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El rincón de los lectores

Los últimos pistoleros: análisis de una portada

  • En Cuando los tontos mandan, Javier Marías se presenta a sí mismo como un James Stewart, el héroe justo al que los malvados acorralan
  • El columnista de El País Semanal se equivoca. Lo que se persigue no es su trono de mandarín, sino un diálogo sin soberbia y basado en datos

Alberto Gómez Publicada 27/04/2018 a las 06:00 Actualizada 26/04/2018 a las 18:18    
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Dice el adagio que no hay que juzgar un libro por su portada. Pero los refranes como las estadísticas, están para romperlos. Y no resisto la tentación de hacer un análisis, aunque sea somero, de la portada del último libro de Javier Marías: Cuando los tontos mandan. Por lo demás, el contenido nos es —a mí y seguramente a ustedes— de sobra conocido, pues la obra reúne muchas de las columnas publicadas en El País Semanal por el escritor madrileño durante los últimos meses.

  El título, de hecho, es también el de un texto suyo aparecido en el semanario de PRISA donde el autor de Corazón tan blanco se burla del sindicato de estudiantes de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres, y de sus miembros, por pedir que desaparezcan del programa —del programa de estudios orientales y africanos, insistimos; no del de Historia de la Filosofía— pensadores como Descartes o Platón, al considerar que su presencia es una muestra más del eurocentrismo, el etnocentrismo y el colonialismo que siguen presidiendo los estudios de este tipo en Inglaterra.

De hecho, Tom Whyman escribió en The Guardian sobre comentarios como el de Marías y que se burlaban de esta petición: "Si uno lee los artículos sobre esta historia puede acabar convencido de que estaba a punto de producirse un gran acto de barbarie intelectual. Pero, en verdad, la noción de que algo adverso está sucediendo es en su mayoría una tontería". Y destacaba cómo tiene bastante sentido pedir, en una Universidad donde se estudia el pensamiento africano y oriental, que los programas no estén colonizados por los pensadores occidentales. Tom Whyman, por cierto, es escritor y profesor de filosofía en la Universidad de Essex. Y aparentemente, un tonto.

Pero para empezar con la portada en sí, he de referirme a otro dominical. En concreto, a XL Semanal, donde en julio de 2016 el escritor Pérez-Reverte escribió una columna titulada "Viejos pistoleros", en la que relata una conversación nocturna con Marías donde ambos se comparan con unos viejos pistoleros a los que los jóvenes aspirantes a estrellas mediáticas desean liquidar.

Un año después aproximadamente, y en el mismo suplemento, aparecía una entrevista al propio Reverte, a Marías y a Vargas Llosa que, haciendo uso de las palabras del primero se titulaba precisamente: "Somos los últimos pistoleros". En esa entrevista, las tres glorias de nuestras letras se mofaban de los estudiantes de la Universidad de San Sebastián por —tontos también ellos— querer acabar con el amor romántico, al entender que el relato creado en torno a este tipo de amor es una de las causas principales de que, por ejemplo, muchas generaciones de mujeres hayan aceptado como algo inherente al amor los malos tratos machistas.

Ahora, es Javier Marías el que sigue con su identificación con el viejo pistolero y coloca en la portada de su último libro una foto en la que aparece James Stewart casi rendido —el rifle no apunta a nadie—y varias manos, sin sus respectivos cuerpos, que apuntan a nuestro héroe con sus revólveres. El fotograma proviene, creo —pero me puede fallar la memoria y tampoco es lo más importante— de Winchester 73. En cualquier caso, representa cómo se ve Marías a sí mismo: como el héroe justo al que los malvados acorralan. El solitario al que la muchedumbre ignorante intenta asesinar. No voy a entrar en las razones psicológicas que llevan a una persona a verse a sí mismo como el héroe solitario al que todos desean ver muerto. Pero sí me parece interesante analizar la idea de lo que debe ser la vida pública que se desprende de esta visión.

