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Los libros

Una década prodigiosa

  • En El hoy es malo, pero el mañana es mío los vencidos de la Guerra Civil sobreviven en una sociedad marcada por la dictadura
  • Sebastián Lanza, ambicioso y triunfador, y Vidal Lamarca, taciturno y discreto, protagonizan un pasado reconstruido treinta años después

Pedro M. Domene Publicada 01/12/2017 a las 06:00 Actualizada 30/11/2017 a las 16:45    
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El hoy es malo, pero el mañana es mío
Salvador Compán

Espasa
Madrid

2017
  La vida de las gentes y de los pueblos, sus hábitos y costumbres pasan por momentos en los que el tiempo se detiene, el curso histórico provoca los cambios suficientes y se altera el modo de vida, surgen rupturas que multiplican las diferencias sociales y se entra en una oscura era de cambios en los que se recurre a la represión, al miedo y al terror más absolutos. Una vez finalizada la Guerra Civil española, los vencedores impusieron la coacción y el castigo, y la sociedad quedó envuelta en una larga y triste posguerra durante los cuarenta y cincuenta hasta que, bien entrada la década de los sesenta, aires nuevos provocarían una auténtica conmoción en la vida cotidiana que se transformó en la aparente visión de una España diferente. Una simulada metamorfosis en pleno franquismo, en el desarrollo de una dictadura, y frente a una silenciada lucha por las libertades, cuando las oscuras prácticas policiales y la represión eran todavía moneda corriente.

Ciertos momentos de una singular extrañeza, e incluso impulsos o simples impresiones justificarían toda una labor narrativa tras un proceso de aprendizaje, tal vez porque las historias inventadas a lo largo de toda una época de tanteos solo se justifican cuando el narrador busca en cada página escrita la expresión personal de una creíble y futura voz literaria. Sobresale una válida voluntad adolescente por encontrar un singular modismo artístico, la búsqueda de nuevos temas y formas de expresión con que reinventar argumentos universales: el mundo del deseo, el amor y la infidelidad, la libertad y la locura, el pasado y la memoria, o una permanente y profunda reflexión sobre el pasado y el presente, como lo entiende Salvador Compán (Úbeda, Jaén, 1949). Ha fraguado el sentido de una narrativa con la heterogeneidad suficiente y la insatisfacción personal para mover a sus personajes por distintas etapas históricas que fundamentan ese principio de inconformismo o ejemplifican el sentido de una justicia. 

El Guadalquivir no llega hasta el mar (1990) reivindica el anarquismo del XIX español; Madrugada (1996) nos sumerge en un escenario de relato negro; Un trozo de jardín (1999) cuestiona, en un carmen del Albaicín granadino, el enigmático amor entre Ángel Ganivet y Casta Cabezas; Cuaderno de viaje (2000), finalista del Premio Planeta, reconstruye la falsa biografía de la familia Seisdedos; Tras la mirada (2003) es deseo y venganza en una reconocida Córdoba; Palabras insensatas que tú comprenderás (2012), el homenaje a María Lejárraga para recuperar el protagonismo de esta singular mujer. Y su reciente El hoy es malo, pero el mañana es mío (2017) es una historia que, desde el final de la Guerra Civil hasta bien entrada la década de los sesenta, obliga a los vencidos a sobrevivir en una sociedad marcada por la dictadura. Salvador Compán, pese a lo espinoso de la trama, construye una narración tan ágil como sugerente, consigue alternar sus historias dentro de misma línea narrativa con un hilo conductor común a todas. Guerra Civil, posguerra y los sesenta como episodios para desarrollar, una vez más, una profunda reflexión sobre pasado del jienense; y en lugares concretos, simbólicos o geográficos, Almería, Baena y Daza (evidente acrónimo de Úbeda y Baeza), espacios andaluces donde se desarrolla la mayor parte de la acción narrativa.

La novela queda estructurada en cinco extensas partes que alternan los años importantes y destacables de cada uno de sus personajes, cuyos nombres encabezan los capítulos, al tiempo que un narrador omnisciente nos irá relatando la historia a contar. Un “Prólogo” previo sitúa al lector en la trama que Compán irá desarrollando en las páginas siguientes, concretamente entre 1936 y 1969; sin embargo, más que otro relato sobre nuestro pasado bélico, se trata dar cuenta de una desmesurada visión sobre los años de una larga injusticia colectiva y particular, alimentada por exceso de odios y de continuas venganzas y, sobre todo, El hoy es malo, pero el mañana es mío se traduce en un relato sobre ese desarraigo con que han convivido las últimas generaciones, la constatación de la pérdida de una identidad como seres libres a comienzos del pasado siglo XX, el sufrimiento de una larga posguerra de absoluto ostracismo, envuelta en una gama de tonos grises y de una oscura y violenta convivencia donde el odio y la venganza nunca fueron superadas.

Sebastián Lanza, ambicioso y triunfador, y Vidal Lamarca, taciturno y discreto, protagonizan un pasado que el joven Pablo Suances reconstruye treinta años después, alternando las voces de unos atormentados personajes que a lo largo de sus vidas han querido sobrevivir a una extensa y continua humillación, donde la hipocresía, sobre todo la religiosa, obligaba a ciertas actitudes sociales donde el sexo o la homosexualidad formaban parte del más absoluto tabú de una realidad fingida. Pero sin duda, es la crónica de una traición personal, la de Vidal Lamarca, un hombre hermético y solitario, testigo a los 15 años de una cruenta guerra que marcará tanto su presente como su futuro, encarcelado y a punto de ser fusilado, solo la ignominia y el egoísmo de Sebastián Lanza lo convierten en un ser desposeído de toda condición humana, un vencido, porque Lanza representará a lo largo de toda su vida el poder, alguien que por puro egoísmo le salva la vida, se convierte en su protector y en su amante, en realidad, su amo. La sombra de ese vencedor que sometió a la sociedad española en un inamovible concepto para olvidar el pasado.

Otros personajes fortalecen el relato de Compán, las mujeres, Clara Hervás y Rosa Teba, símbolos de una dignidad perdida, o los conocidos Rafael Zabaleta, Manoel Mendes y Antonio Machado; y el resto, Raúl Colón, Luci Diosdado, o Bocanegra conforman esa curiosa marioneta de conformismo y frustración, lo  mismo que el padre del narrador, Suances, el único amigo de Vidal en Daza por afinidad política, y lo más curioso de El hoy es malo, pero el mañana es mío la proyección de Lamarca y ese paralelo testimonio gráfico, a modo de redención, que irá dibujando y le servirá al joven Suances, como el mejor ejemplo de un futuro cuando en la historieta final comprenda la historia, un libro gráfico que será publicado en París, como no podía ser menos, allí donde solo podía acabar una realidad que, como en España, sí podría ser modificada.

*Pedro M. Domene es escritor. Su último libro es El secreto de las Beguinas (Trifaldi, 2016).
 
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