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Los libros

Una autobiografía

  • Los tres grandes apartados del libro se centran en el paso del tiempo, en los vínculos familiares y en las relaciones con la tradición literaria
  • El título tiene su origen en una postal de Emilio Prados al pintor Manuel Ángeles Ortiz a propósito de Litoral: “La revista no ha salido por exceso de buen tiempo”

Antonio Jiménez Millán Publicada 21/12/2017 a las 22:00 Actualizada 22/12/2017 a las 00:00    
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Exceso de buen tiempo
José Antonio Mesa Toré

Madrid
Visor

2017
  Al final de Exceso de buen tiempo, un haiku dice: “Libros ajenos./ En ellos se perdió/ tu poesía”. En esa dedicación a la obra de los demás y no a la propia tal vez resida la clave de la tardanza de este nuevo libro de José Antonio Mesa Toré (Málaga, 1963), que ganó en 2016 el premio Ciudad de Melilla y ha sido publicado por la editorial Visor. Después de algunos cuadernos de aprendizaje (habría que destacar Jóvenes en el daguerrotipo, publicado por Ángel Caffarena en 1987), Mesa Toré ganó el premio Rey Juan Carlos I con El amigo imaginario (1991), un libro muy representativo de la poesía de los noventa por su sabia mezcla de perfección formal, ironía y leve desencanto: ahí demostraba ya su autor una indiscutible madurez, consolidada con La primavera nórdica (1999), un título inspirado en Luis Cernuda (“La primavera nórdica, como el amor, es falsa”) y publicado por Pre-textos. El título del libro más reciente tiene su origen en una postal de Emilio Prados al pintor Manuel Ángeles Ortiz a propósito de la revista Litoral: “La revista no ha salido por exceso de buen tiempo”. Esa indolencia mediterránea aparece en varios momentos del libro, pero no olvidemos tampoco el “Exceso de trabajo”: así se llama el haiku mencionado al inicio.

Exceso de buen tiempo es una hermosa autobiografía, por decirlo al modo de Giuseppe Ungaretti. En cierto modo podría ser también una “novela en verso”, recordando a otro autor italiano del siglo XX, en este caso Attilio Bertolucci. Pero esa autobiografía es, ante todo, una construcción que va definiéndose tanto en la estructura compleja del libro como en las relaciones intertextuales. Hay muchísimas referencias –casi siempre, versos citados, o incorporados al desarrollo del poema— a la obra de Catulo, Góngora, García Lorca, Alberti, Cernuda, Altolaguirre, Prados, Éluard, Blas de Otero, Pablo García Baena, María Victoria Atencia, Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, Francisco Brines y, en un espacio más próximo, se observa la complicidad con el poeta sueco Lasse Söderberg y con Aurora Luque.

Los tres grandes apartados del libro –hay luego muchas subdivisiones— tienen una clara coherencia temática. Se centran en el paso del tiempo (“Primavera tardía”), en la relación de pareja, la adopción y los vínculos familiares (“Libro de familia”) y, finalmente, en las relaciones con la tradición literaria, en absoluto ajena a la trayectoria vital del autor (“Con la edad de plata”). José Antonio Mesa Toré utiliza en este libro un amplio repertorio de recursos estilísticos y de fórmulas expresivas: junto a poemas narrativos de cierta extensión encontramos numerosos haikus e incluso algún texto explicativo en prosa. Se ve desde el inicio: después de un haiku (“Ah, nuestra vida:/ ese día de sol/ en el que llueve.”), los poemas reflexivos de la sección “Sin norte” se preguntan sobre la situación vital del protagonista y la posibilidad de “ser otro” (un tema muy borgiano que aparece en “La música que bailan”) o por el nexo entre pasado y futuro a través de la memoria.

En el apartado central, “Libro de familia”, se nos presenta la música como lenguaje poético por excelencia, en una clara alusión al romanticismo alemán, para introducirse después en las luces y sombras del amor (“Díptico del ángel y su demonio”), en los celos (en el poema “Horas de vuelo”: “Desconfía/ de la lumbre que guardan los poemas/ y se empeña en volar a mi pasado/ como si fueran suyos los fantasmas/ que respiran en mí…”), en los detalles de la vida doméstica (“El perro”). El paso del tiempo sobre el amor, la cara oscura del desgaste o la degradación se condensan en la figura del vampiro (“Negras cavilaciones en la luna de miel”) o se tratan con procedimientos afines al barroco, a base de contrastes –fuego/hielo…— (“Elogio de la erosión”).

Los dos viajes para adoptar a una hija ocupan la sección “Madre Rusia” (el país de destino justifica las citas de Afanasiev o Klebnikov). Los poemas nos trasladan a una naturaleza hostil, a unos jardines descuidados (“Aunque no haya belleza en el jardín/ pues nadie lo cuida / y el soplo helado de la estepa tarda…”), a unas habitaciones oscuras que marcan el contexto y los ambientes sórdidos de la adopción (“Esperando la anunciación del ángel”). El extenso poema final se presenta como continuación explícita del lorquiano “Grito hacia Roma” de Poeta en Nueva York (“Grito hacia la tercera Roma”). Los últimos poemas del apartado “Libro de familia”, “Al sur de algún país”, contemplan la adaptación de la hija a los paisajes familiares de la Axarquía malagueña, de la Alpujarra o del Algarve portugués (en el magnífico poema “Lugar sagrado”).

El título del tercer y último apartado, “Con la edad de plata”, establece una calculada ambigüedad entre la madurez del protagonista y un periodo bien conocido de la cultura española del siglo XX. El título del libro se ajusta muy bien a poemas como “Arena en los ojos” o “Cerveza caliente”; el sentido elegíaco es bien visible en otros que se refieren a personas cercanas que ya no están (“Llanto por Emilio” y “Una limosna”, dedicado al poeta José A. Padilla). José Antonio Mesa Toré dirige actualmente el Centro de la Generación del 27 en Málaga y ha trabajado en dicha institución desde 1999; no es de extrañar que en la sección final del libro se inserten homenajes a Juan Rejano, José Moreno Villa o Luis Cernuda y, en relación con este último, a Francisco Brines. Vemos ahora una nueva fórmula expresiva, el monólogo dramático, y una veta de denuncia social que ataca la injusticia y la indiferencia (“Pieles blancas al sol de Italia”, “Desahuciado árbol de Navidad”). Y si, al inicio, el autor se preguntaba si había perdido su vida, en el último texto del libro habla de la posibilidad de fijarla en los poemas a través de una distanciada emoción: “Mas para qué engañarnos: siempre es vano el empeño/ de quien con la palabra ansía devolver la vida al día/ que es ya solo memoria, sueño, estatua” (“Alfiler y mariposa”).

*Antonio Jiménez Millán es poeta y profesor de literatura. Su último libro, la antología Ciudades (Renacimiento, 2016).
 
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