En primer lugar, conviene contextualizar todavía un poco más la portada. Para ello basta acudir a una afirmación de la columna ya citada arriba y de la que el libro toma el título. En ella afirmaba Marías: "La presión sobre la libertad de opinión se ha hecho inaguantable. Se miden tanto las palabras –no se vaya a ofender cualquier tonto ruidoso, o las legiones que de inmediato se le suman en las redes sociales– que casi nadie dice lo que piensa. Y casi nadie osa contestar: 'Eso es una majadería".

Casi nadie dice lo que piensa. Casi nadie osa contestar. Pero Marías sí. Marías se atreve. Él es el último pistolero, por decirlo con el título de otro western. Un outsider, aunque pertenezca a la cima del sistema y esté establecido en ella desde hace décadas. Esta es la afirmación que no se incluye en la columna, pero que se deduce de la misma y también de la imagen elegida para ilustrar el libro.

Una imagen que ofrece, además, otras enseñanzas. Es revelador, así, que las manos que apuntan a Stewart/Marías no tengan rostro, ya que, de este modo, quien lo apunta puede ser cualquiera: usted, yo o aquel a quien el cansado pero aún no rendido Javier Marías decida señalar desde su tribuna éste o el próximo domingo. Y llamarle tonto.

Porque si Marías —y Reverte o Vargas Llosa— son los héroes, los últimos pistoleros, los hombres solitarios cargados de justicia y de razón, ¿los tontos que mandan somos los demás? ¿Somos los demás quienes sostenemos esas pistolas sin rostro detrás? ¿Estamos intentando acabar con la élite cultural de este país por pura ambición y por simple codicia? ¿La verdad reside sólo en unas voces cultas, que han de liderarnos y los demás, incultos todos, hemos de atender a sus homilías dominicales como si escucháramos la voz de Dios? ¿Debe producirse así el debate público?

Creo que, una vez más, Marías se equivoca. Lo que se persigue no es su trono de mandarín. Ni el puesto de columnista en El País Semanal. Ni la fama. Lo que se persigue es un diálogo sin soberbia y basado en datos en el que, quienes ostentan hoy, todavía, un gran poder cultural y mediático no se encastillen y se avengan a discutir con el resto de participantes. Sin calificarlos inmediatamente como tontos sólo por poner en duda o en crisis sus modelos culturales o su visión del mundo. Lo que se persigue es conseguir que ellos duden. Y, por supuesto, que nos hagan dudar.

Lo que no se entiende desde ciertas élites culturales del país es que la comunicación social ha cambiado, y ya no es unidireccional: y por lo tanto ya no vale la imagen de un héroe solitario y justo que se enfrenta o le habla a una masa analfabeta. Ha pasado ya el tiempo de las tribunas desde las que intelectuales con prestigio lanzaban sus arengas para una multitud que los escuchaba extasiada y sin intervenir. O que necesitaba un articulista que, cual cirujano de hierro moral, le señalase sus propias deficiencias éticas o sociales. La opinión pública no pide tomar la palabra: la ha tomado. Y tachar de "tonto" o "idiota" a todo aquel que no piensa como tú y pone en duda tu visión del mundo —una visión casi religiosa, por ideal y cerrada— no parece la mejor respuesta, ni la más democrática. Lo que sí parece es enormemente arrogante.

Uno puede menear la cabeza ante la idea de que el mundo que ha conocido se evapore. Uno puede lamentar que todo aquello que era sólido, ahora sea líquido o no sea. Lo que uno no puede hacer es creerse en posesión de la verdad absoluta. Y despreciar a los demás como si nunca hubieran leído un libro.

Pero la tradición española en lo que se refiere al papel de los intelectuales—y ninguno de los autores citados es ajeno a ella— no es muy propensa ni al diálogo ni a la duda. Mucho menos a la humildad. El intelectual español habla siempre ex catedra, siempre desde el machismo discursivo. Jamás con datos y mucho menos sin atacar a nadie. Es necesario leer, a este respecto, libros como La desfachatez intelectual de Sánchez-Cuenca o El intelectual melancólico, de Jordi Gracia, donde se hace un repaso por dicha tradición y se dan multitud de ejemplos.

Por lo demás, el tiempo avanza. El mundo cambia. Y la comunicación ya no es lo que era. Por muy cejijuntos y atrabiliarios que se muestren nuestros más insignes intelectuales. O por muy simbólicas que sean algunas portadas.

