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Club de lectura

Thomas Mann según Platón

  • En La muerte en Venecia, el escritor busca aquella esencia que está detrás de lo aparente, mostrándonos la lucha entre lo instintivo y lo racional
  • El ficticio Von Aschenbach reflexionará sobre la validez del mundo de lo sensible (aquel que captamos con los sentidos) y el mundo inteligible (o de las ideas)

Ramón Sanchis Publicada 06/04/2018 a las 06:00 Actualizada 05/04/2018 a las 20:56    
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El escritor Thomas Mann en 1905.

El escritor Thomas Mann en 1905.

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El libro durmiente comenzó su andadura como club de lectura en junio de 2003. Su nombre hace referencia a la necesidad de rescatar los valores y principios que duermen en el seno de los libros. El libro durmiente se define como una entidad creada sin fin de lucro. Nuestra acción adquiere la condición de voluntariado cultural. Desde el año 2012, correspondiendo con el período lectivo, impartimos los talleres de escritura creativa, en dos niveles: básico y avanzado. Finalmente, la invitación a los autores para presentar sus obras o impartir clases magistrales sobre las técnicas de escritura ha dado lugar a la creación de un foro literario, donde confluyen los lectores, libros y escritores, compartiendo ideas e inquietudes en pro de la cultura.
 
La muerte en Venecia

Thomas Mann
Navona
Barcelona
2017
  El libro de Thomas Mann, La muerte en Venecia, publicado en 1912, es una obra maestra por su bella expresión y profundidad. Su argumento guarda relación con el final de un época feliz y desenfadada (la belle époque) y muestra los valores de una Europa en los momentos previos a desintegrarse a causa de la Gran Guerra. Esta es la historia que narra:

A sus cincuenta años, el afamado escritor Gustav von Aschenbach, agobiado por el excesivo y continuado trabajo que requiere la composición de sus obras y la atención debida a las demandas de su público, decide tomar unos días de descanso junto al mar. Finalmente recalará en Venecia, "la más deslumbrante de las ciudades", hospedándose en el Lido; esa ciudad de elegantes palacios, maravillosos puentes, y gráciles embarcaderos, hecha para el solaz de los sentidos y recreo del alma. Allí conocerá Von Aschenbach a un joven adolescente polaco, Tadzio, del cual quedará profundamente enamorado; un bello efebo de unos 14 años cuyo aspecto físico roza la perfección, con el rostro "pálido y graciosamente reservado, la rizosa cabellera color miel que lo enmarcaba, la nariz rectilínea, la boca adorable y una expresión de seriedad divina y deliciosa hacían pensar en la estatuaria griega de la época más noble…".

Con gran maestría en las descripciones de los lugares y personajes, La muerte en Venecia se muestra pródiga en imágenes de un tiempo pasado que se desvanece, elegante, refinado y burgués, puesto que el autor nos presenta, de un modo magistral, la vida desde la óptica de un escritor culto y tal vez caduco… un tanto avejentado y decadente, que ya no entiende ni participa del mundo que le rodea; un personaje que atraviesa una profunda crisis personal y de creatividad, en donde existe una pugna soterrada entre la búsqueda de una elevada espiritualidad y la tendencia sensual a disfrutar de los instantes de la vida. En este sentido, donde seguramente hay mucho de autobiografía del autor, se perfila en toda la obra, una atmósfera de nostalgia y sensualismo, un aura de clasicismo latente, plagado de referencias mitológicas y guiños al pensamiento griego clásico.

No en balde, Venecia es el marco elegido por el autor para mostrarnos la añoranza que siente Aschenbach por un mundo que fenece; una ciudad elegante, refinada y señorial, que ofrece una natural distinción y armonía; ciudad que, por otra parte, se nos muestra también como "la bella equívoca y lisonjera, la ciudad mitad fábula y mitad trampa de forasteros, cuya atmósfera corrupta fue testigo, en otros tiempos, de una lujuriante floración artística, e inspiró a más de un compositor melodías lascivamente arrulladoras". En suma, una ciudad que propicia la inspiración más elevada, y a la par, sirve de acicate a los sentidos y rinde culto a lo sensual. Pero además, una ciudad contaminada, maloliente e insalubre en los cálidos estíos, acosada por epidemias, que tal como se dirá en el texto… "estaba enferma y lo disimulaba por afán de lucro".

En esta obra el autor ha querido ofrecer su concepción del arte, fundamentada en la visión clásica que aporta Platón en sus Diálogos. De hecho, el autor recurre a contarnos un sueño en que imagina, junto a la muralla de Atenas, a Sócrates conversando con Fedro sobre el sentido de la belleza: en él abordará aspectos tales como como la pasión por el amado, el placer y el dolor, el mundo sensible y lo sensual, la capacidad de asombro, la admiración por la belleza en sí misma, el entusiasmo del alma ante la sublime perfección, y se planteará si el camino del arte es capaz de llevarnos hacia el conocimiento y la sabiduría.

