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Los libros

La razón produce monstruos

  • El modernidad, y la globalización, no solo llevan ciencia y progreso a los países que las abrazan, pues los beneficios alcanzan casi siempre solo a una élite
  • Mishra puntualiza el hecho de que hay millones de personas afectadas por el resentimiento, el que produce ver las premisas del capitalismo

Publicada el 17/11/2017 a las 06:00
La edad de la ira. Una historia del presente
Pankaj Mishra
Galaxia Gutenberg
Madrid
2017
  Uno de los más famosos grabados de Goya lleva por título: "El sueño de la razón produce monstruos". Algo análogo quiere decirnos el autor indio Pankaj Mishra en la obra que nos ocupa, con la diferencia de que no es un sueño el monstruo que la razón ha producido, sino la inevitable consecuencia de su hegemonía. Y donde decimos razón, entiende Mishra la modernidad, que ha entrado en una era en la que el resentimiento y la ira son inevitables y globales. Su nuevo libro ensaya una explicación del presente, desplegando una erudición notable y recorriendo la historia de varias partes del mundo. Su peculiar posición en el mundo intelectual de hoy en día, originario de India y con gran conocimiento de la historia del Asia, y además con un conocimiento envidiable de la historia intelectual de Occidente, le otorgan una autoridad que pocos escritores poseen. Una autoridad que le hizo enfrentarse al historiador Niall Ferguson, por ejemplo, al hacer una reseña de su libro The West and the rest, en la que le reprocha leer la historia de Occidente con cristales no solo teñidos del color de su preferencia, sino opacos a buena parte de la historia de las últimas centurias.

El mundo occidental se ha fabricado una historia rosada de la emergencia de su modernidad, según la cual la ciencia y la racionalidad emergieron como faros de luz en las tinieblas de la edad media, disolviendo viejas creencias y supersticiones, y enrumbando por el camino del progreso. Además, las varias revoluciones políticas nos habrían procurado un mundo más democrático y provisto de más libertades. Si bien Mishra no niega esta visión de la historia, la considera incompleta y sesgada. La parte del mundo que vio surgir la industrialización, la expansión de la democracia, que promovió la promesa de igualdad, fraternidad y justicia para todos, también es el mismo que colonizó, no pocas veces de manera brutal, a buena parte del mundo, que se encaramó sobre la esclavitud para prosperar económicamente y que fue responsable de genocidios, guerras masivas y de la expoliación del planeta. La modernidad no solo ha traído progreso material, con todas sus expectativas de ascenso social, de una vida acomodada y justa, sino la frustración de millones al constatar que dichas expectativas no siempre pueden ser satisfechas, al contrario, se presentan cada vez más distantes al acumularse la riqueza en una minoría que protege sus predios y no está dispuesta a abrir las puertas de la prosperidad a todos.

Mishra puntualiza el hecho de que hay cientos de millones de gente afectada por el resentimiento, que ya habían estudiado también Nietzsche o Scheler, el que produce ver las premisas en las que se sustenta el capitalismo, esto es, de un avance de la libertad y la democracia y las oportunidades, convertidas en fuegos fatuos, y verse a sí mismos confinados a los márgenes del paraíso que se supone crea el mercado libre. Para mostrar el estado en que se encuentra el mundo Mishra opta por escoger episodios y escritores y líneas de confrontación intelectual que, a su parecer, ejemplifican este fenómeno de una ira generalizada, que lleva a fenómenos tan dispares como la bomba que pusiera Tim McVeigh en América, destrozando un edificio federal, y la desesperada huida de tantos europeos a convertirse en militantes del Daesh en Irak y Siria, por más que sus supuestas ideologías difieran en la superficie, no sin pasar por episodios como el de D'Annunzio tomando la ciudad de Fiume con un pequeño ejército que inspiraría más tarde al fascismo italiano, además de detenerse en el surgimiento del nacionalismo hinduista de la mano de ideólogos que vislumbran un futuro de regeneración de la vieja gloria Hindú (lo cual podría suponer la eliminación genocida de la gran minoría islámica de la India). Por su recuento de la historia pasan los nacionalistas de Alemania, los revolucionarios rusos, los anarquistas o los nacionalistas italianos como Mazzini, que inspirarían a otros ideólogos en lugares tan distantes como la India.

