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Los diablos azules

Ana Blandiana: “En este mundo donde se habla tanto, la poesía solo puede tener como fin el silencio”

  • La escritora Ana Blandiana, represaliada por el régimen de Ceaucescu, publica dos de sus obras en catalán y castellano
  • Octubre, noviembre, diciembre, que edita Pre-Textos, fue publicada en 1972. Los sellos Cafè Central y Adia Edicions apuestan por los ensayos de La por de la literatura

Xavier Vidal Publicada 07/07/2017 a las 06:00 Actualizada 06/07/2017 a las 15:30    
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La escritora Ana Blandiana.

La escritora Ana Blandiana.

Ana Blandiana es un seudónimo de Otilia Valeria Coman (1942, Timișoara, Rumania), pero no es un capricho literario. Su padre, sacerdote ortodoxo, encarcelado por "conspirar" contra el régimen comunista. A ella misma se le prohibió publicar bajo el mandado de Gheorghiu-Dej y su obra fue censurada y perseguida con Ceaucescu. La palabra supuso para la escritora un refugio y un espacio de libertad bajo la asfixiante vigilancia del Gobierno. Xavier Vidal, librero de la barcelonesa Nollegiu, la entrevista con motivo de la traducción al catalán y al castellano de varias de sus obras. 

Pregunta. Me impactó enormemente la manera cómo usted entró en el mundo de la lectura.

Respuesta. Sí, porque fue antes de saber leer. Me encantaba jugar con el sonido de las palabras y sin saber las letras hacía pareados.

P. Y la historia de la habitación cerrada en su casa es de realismo mágico.

R. Pasé la adolescencia viviendo en un piso enorme pero mi familia sólo ocupaba dos habitaciones. El resto era un misterio y estaban cerradas con llave. Un día conseguí abrir una de esas habitaciones y encontré centenares de libros apilados en el suelo, sin ningún orden. Encontré el volumen séptimo de la historia de Rumanía y empecé a leerlo, ese fue mi primer libro de adolescencia. Era impresionante porque en ese libro y en todos los libros de esas habitaciones que estaban prohibidos por el régimen se explicaba la vida y no las tonterías estalinistas que nos contaban en la escuela.

P. Cuenta en algún artículo que su vida ha sido una gran batalla entre la lectura y la escritura.

R. La lectura es la competidora más acérrima de la escritura. No se pueden hacer las dos cosas a la vez y sin embargo, sin una no puede existir la otra. Y eres mucho más feliz leyendo que escribiendo. Siempre lo he vivido como una competición existiendo esta relación íntima entre las dos.

P. Hoy mucha gente se lanza a escribir sin haber leído.

R. Pasé algunos años contestando cartas de jóvenes escritores rumanos en un periódico de mi país. Me preguntaban y demandaban consejos. Siempre les decía lo mismo. Si quieres escribir, lee. Es lo que yo hice: imité a los poetas hasta llegar a ser yo misma.

P. En España la editorial Pretextos acaba de publicar Octubre, noviembre, diciembre, un libro de poemas que publicó usted en el año 72. Pretextos está publicando toda su obra poética. Periférica ha publicado una novela y relatos, y ahora en catalán empiezan a publicar su poesía y sus ensayos gracias al trabajo de la traductora Corina Oproae.

R. En el caso del español estoy acostumbrada. Que me traduzcan al catalán es importante. Pero lo más importante es tener buenos traductores. Y yo he tenido mucha suerte. He encontrado traductores con una sensibilidad poética similar a la mía. El autor y el traductor son como un matrimonio.

P. En La por de la literatura (El miedo de la literatura), publicado conjuntamente por dos editoriales catalanas (Cafè Central y Adia Edicions), se recogen varios artículos y una conferencia donde explica su relación con la lectura, la escritura y la poesía. Se detecta mucha defensa de la libertad de estilo.

R. Es que no me gustan las tendencias. Intento ser yo y ser yo es integrar mis lecturas en la escritura. Creo que existen dos cuestiones esenciales al respecto.