¿En dónde reside el arte?, se preguntará el texto, "¿quién podría descifrar la naturaleza y esencia del temperamento artístico? ¿Quién podría comprender la profunda e instintiva síntesis de disciplina y desenfreno que le sirve de base". El escritor Von Aschenbach, encadenado por este amor, reflexionará sobre la validez del mundo de lo sensible (aquel que captamos con los sentidos) y el mundo inteligible (o de las ideas), pues según el filósofo Platón, el alma pertenece a ambos mundos y ha de encontrar el equilibrio entre esas dos realidades. Hasta ese momento ha llevado una vida de trabajo y esfuerzo, organizada y estable, metódica y comprometida con su arte, responsable, sacrificando sus apetencias personales por bien de su oficio… "porque el arte es una guerra: es autodominio, obstinación, perseverancia y constancia". En cambio, ahora, enamorado del joven Tadzio, se siente atado por un erotismo que al principio es de naturaleza romántica y platónica (desapegada de lo sensible, gobernado por el influjo del dios Eros), aunque poco a poco, se torna en puro deseo instintivo sin control.

Según la visión platónica, el artista y el amante descubren la belleza en los objetos y seres, atándose a ellos por su sensibilidad. Y dado que múltiples cuerpos bellos participan de la belleza, el artista y el amante, llegan a descubrir que existe una belleza en sí misma que se manifiesta en variados seres y objetos. Finalmente comprenden, a pesar de la belleza que captan en ellos, que tal belleza es un mero reflejo de una idea más elevada: la Belleza o Lo Bello. E incluso, el matemático, el músico (y el filósofo en mayor medida), tienen mayor capacidad de comprender la Belleza que el amante y el artista, porque ellos ya se han enamorado de seres incorpóreos, tales como las notas musicales (que son frecuencias, relaciones numéricas), las proporciones geométricas, la perfección del universo, la verdadera ciencia y el arte en sí mismos, o bien, los arquetipos e ideas puras, tales como la bondad, la verdad, la justicia, la belleza o la idea del bien. Ellos se hallan en disposición de trascender la belleza que ven en los cuerpos y objetos para atrapar la Belleza que es la esencia que subyace tras los múltiples seres y objetos.

Por ello se cita en el texto de La muerte en Venecia que "razón de dicha es para el escritor el pensamiento capaz de transmutarse, todo él, en sentimiento, y el sentimiento capaz de devenir, todo él, idea". Es decir, "elevar su belleza al plano espiritual". Y al respecto, dirá Aschenbach cuando llega a concebir tal profundidad: "Nunca había sentido con mayor dulzura el placer de la palabra, ni había sido consciente de que Eros moraba en ella".

También se cita en el texto que los poetas (o literatos en general) no son de fiar, pues son ambiguos, están más aferrados a lo sensible que a lo inteligible y, en consecuencia, no están en disposición de alcanzar el verdadero conocimiento, la sabiduría… tal como se afirma de Aschenbach, porque el erotismo y enamoramiento que le embarga, le aparta del camino sólido y tenaz con que se labró una personalidad, un respeto.

Por ello, cuando Aschenbach compone un grandioso poema teniendo a la vista a Tadzio, dirá: "Es, sin duda, positivo que el mundo solo conozca la obra bella y no sus orígenes ni las circunstancias que acompañaron su génesis…", porque estas circunstancias suelen ser pasionales, mundanas, prosaicas, aunque es obvio que el escritor se inspira en dichas vivencias, las necesita para crear.

En suma, en la obra de La muerte en Venecia, el autor compendia la visión platónica sobre el arte y la búsqueda de la belleza en sí misma, aquella esencia que está detrás de lo aparente… mostrándonos, a través del protagonista, la lucha entre lo instintivo y lo racional; una lucha que podría llevarle, en caso de superar lo primario e instintivo, a descubrir la verdadera Belleza y Sabiduría. Una pugna entre dos concepciones, lo apolíneo y lo dionisíaco.

Pero no estaría completo este análisis si no mostráramos otro de los pilares en los que se apoya el texto: la decadencia de occidente a principios del siglo XX, en donde hay una pérdida de valores que desencadenará unos años después en la Gran Guerra mundial. Se narra el hundimiento de una sociedad culta que deja atrás los valores, la armonía y la esencia del mundo clásico que perduraron hasta aquel momento. En el relato discurren también, en paralelo, la decadencia de la ciudad (sus infraestructuras insalubres, la peste, el afán de lucro, la corrupción…) y la decadencia del protagonista (atrapado entre la rígida educación y las vivencias que despiertan su imaginación).

Hay un cúmulo de temas en La muerte en Venecia que enriquecen esta obra maestra de la literatura. Temas que apuntamos, aunque no podamos desarrollarlos con la debida amplitud: la homosexualidad latente en el texto y la exclusión de la mujer, la soledad, el proceso de creación literaria, las citas mitológicas, la interpretación simbólica de los sueños de Von Aschenbach, las reflexiones íntimas del personaje.
 
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