La modernidad, y la globalización, no solo llevan ciencia y progreso a los países que las abrazan, pues los beneficios alcanzan casi siempre en los países emergentes solo a una élite. Además, al acarrear un enorme poder disolvente del tejido de las sociedades a las que llega, en cuanto disrupción de las viejas tradiciones, religiones y creencias, la modernidad deja a muchas comunidades en un limbo entre el universo precedente y el que no pueden compartir con plenitud, con las consiguientes confusión y dislocación existenciales. Para ilustrar estos puntos Mishra se vale, entre otras, de la confrontación entre Voltaire, con su confianza plena en el poder de la razón para iluminar los caminos del mundo, y Rousseau, quien ya viera en la entronización del individualismo, la codicia y la vanidad, signos de degeneración moral y vital. Voltaire, quien también era empresario, alabó en su tiempo a gente como Catarina de Rusia y se mostró favorable a la desaparición de Polonia, expresando una de las características del nuevo mundo moderno: la primacía de la ganancia material por sobre todas las cosas. Las ideas de Rousseau, en cambio, inspirarían a toda una generación de románticos que privilegiaban la elevación del espíritu por sobre el progreso material y que le dieron sustento intelectual a la idea de un espíritu del pueblo o de las naciones, algo que persiste hasta nuestros días. Para Mishra no hay demasiada diferencia entre el romántico que va a pelear por una causa nacionalista, aunque fuera foránea, y el joven desencantado de Europa que va a luchar por el Daesh en Siria. Ambos encuentran un sentido existencial en dichas luchas, aunque no por las aparentes razones, sino por el resentimiento que produce sentirse excluido de los privilegios del progreso material y por ver desmoronarse los valores de sus ancestros, a la vez que sentirse foráneo en el propio lugar de nacimiento. Mishra enfatiza que estos jóvenes islamistas radicalizados tienen una educación religiosa muy pobre, como tampoco la tienen incluso los que les incitaron a seguir este camino, imanes con poca formación, y que lo que les lleva a emprender tal camino es verse como excretados del proceso iniciado por la modernidad. A todo esto debe añadirse algo que occidente prefiere olvidar, que es el colonialismo, el cual está cualquier cosa menos olvidado en los países que lo sufrieron, lo que aumenta el resentimiento y la ira.

El mismo fenómeno le parece evidente a Mishra en su propio país, ahora gobernado por un hinduista radical probablemente corresponsable de una matanza de musulmanes cuando era el gobernador de Gujarat, pero a quien sus compatriotas votaron por una clara mayoría. India es un país de enormes contradicciones en el que, de una parte, envían satélites a Marte, usando la más alta tecnología, y de otra parte, un tercio de la población no tiene acceso a servicios sanitarios o es analfabeta. En dicha situación, en la que un tercio de la población se ve excluida de los beneficios del crecimiento económico y habitante de las márgenes pauperizadas del mismo, no es difícil que venga alguien prometiendo la restauración de la gloria mítica del pasado y atraiga la atención de una población mayoritariamente joven, como en todo país emergente.

Incluso en los países económicamente más avanzados, como los europeos, vemos el surgimiento de una corriente de opinión más inclinada a la derecha radical, excluyente de los extranjeros y nacionalista. Todos estos fenómenos, según Mishra argumenta en este libro de gran erudición y elegancia expositiva, están conectados y no son excepciones, sino parte del proceso mismo de la modernidad, que no solo produce dulces sueños, sino monstruos que ahora vienen a hacer realidad otros sueños que creíamos olvidados. Como en sus otros libros, lo que expone no está exento de polémica, pero esa es la función de un libro ensayístico, el provocar la discusión que necesitamos ahora más que nunca, sino queremos ver que los ataques terroristas, y las derechas radicales, y los militantes islámicos se multipliquen hasta provocar una reacción como las que vimos en el siglo veinte, con guerras catastróficas y exterminios masivos. Mishra cree que el presente tiene una historia distinta de la que nos contamos a nosotros mismos en tintes favorables y que ignorarla es incurrir en el riesgo de repetirla y repetirla.

*Frans van den Broek es escritor. 

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1 Comentarios
  • irreligionproletaria irreligionproletaria 20/11/17 12:12

    Magnifico arlo. El tema del texto de Mishra fundamenta para despertarnos de la sociedad en la que vivimos occidentales y orientales.

    El aguafuerte num. 43 de la serie de Caprichos de Goya, pretende: 'flagelar la ignorancia del pueblo, los vicios de los monjes y la estupidez de los grandes. La estampa ofrece un mundo de pesadilla; Goya no convierte la razón en verdad, no juzga los monstruos, sólo los expone; nos presenta el mundo de la noche, característica de la totalidad de los 'Caprichos' : una inversión del día'

    Goya describe la sociedad contemporanea suya de 1780, siglo XVIII...Estamos en el XXI y para representar nuestra realidad en lo universal/social, devienen pertinentes sus 'monstruos' 

    Hemos aceptado lo material como objetivo, prescindiendo del desarrollo humano.  Los valores perseguidos en todo el mundo son: TENER cosas a las que el poder financiero les asigna un valor variable,  convirtiéndose en el eje social de oriente y occidente. 

    ¿Qué valor damos a los 'seres humanos'? Ninguno, simple consumidor...intranscendente, somos miles de millones en el mundo. 

    Tenemos necesidades para sobrevivir y desarrollarnos, pero son limitadas. Lo importante es SER, no 'tener' cosas materiales.

    Las  potencias que nos definen humanos, son facultades intangibles, no tienen precio/valor, no cotizan en mercados financieros... las sentimos o acusamos su carencia, pero no están en venta.

    ¿Por qué no paramos y desmontamos de una vez todo este entramado de sufrimiento para todos?

    Los sacrificados para lograr la riqueza de unos pocos, padecen y fallecen...hay muchos para reponer ...Pero, el que para conseguir tener, provoca el sufrimiento de la mayoria... tampoco es feliz; cada dia mas vacio que intenta llenar con mas cosas,  que manifiestan mas vacio...Y, entre tanto...muerte, destrucción, violaciones fisicas y psiquicas...

    ¿Hablamos de valorar al 'ser humano'?

    Gracias por un gran arlo.

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