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Los libros

Ana Rossetti, siempre reinventándose

  • Deudas contraídas va al grano, a la denuncia de un mundo cruel que nos está convirtiendo en cómplices del más horrible desprecio por la dignidad humana
  • La poeta ha construido siempre libros con un sentido unitario y una atmósfera particular, captando en cada momento la inquietud que la dominaba

Ángeles Mora Publicada 26/05/2017 a las 06:00 Actualizada 25/05/2017 a las 21:17    
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Deudas contraídas
Ana Rossetti

La Bella Varsovia
Córdoba

2016
  Ana Rossetti entró como un vendaval en el panorama poético español de los años ochenta desde que publicó aquel ya mítico libro titulado Los devaneos de Erato (Premio Gules de poesía justamente en el año 1980), una mezcla de erotismo y clasicismo desenfadado que hizo estragos en el ambiente de un culturalismo envarado que se iba viniendo abajo por aquellos tiempos. Yo la he admirado y sigo admirando mucho desde entonces. Y no solo por aquel libro sino por todo lo que vino detrás.

Porque por aquellos años, a pesar de tantas buenas poetas como ya había habido en nuestro país, parece que las mujeres poetas todavía arrastrábamos algunas cintas del corsé que a la fuerza llevaron (aunque algunas lograran eludirlo) las llamadas “poetisas románticas”. O sea, las mujeres que se empeñaron en publicar poesía en el siglo XIX (por cierto, Rosalía de Castro nunca llevó corsé alguno). Aunque la lucha de las románticas, abriéndonos el camino, fue desde luego ejemplar.

La libertad y desenvoltura con que Ana Rossetti entró en el panorama poético de entonces con su ya citado libro Los devaneos de Erato fue un auténtico momento estelar de nuestra poesía y de la poesía escrita por mujeres. Fue el disparo al aire que nos invitaba a iniciar la carrera, a entrar en el juego de hacer versos (que no es un juego, como bien dijo Gil de Biedma) libremente, a nuestro modo, sin previas limitaciones ni complejos.

La trayectoria de Ana Rossetti es larga y una de las características que la representa y que más me llama la atención es la variedad de registros que tiene y la variedad de géneros que ha tratado (poesía, pero también prosa, novela, cuentos, ensayos, artículos, teatro, y ha llegado hasta escribir el libreto de una ópera titulada Secreto enamorado, con música de Manuel Balboa, que tras algunas vicisitudes se estrenó en Madrid, en la Sala Olimpia, en 1993).

Dentro de la poesía, que es de lo que tratamos aquí, digamos que Ana Rossetti ha sabido reinventarse en cada libro. O mejor dicho, ha sabido construir siempre libros con un sentido unitario y una atmósfera particular, una fuerza singular, captando en cada momento la inquietud que la dominaba, dándole voz a una mujer libre y al erotismo que mueve nuestra vida tanto como el corazón. Lo mismo el amor humano que el místico, con su erotismo a flor de piel. O la imaginería infantil, ese territorio donde parece encontrarse tan en su salsa.

No hace falta dar una lista de sus publicaciones, pero ciñéndonos a sus libros de poesía citaré algunos, además del ya destacado antes: Dióscuros, Indicios vehementes, Devocionario (Premio Internacional de Poesía Rey Juan Carlos I), Yesterday y Punto Umbrío. Posteriormente, reunió su poesía en La Ordenación (Fundación José Manuel Lara, 2004), editado por Paul Viejo. Después aparecieron Llenar tu nombre (Bartleby, 2008) y el que hoy nos ocupa, Deudas contraídas, que publicó el año pasado La Bella Varsovia, un proyecto editorial al que también quisiera homenajear aquí. Puesto que un día, cada vez más lejano, Elena Medel, junto a otros jóvenes poetas, se lanzó al proceloso mar de las editoriales independientes, libres, que ha sabido guiar con el pulso firme y la ambición que la caracteriza, hasta llegar a tener cada vez más presencia, abriendo caminos a jóvenes y valiosos talentos poéticos.

Desde un principio Ana Rossetti se empeñó en usar la palabra con exquisitez. No porque le guste utilizar vanas, divinas palabras, como el sacristán de la obra de Valle utilizó el latín para aturdir y dominar al poblacho, sino porque sabe que son las palabras justas las que nos muestran los múltiples sentidos que encierran y nos abren la mente para llevarnos al significado profundo, a dar sentido a nuestra propia vida.