*Alberto Gómez es doctor en Periodismo y profesor asociado en la Universidad de Toulouse. 
 
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16 Comentarios
  • Orlinda Orlinda 04/05/18 22:40

    De acuerdo en todo con el autor del artículo. Antes de empezar a leerlo, nada más ver la portada y el titulo del libro me ha dado risa, esa representación tan simple e incluso infantil de lo que se cree que es, y que expresa en prácticamente todos sus artículos. Qué vanidad mes tonta y qué suficiencia en ese papel que se ha otorgado a sí mismo de héroe acorralado. En fin, doctores (psiquiatras) tiene la Ciencia.

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  • Javier Delgado Javier Delgado 01/05/18 18:23

    Del escritor Marías no he leído sino algunos de sus artículos, pero no los suficientes como para atreverme a calificarlo de alguna manera. Si bien estoy de acuerdo en que la portada de la obra corresponde a decisiones de marketing, esto no invalida que el propio Marías esté al tanto e incluso dé el visto bueno. En cuanto al título, no creo que no sea del señor Marías. Y si no lo es, imagino que le habrán consultado antes de decidirse por él. Así que no pequemos de ingenuos. Los títulos no son inocentes. Está claro que hace alusión directa al descontento del autor con lo que él considera un clima cultural ñoño y retraído. Y está en todo su derecho de manifestarlo. Claro que hay opiniones que son auténticas majaderías. ¿Por qué no se puede decir que una opinión es una majadería? En cuanto a las críticas vertidas por otros comentaristas sobre la intención vilipendiosa del autor del artículo, no veo que se sostengan si uno lo ha leído con atención. Aquí también veo interpretación personal de cada cual. Que haya o no animosidad entre ambos, ellos solos lo sabrán, pero decir que sí, sin más, no deja de ser eso, una interpretación.

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  • Antonio Basanta Antonio Basanta 30/04/18 11:07

    El articulista hace lo mismo que critica al sr Marias. pero elevado al cuadrado y sin su brillantez. El artículo es una muestra, llamemosle así, de rencor intelectual, en la que no critica ningun argumento del sr Marias, sino que le achaca males, males infinitos. Escoge un libro y su titulo, (que como debe saber no los elige el autor y ya Javier Marias ha mencionado muchas veces que muchos títulos de sus libros no los ha puesto él sino en negociaciones con el editor) y en vez de hablar del libro, de su contenido, de su escritura, de la cosmovisión del sr Marias o de lo que quiera, aprovecha para hacer una critica personal feroz del sr Marias al que llega a adjudicarle opiniones que no son suyas sino de Perez Reverte. "Como tiene amistad con Perez Reverte, las opiniones de este se las adjudico a Javier Marias" dice el articulista. Pero esto es un método ya conocido en el populismo y en las redes sociales: La critica a la persona, el ataque personal, el intento de desprestigio incluyendo cosas que no dice, cosas que dicen sus supuestos amigos, analogias inventadas ad hoc, etc y nunca refiriéndose a criticas hechas a argumentos dados por Javier Marías. El articulista supone como se presenta a si mismo Javier Marias, se lo inventa y en base a esos pre-juicios, suposiciones o inventos, articula su critica personal.

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    • Infobron Infobron 01/05/18 23:36

      Venga hombre, que todos hemos leído los artículos de Marías.

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      • Antonio Basanta Antonio Basanta 02/05/18 19:09

        ¿Que comentario es ese de que todos hemos leido los artículos de Marias? !Vaya capacidad de argumentación la suya! Es como si su comentario literario o social sobre Cervantes y el Quijote dijera usted como único punto !Venga hombre, que todos hemos leido el Quijote!

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        • Infobron Infobron 03/05/18 15:12

          Era por resumir. Pero resumiendo un poco menos, el tono y a menudo el contenido de los artículos de Marías encaja perfectamente con una idea elevada de sí mismo y baja de la morralla, la masa, el común.

