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Club de lectura

Carta a los alumnos de la Universidad de Granada

  • La profesora y editora, viuda de Francisco Ayala, envía unas palabras a los estudiantes con los que comentó La cabeza del cordero en el club de lectura de la Fundación
  • En sus páginas, dice, "se produce de una inevitable desavenencia entre los seres humanos: una tensión que en cualquier momento puede estallar en algún tipo de conflicto"

Carolyn Richmond Publicada 28/07/2017 a las 06:00 Actualizada 27/07/2017 a las 21:39    
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Esta pieza pertenece a un monográfico sobre el exilio, coordinado por el profesor Antolín Sánchez Cuervo. Consulta todos los temas en el número 75 de Los diablos azules.

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Club Lectura Fundación Francisco Ayala
Carta a los alumnos de la Universidad de Granada

(Sobre La cabeza del cordero de Ayala)

Queridos amigos:

Fue para mí un placer el poder reunirme con vosotros el pasado jueves por la tarde en la Fundación Francisco Ayala. El veros allí, tan atentos a las palabras de vuestro profesor, suscitó en mí una enorme alegría, pues quedó muy claro que en la Universidad de Granada sigue vigente el aprecio de la literatura… la cual, según el propio autor del libro de que se habló, La cabeza del cordero, es la realidad. “La realidad —declaró en 2006 el centenario autor—, lo que llaman realidad, es la literatura en el sentido de que las cosas no existen, no adquieren realidad más que a través de la literatura.”
  Ahora —es decir, unos días después de nuestra reunión— doy vueltas a esta observación de Ayala dentro del contexto, todavía, de las palabras que, sin premeditación, me salieron durante nuestra charla. Me refiero, claro está, a lo que dije acerca de la relación entre el contenido de La cabeza del cordero (1949) y los tiempos actuales: la “realidad” histórico social que estamos viviendo todos en este mundo cada vez más pequeño, más maltratado por unos seres humanos destinados a vivir, y sobrevivir, en una lucha continua por el poder y por los bienes materiales que conlleva.

“El poder ejercido por el hombre sobre su prójimo —se lee en el prólogo a Los usurpadores (1949), recopilación de narraciones basadas en la historia española desde el medioevo hasta el imperio de los Habsburgo— es siempre una usurpación.” Dicho libro, cuyo contenido se remonta a la misma década en que redactó Ayala las cuatro novelas cortas reunidas luego en la primera edición de La cabeza del cordero, se puede leer, también, como una especie de preludio histórico al contenido contemporáneo de este último.

Lo que a mí personalmente me ha llamado la atención al repasar ahora las páginas de La cabeza del cordero es la sensación que en ellas se produce de una inevitable desavenencia entre los seres humanos: una tensión que en cualquier momento puede estallar en algún tipo de conflicto. También he sentido en ellas la existencia de una cadena, ineludible, de causa y efecto que por sí sola llega a anular cualquier intento de cambiar el rumbo de las cosas. Esto lo ilustra Ayala de otro modo en la primera de sus llamadas “novelas del Caribe”, Muertes de perro (1958); en la segunda, El fondo del vaso (1962), se vale el autor de la metáfora del billar, “¡carambola!”.

Y ¿no es eso lo que ahora estamos viendo en las noticias estos días tan revueltos, tan precarios, tan peligrosos? Me refiero aquí, no sólo a lo que, a través de todos los sentidos, estamos presenciando, sino también —insisto— a lo que, en nuestro fuero interno, estamos sintiendo… y presintiendo.

En los cuatro relatos ayalianos, los sentimientos están encerrados dentro de personajes a punto de explotar; la tensión, en el aire, se transmite al lector. A través del monólogo interior, los protagonistas se van desvelando, quitándose la máscara, revolcándose en su propia verdad. El de “El mensaje” se revela, no ya a sus familiares, sino directamente al lector; el de “El Tajo”, tal vez el único salvable —de ahí su papel simbólico dentro del volumen—, da más bien pena; el de “El regreso” (un republicano), es un cretino de primer orden; el de “La cabeza del cordero” (un nacionalista), un hipócrita asqueroso. Esta, nos dice Francisco Ayala, es la condición humana.

Consciencia de todo ello tiene el autor, según deja constancia en los ocho últimos párrafos de su “Proemio” a la primera edición del libro. En los anteriores ofrece unas agudas observaciones acerca de su propia vida y producción literaria dentro de unas circunstancias históricas —las del exilio— que por desgracia siguen repitiéndose en todo el mundo hasta el día de hoy. Es esta, amigos, nuestra condición “humana”.

Gracias por vuestra atención. Recibid un fuerte abrazo de

Carolyn Richmond
Madrid, 23 abril 2017
Fundación Francisco Ayala
Calle Rey Abu Said, 0, 18006 Granada
 
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