Así que en ese aspecto Ana Rossetti pretende ser una auténtica virtuosa de la palabra, no en el sentido moral (que también se le supone, como el valor a los soldados) sino porque aspira a arrancar no sólo la música de las palabras sino conseguir que su discurso poético no se convierta en un lenguaje hermosamente vano (como es más frecuente de lo que parece) sino que las palabras de verdad nos digan cosas, nos hablen con ideas poéticas, ideas que nos ayuden a comprender la vida en sus profundidades.

Quizá en estas Deudas contraídas su empeño en este sentido ha dado un paso más: este es un libro que se desnuda, poéticamente hablando, de cualquier retórica. Aunque esa desnudez buscada no deje de ser también una retórica, no deje de ser, precisamente, el lenguaje poético que le interesa plantear en este libro. Un lenguaje que va directamente al grano, a la denuncia de un mundo cruel que nos está convirtiendo en cómplices del más horrible desprecio por la dignidad humana.

Un mundo que retransmite su ferocidad por televisión, y lo vemos como quien ve una película de marcianos, como si no fuese algo que nos atañe directamente, porque no podemos atravesar la pantalla y tocar las heridas. Qué poesía puede contar eso sino estos textos desgarrados que nos ha dejado Ana Rossetti en éste su último libro. (“lo que está frente a mí no es sino la visión virtual de un mundo extraño, y yo no soy sino un clamor más que se une al mundo de farsantes.// O de ingenuos”, nos dice en su poema “Efectos muy personales”. Impresionante su poema “Arrebatadas”: “¿Qué ha sido de nuestras hijas? ¿Dónde están?”. Está dividido en cuatro partes, en la segunda podemos leer: “Y sin embargo la revista está aún doblada por el test '¿Eres verdaderamente romántica?”. Un poema que continúa en el siguiente “Halladas” (en tres partes) también desgarrador.)

Está claro que en este libro a Ana Rosetti el ritmo de los versos le resultaba insuficiente para expresar el dolor y la angustia que le produce el mundo que estamos construyendo. Ha necesitado de la prosa poética, con aliento contenido, pero vivo, para ponerle voz, para ponerle voz a la miseria, a la guerra, al exilio, a la soledad, a las mujeres desaparecidas, maltratadas, a los desahucios, a las viviendas vacías acumuladas por los bancos, a los que viven en las calles, a la desesperación, a la compraventa de todo... a la tragedia del mundo moderno en un intento de comprometernos o despertar conciencias. Ya lo anuncia en su cita inicial: “El pecado del silencio cuando se debe protestar convierte a los hombres en cobardes”.

Y no hay denuncia que no aparezca en estos poemas. Porque el mundo sigue en guerra, cada vez con más crueldad, más desprecio de los poderosos por los desamparados, más miseria moral aquí denunciada en todas sus modalidades.

Ya el primer poema, titulado con el verso clásico de Virgilio en la Eneida, “Sunt lacrimae rerum”, le sirve para hablar de lo que nos hace sufrir, nos desconcierta, nos envuelve en nuestras contradicciones. Para comenzar a destapar la podredumbre de nuestro mundo que rezuma dolor, explotación, guerras, crímenes de todas las clases. Y cómo, a pesar de todo, nos sentimos indefensos, pensamos que no tomamos parte, que nuestras manos están limpias. ¿Pero verdaderamente lo están?

Estamos, nos dice en sus poemas “Principio de la indeterminación”, “Como la liebre paralizada por la inminencia de los faros” o en su “Principio de incertidumbre”: “Que se prolongue el domingo que no acabe nunca (…) que el lunes no tenga lugar, que no exista”. O en “Existencias agotadas”: “No hay nada que hacer…”. Y más adelante afirma: “No saldaremos las deudas pendientes”

No, parece que no, Ana Rossetti, no saldaremos las Deudas contraídas.

Y sin embargo, en el poema final, me recuerda a aquel John Lennon que sembró las calles de Nueva York de anuncios pacifistas, al John Lennon de “Imagine” o el que nos decía: “La guerra se acaba (si tú quieres)”. Me refiero al poema titulado “Atrévete y sucederá”, lo mismo que imaginas la oscuridad puedes imaginar la luz. Es, como digo, el poema que cierra el libro abriendo una ventana a la luz, a la esperanza: “Por eso atrévete. Apacigua tu mente, ilumina tus ojos, imagina justicia, imagina consuelo, imagina bondad”.

Ana Rossetti, siempre reinventándose.

*Ángeles Mora es poeta, Premio de la Crítica y Premio Nacional de Poesía por Ficciones para una autobiografía (Bartleby, 2015). 

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