Coelho nos acerca a lo que debió ser su dolor y por ello debemos agradecer su novela. Más allá de la meta-ficción historiográfica o cualquier categoría literaria, siempre queda la imaginación empática y la compasión por una mujer que tendría que haber nacido en otro siglo, en un mundo sin guerras ni espías. Como una mujer libre.

*Frans Van de Broek es escritor.

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