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Los libros

La mujer que quiso ser árbol

  • La editoria :Rata_ publica La vegetariana, de Han Kang, un crudo retrato de la sociedad surcoreana ganador del Man Booker International
  • La decisión (que, en principio, sólo afecta al cuerpo y hábitos de la protagonista) acaba convirtiéndose en un desafío para toda su familia, pues todos se creen víctimas de su recién estrenada autonomía

Publicada 12/05/2017 a las 06:00 Actualizada 12/05/2017 a las 17:38    
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La vegetariana
Han Kang

Traducción de Sunme Yoon
Editorial :Rata_

2017
Barcelona

Perdón por el spoiler, pero voy a comenzar la reseña con la primera frase de La vegetariana: “Antes de que mi mujer se hiciera vegetariana, nunca pensé que fuera una persona especial”. La sentencia, pronunciada por el marido de la protagonista, condensa buena parte de lo que su autora, Han Kang, ha querido mostrar (e iré desgranando a continuación) en esta novela de más de 200 páginas. Además de ser, con lo que viene después, uno de los mejores arranques que he leído en los últimos meses.

La editorial :Rata_ acaba de publicar en España la segunda obra de esta escritora surcoreana. Fue un golpe de suerte: compró los derechos antes de que el jurado del Man Booker International decidiera darle el premio por unanimidad el pasado otoño, que por primera vez otorgaba el galardón a un solo libro, en lugar de a todo una carrera literaria, como venía siendo habitual. La novela narra la metamorfosis de una mujer, Yeonghye, que un día, y tras una serie de violentas pesadillas, opta por ser vegetariana. La decisión –que, en principio, sólo afectaría a su propio cuerpo y hábitos vitales- acaba convirtiéndose en un desafío para toda su familia, ya que todos se creen víctimas de la recién estrenada autonomía de Yeonghye.

La vegetariana es una especie de parábola sobre una pequeña revolución contra una sociedad, la surcoreana, que bascula entre un capitalismo hipertrofiado y una férrea jerarquía social y laboral. La carne, la herramienta de rebelión de Yeonghye, funciona como un símbolo de estatus en la nueva era ultracapitalista de Corea. “Ni que viviéramos en una época de necesidades”, le espeta durante una comida su madre. Pero al margen de consideraciones de clase, la decisión de Yeonghye genera una incomprensible espiral de violencia en el resto de personajes que contrasta con la actitud sosegada, decidida y feliz de la protagonista. Además, claro, de la hostilidad verbal plasmada en los mismos argumentos que escuchan a diario vegetarianos de todo el planeta: “Todos necesitamos ingerir cierta cantidad de nutrientes”, “si quieres ser vegetariana, hazte una dieta más adecuada” y la clásica del cuñado de turno: “¿No os parece que la persona que come un poco de todo y sin hacer excepciones es a la que se puede llamar ‘sana’ de verdad?”

Según avanza la trama y van conociéndose los nuevos hábitos de Yeonghye, resulta llamativa la relación que se establece entre las personas que la rodean y su cuerpo, en función del género de sus interlocutores. Mientras que ellas sienten lástima por el aspecto, al parecer desmejorado, de la vegetariana; ellos reaccionan de una manera absolutamente primaria que les empuja a abusar de su aparente debilidad física y emocional. Y esto incluye violencia y maltrato sin ningún tipo de reserva moral. La novela de Han Kang muestra, de esta manera, el feroz patriarcado de la sociedad surcoreana a través de escenas en las que aborda las violaciones dentro del matrimonio o las líneas difusas del consentimiento en algunas relaciones sexuales. Narradas, eso sí, de manera sutil y confusa, aunque la digestión final resulte absolutamente perturbadora. Al igual que sucede con este tipo de situaciones en la vida real. (Véase el capítulo "American Bitch", de la sexta temporada de la serie Girls.)

Uno de los aspectos más brillantes de La vegetariana tiene que ver con la narración y cómo Han Kang consigue plasmar, con pequeños detalles estilísticos, algunas de las características definitorias de la sociedad surcoreana. Sobre todo, en la primera parte de la obra que sobresale, en todos los aspectos, por encima de las otras dos. Por ejemplo: pese a que la protagonista de la novela es Yeonghye, son otros los que cuentan todo su proceso de metamorfosis (primero, su marido; después, su cuñado; y, por último, su hermana), reforzando la sensación de mujer objeto.

Por otro lado, a no ser la protagonista y, en contadas ocasiones, su hermana, no se utilizan nombres de pila para hablar del resto de los personajes, sino el puesto que ocupan dentro de la familia (cuñado, suegro, etc.). Lo cual denota un estricto sistema de roles dentro de la institución familiar: por encima de la identidad personal se encuentra el lugar social que ocupa. Además, todos ellos son definidos en cuanto a su trabajo. Así, el marido habla constantemente del impacto que la decisión de su mujer pueda tener en su propia oficina; el relato de su cuñado se aborda a partir de su faceta de artista; y, en el caso de su hermana, se enfatiza su carrera como pequeña empresaria de éxito. Todos excepto Yeonghye, que sólo es la vegetariana.

Y en medio de esta paranoica vorágine de pugnas familiares –ninguno de ellos, por cierto, trata de comprender y empatizar realmente con la decisión de Yeonghye— sobresale la calma de la protagonista. Ella se ha propuesto dejar de comer carne como una forma de bajar el ritmo frenético que impone el sistema, económico y social, que convierten su vida en un calvario. Todo el mundo la invita a volver a la dieta carnívora para que tenga “energía” y, por lo tanto, pueda seguir produciendo. No en vano, Corea del Sur es uno de los países con mayores tasas de suicidio e infelicidad del mundo y Yeonghye clama por una forma de vida más sostenible. Para ella, caminar hacia una vida lo más natural posible es una manera de construir relaciones más saludables con la sociedad y el mundo.

La vegetariana llega a España 10 años después de su primera edición en Corea, donde la recepción estuvo entre el ninguneo y las críticas negativas. Lo que contrasta con el éxito y la expectación despertada en el extranjero: a día de hoy ha sido traducida a una docena de idiomas, además de haber conseguido uno de los premios literarios más relevantes del planeta. Sobre esa falta de conexión con el público local, Han Kang ha asegurado que muchos lectores la habían rechazado porque les resultaba “demasiado perturbadora”.

La edición de :Rata_, un sello catalán que comenzó su andadura hace apenas unos meses, incluye un genial prólogo de Gabi Martínez y un texto de la traductora al castellano, Sunme Yoon. En él, explica el proceso de traducción y la intensa implicación emocional de la tarea. Entusiasmo que también comparte la autora de la traducción al inglés, Deborah Smith. Sunme Yoon añade, como dato relevante, que Han Kang se inserta en una nueva y brillante generación de autores surcoreanos que hablan de la realidad de su país sin referirse de manera explícita a ella. Sea como fuere, e independientemente de la dieta de cada uno, La vegetariana invita a reflexionar sobre asuntos que parecen tan elementales como respetar las decisiones de cada persona respecto a su propio cuerpo.

*Saila Marcos es periodista de infoLibre y tintaLibre.
  
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