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Los primeros pasos de Carson McCullers

  • La autora solo tenía 23 años cuando describió en El corazón es un cazador solitario, con una prosa deslumbrante una historia de olvidados
  • En un barrio paupérrimo de cualquier ciudad del sur de Estados Unidos en la década de los años cuarenta, varios personajes nos entregan su desvalido corazón

Sonia Asensio
Publicada el 15/09/2017 a las 06:00
El corazón es un cazador solitario
Carson McCullers
Seix-Barral
Barcelona
2017
  El verano es la estación de los clásicos. Su locus amoenus. El verano aleja la prisa y la inmediatez, atiende calmoso las voces que llegan del pasado y que se anillan con las del presente.  La literatura es una voz continua que nació con el ser humano. El verano aloja a Sófocles, inquieta con la relectura de Moby Dick, se expande con Laurence Sterne y su genial Tristram Shandy, tiene tiempo y espacio para Rafael Alberti que nos mece en el calor de su Arboleda perdida. En verano podemos desayunar sentados e incluso saborear la magdalena de Proust.

En junio de 2017 Seix Barral lanzó una edición conmemorativa de una novela fascinante de Carson McCullers, autora estadounidense nacida en 1917, El corazón es un cazador solitario. El prólogo de esta edición es de Elvira Lindo y en él desentraña con acierto y ternura las claves de unas páginas que desde luego no dejan indiferente a quienes hemos tenido la suerte de haber apostado por este clásico en estos días azules.

En un barrio paupérrimo de cualquier ciudad del sur de Estados Unidos en la década de los años cuarenta, varios personajes nos entregan su desvalido corazón, sus miserias y sus sueños. La niña Mick Kelly que vive en una casa de huéspedes con sus padres y sus hermanos quiere ser músico. Anhela aprender a componer lo que resuena una y otra vez en su cabeza, tocar las notas en un violín, en un piano. Jake Blount, que en sus delirios de borracho clama por la justicia mundial y la unión de un proletariado que malvive con sueldos irrisorios en condiciones infrahumanas. Briff Brannon, dueño del café Nueva York, abierto veinticuatro horas al día, todos los días del año. En este bar, comedor, lugar de reunión de todos los personajes, el señor Brannon atiende generosamente a quien le puede pagar y a quien no puede hacerlo.  Su corazón solitario reclama la compañía porque bien sabe que estar solo es el comienzo de una irreversible caída. Y en el centro, el mudo John Singer.

John Singer vive con otro sordomudo, el griego y gigante y desorientado Antonapoulous. La relación que mantienen no se hace explícita en la novela pero una tensión sexual y una dependencia brutal del mudo Singer hacia su amigo nos extraña y nos desconcierta. Cuando Antonapoulous es ingresado por sus familiares en una institución psiquiátrica, los días de Singer quedarán mutilados, cercenados, lisiados más allá de su mudez o de una sordera que no le impide comprender y escuchar a todos los personajes que mezclan su indigencia personal con un momento de la historia que la autora, tan joven cuando escribió esta novela, revela con una lucidez y una clarividencia que asombra, conocida después la historia de los Estados Unidos y también del ensangrentado siglo XX.

Porque el otro gran tema de El corazón es un cazador solitario es el segregacionismo de los negros, más pobres aún que cualquiera de los que malviven en estas ciudades del sur porque al menos estos últimos son blancos. En este sentido escuchamos las arengas del doctor Copeland, médico negro que tiene un sueño: luchar con una gran marcha de negros y de gente oprimida hacia Washington para conseguir los derechos civiles que les corresponden. La anticipación de lo que ocurrirá en la década de los sesenta con Martin Luther King asombra y conmueve. La autora solo tenía 23 años cuando creó a estos personajes y describió con una prosa deslumbrante una historia de olvidados, de apartados, una historia de la violencia que genera la miseria, del amor que crece a pesar de todo como una hermosa flor en un lodazal.

Ecos del nazismo en la vieja Europa. De todos los fascismos que azotaron el siglo pasado y que dan tanto miedo en esta Europa actual que genera odios y rechazos que debemos arrinconar con la fuerza del amor y la justicia social. Denuncia del racismo, del problema de los negros en el sur de Estados Unidos hace cien años que estremecen hoy después de la vigilia de un presidente negro que nos ha dejado una alternancia poco alentadora.

Cerrando el círculo, regreso a Como la sombra que se va, de Antonio Muñoz Molina. Un escritor para todas las estaciones. Imprescindible.

*Sonia Asensio es profesora de Literatura.

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