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Los libros

¿Olvidar la memoria?

  • David Rieff se pregunta si la memoria colectiva de una nación no solo está sobrevalorada, sino que es a la postre inútil y con frecuencia peligrosa
  • Hay que recordar que la memoria histórica constituye la primera teoría moral sobre las víctimas de la barbarie y de la impunidad

Hernando Valencia Villa Publicada 13/10/2017 a las 06:00 Actualizada 11/10/2017 a las 19:48    
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Elogio del olvido. Las paradojas de la memoria histórica
David Rieff

Traducción de Aurelio Major
Debate

Barcelona
2017
  El ensayista estadounidense David Rieff ha publicado ya una obra crítica y polémica de calidad sobre problemas públicos de actualidad como la asistencia humanitaria, la defensa de los derechos humanos y la ayuda contra el hambre. Su contribución se concentra en el cuestionamiento de la política “buenista” o de buenas intenciones, que parece estar en la raíz de estas y otras iniciativas filantrópicas tan características de nuestro tiempo. En tal sentido, se trata de un ejercicio de escepticismo muy saludable que pone a prueba las convicciones más progresistas y que permite tomar conciencia de las contradicciones políticas y morales subyacentes en ellas. Su reciente libro Elogio del olvido, cuyo texto original fue publicado en inglés en 2016, acaba de ser traducido al español y se ocupa de un tema central en el debate contemporáneo: la memoria histórica y su papel en los procesos de transición de la dictadura y la guerra a la democracia y la paz.


La desafiante tesis de Rieff es que “la amnesia personal que llamamos ‘muerte’ y la amnesia social que llamamos ‘olvido’ son las dos caras de la misma moneda” y que “la importancia histórica de un evento en su propio tiempo y en las décadas siguientes no garantiza que será recordado en el siglo próximo y menos aún en los siglos posteriores”. La memoria colectiva como reconstrucción social del pasado a la luz del presente fue definida por vez primera en la obra pionera del sociólogo francés Maurice Halbwachs durante el período de entreguerras, poco antes de que su autor fuera recluido en el campo de concentración nazi de Buchenwald y muriera de hambre en 1945, en brazos de su compañero de cautiverio el escritor español Jorge Semprún, quien ha dejado un testimonio conmovedor de este episodio en su libro La escritura o la vida (1995). Desde entonces, sostiene Rieff, la memoria histórica se ha convertido en un discurso ideológico que sirve tanto a causas progresistas cuanto a causas reaccionarias, en la medida en que el recuerdo del pasado luctuoso no está basado en hechos sino en interpretaciones. “La historia no es un menú. No se puede tener la solidaridad que un mito nacional forma y sustenta sin el ensimismamiento que lo acompaña, del mismo modo que no se puede tener el orgullo sin el miedo”. Más aún, ni el mundo ni las naciones tienen memoria; tan solo los individuos recuerdan.

La pregunta central que se formula en Elogio del olvido es entonces: ¿Y si la memoria colectiva de una nación no solo está sobrevalorada como medida de la coherencia de dicha sociedad, sino que es a la postre inútil y con frecuencia peligrosa? ¿Y si, en lugar proclamar el fin del significado, una medida razonable de olvido comunitario es en realidad la condición sine qua non de una sociedad pacífica y decente, mientras que la memoria constituye un riesgo político, social y moral? Rieff llega a sostener que hoy “fascistas y multiculturalistas, servidores del Estado y revolucionarios comprometidos en poner al Estado de rodillas, élites y antiélites, se unen para rendir homenaje al deber de la memoria”.

El siguiente objetivo del alegato de Rieff es el movimiento de derechos humanos, que representa la tentativa más ambiciosa de nuestro tiempo para diseñar y aplicar una ética universal, democrática y laica, basada en la dignidad humana común y orientada a la protección de cada persona, aquí y ahora. Nuestro autor reconoce el protagonismo de esta causa en el ámbito de la comunidad internacional, pero cuestiona su origen normativo, es decir, ideal, y su aspiración global o universal. “El movimiento de derechos humanos está, ante todo y sobre todo, fundado en el derecho; sus militantes están imbuidos no solo del idealismo de Kant sino también de otro elemento de la concepción kantiana que sostiene que el imperativo de la justicia es superior a todas las demás exigencias morales”. Este reproche, sin embargo, es al mismo tiempo un tributo al cual no puede sustraerse ni siquiera el irónico escepticismo de Rieff.

La crítica de Rieff concluye con una nota pragmática: “Puede ser la hora de dar una oportunidad al olvido, lo cual es otra manera de decir que es tiempo de dar una oportunidad a la política y un descanso al idealismo… Mientras olvidar no hace justicia al pasado, recordar no hace justicia al presente”. Y la autoridad de Borges tiene aquí la última palabra: “El olvido es la única venganza y el único perdón”.

Como ejercicio de la duda metódica en materia de ética política, Elogio del olvido es un libro no solo válido sino también valioso porque todas las ideas, aún las más entrañables, deben ser sometidas al escrutinio de la razón. Pero hay que recordar una vez más que el discurso de la memoria histórica es más, mucho más que una moda cultural. Se trata de uno de los signos de los tiempos, de una de las señas de identidad de nuestra época porque constituye la primera teoría moral sobre las víctimas de la barbarie y de la impunidad, y en tal sentido es una herramienta fundamental para la crítica del poder y la búsqueda de la justicia. Y si no existiera habría que inventarlo.

*Hernando Valencia Villa es doctor en Derecho por la Universidad de Yale y autor de Diccionario de derechos humanos (Espasa Calpe, 2003) y Hannah Arendt. Una vida del siglo XX (Panamericana, 2004).
 
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