P. ¿Cuáles?

R. Primero debemos tener claro que no existe progreso. En la poesía se trata de una noción que no funciona.

P. Siempre se progresa en todo lo que uno hace.

R. Sí, claro, pero el progreso no pasa por ser más original. Esta es la segunda cuestión que más me interesa. La originalidad no puede ser un objetivo. Un poeta que pretende ser original no hará nunca buena poesía. Básicamente porque todo se reduce a una imitación de los maestros que a su vez, tampoco fueron originales. Y mucho menos, repetitivos. Al final, todos los poetas se parecen, solo les diferencia la mediocridad.

P. ¿Eso no es progresar? ¿No ser repetitivo no indica cambios?

R. Cambios sí, pero no progreso. En mi poesía voy incorporando temas pero el criterio principal sobre la función de mis textos no varía.

P. ¿Y cuál es ese criterio?

R. Como explico en la conferencia publicada ahora en catalán, en este mundo donde se habla tanto, se grita tanto y se dice tanto, la poesía solo puede tener como fin el restablecimiento del silencio.

P. ¿En qué sentido?

R. Básicamente quiero decir que la poesía no dice sino que sugiere. Y cuanto más quieres sugerir menos debes decir. Se trata de un esfuerzo titánico: usar cuantas menos palabras mejor. Demasiadas palabras son sospechosas.

P. Antes decía que todo funciona por imitación. Cuénteme en quién se fija, a quién imita.

ROrfeo, Lucian Blaga, Rilke y sobretodo Emily Dickinson. Me siento muy cercana a ella. Es la gran economista de las palabras, optimiza cada una de ellas para sugerirlo todo. Le dijeron en su momento que eso no era poesía. Hoy es indiscutiblemente una de las grandes. Ella no ha cambiado, lo ha hecho la sensibilidad humana. A eso me refería cuando hablaba de progreso y originalidad. El criterio es lo que importa. Ella lo tenía claro.

P. Usted habla en la conferencia y en algún artículo de la literatura como evasión. “La evasión es la finalidad de la lectura.” Pero usted escribiendo no se ha evadido mucho. Ha sido una ciudadana rumana muy activa contra Ceacescu en su momento y posteriormente en la construcción de una sociedad democrática.

R. Es que evadirse no significa escaparse. Rostov de Guerra y paz y Madame Bovary son dos personajes que se evaden de la realidad y de las condiciones de su época. Pero son dos protagonistas que van buscando vida. Podríamos decir que son más reales ellos que las vidas reales. Tengo un gran respeto por los autores que respetan la vida. En cambio, la nouveau roman no me genera ningún interés. Eran autores que ensayaban formas literarias, sí, pero no había ni una pizca de vida en las tramas ni en sus personajes.

P. ¿Y en poesía sucede lo mismo?

R. Mire, yo escribí Mi patria A4 [Pre-Textos] a la sombra de un cerezo. Eso es vida y de ese escenario solo podía salir un poemario lleno de vida. Pero yo me hago míos los poemas que leo o escribo cuando me los aprendo, los digo. Es entonces cuando llegan a ser míos de verdad. Tanto si los he escrito yo como si no los he escrito. Pero aprenderlos significa darles sentido cada vez que los releo o los recito.

P. ¿Y sólo le pasa con Rilke, Orfeo, Blaga y Dickinson?

R. No, claro que no. Pero sí que me sucede con alguna poesía contemporánea de un hermetismo imposible de traspasar. Y no puede haber poesía si no se entiende.

P. ¿No tuvo la tentación de meterse en política activa, con un cargo en el gobierno?

R. Mi padre leía versos de un gran autor rumano. Ese autor acabó siendo ministro y dejó de escribir. Mi padre bromeaba después de recitar el verso: “Dios le ha castigado por meterse en política”. Escuchaba los versos de ese poeta al que él admiraba y terminaba diciendo: “Qué lástima que sea ministro”.

P. O sea que la política no va a interferir en su escritura.

R. Para nada. Yo tengo una voz que me dicta lo que escribo. No sé hasta cuándo la voy a escuchar. Mientras hable, yo escribiré. Y leeré. Mucho.

*Xavier Vidal es librero en Nollegiu
 
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