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          • Antonio Basanta Antonio Basanta 03/05/18 18:28

            Es que eso no es verdad. Es un pre-juicio suyo. A usted puede que no le caiga bien el sr Marias o bien que crea que su posición contra los populismos y la mentira no le convenga. De ahí, pienso yo, saca esa conclusión sobre Javier Marias que creo no se ajusta nada a la realidad y así es comprendido por millones de lectores de sus novelas.

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  • jorgeplaza jorgeplaza 29/04/18 08:32

    Gran parte de la argumentación del artículo depende de la importancia que se le da en él a la portada del libro y como, me parece, ese papel clave de la portada se basa en una interpretación errónea del autor, todo el artículo se cae por su peso. Porque dudo mucho que la portada de un libro la elija su autor aunque sea tan famoso como Javier Marías, así que tiene poco sentido la idea central del artículo, que se resume en la frase "En cualquier caso, [la portada] representa cómo se ve Marías a sí mismo: como el héroe justo al que los malvados acorralan". Se tratará, en todo caso, de lo que el diseñador de la portada ha interpretado que es lo más llamativo del libro y tratado, en consecuencia, de plasmar en una imagen poderosa que capte la atención del lector entre las docenas de portadas llamativas que compiten en los mostradores de las librerías. Se atribuye a Marías una acción que más bien tiene que ver con la estrategia de ventas y que habría que achacar al diseñador y al editor pero difícilmente al escritor.

    Y tampoco es verdad que Marías defienda ningún trono, sino que se queja --algo machaconamente, es verdad, pero con razón en lo fundamental-- de que la corrección política coarta cada vez más la libertad de los autores. Libertad que, por otra parte y aunque no sea de muy buen gusto, permite llamar idiota a quien a uno así se lo parezca, honor y publicidad gratuitas a los que pocos tienen alcance si el que califica es alguien tan famoso como Javier Marías. No creo que el autor del presente artículo esté entre ese reducido número de elegidos.

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    • Infobron Infobron 29/04/18 17:37

      El autor del artículo no insulta. Marías, al menos en el título, sí. Y no digamos su amigo Pérez Reverte: ese no sabe abrir la boca sin insultar.
      Respecto a la corrección política... ¿cuál? El canon estético, ético y político de los que que escriben regularmente en El País (Marías, Juan Cruz, Vargas Llosa, Savater, Félix de Azúa...), ¿no supone una corrección política?

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      • Antonio Basanta Antonio Basanta 02/05/18 19:23

        Ahora entiendo el porque usted dice ese comentario "inteligente" de !Venga hombre que todos hemos leido el articulo de Marias! Efectivamente, no tiene ninguna argumentación ni inteligente ni de nada 1ª Para atacar a Javier Marias usando a uno que dice usted, o quienquiera que lo diga, que es amigo de Marias. Es como atacarme a mi usando las opiniones de cualesquiera de mis variados amigos. Inteligente no es pero malote, mucho. 2ª Dice usted "el canon estético, ético y politico de Javier Marias, Juan Cruz, Vargas Llosa, Fernando Savater, Felix de Azua es correción politica" ¿Ha pensado usted la tontería que dice? ¿Que tiene que ver en cuanto a canon estetico por ej Javier Marias con Vargas LLosa? ¿Sabe usted de lo que habla? No, se inventa lo que dice. ¿En que se parecen el canon estético de Savater y de Azua? Yo creo que usted no sabe lo que dice, que simplemente quiere hacer un ataque poltico Al Pais y a todos los que escriben ahí y se inventa un supuesto canon estetico, etico y politico conjunto de 5 escritores a los que unifica para poder atacarlos mejor. Es que ni politicamnete se parecen en nada. Entre los que menciona los hay de simpatia por el socialismo democratico y los hay de simpatia por el liberalismo, los hay con simpatia por el centralismo y los hay con simpatía por el federalismo. Debería usted hacer un esfuerzo en no criticar a nadie con ese tipo de sandeces intelectuales. Debería usted pensar que los matices forman parte de la superioridad de la raza humana contra la pretensión unificadora de los seres irracionales. Y no me diga que no insulte, porque las sandeces son sandeces aquí y en cualquier lado.

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        • Infobron Infobron 03/05/18 16:25

          Ah, los matices...Claro que está bien matizar, no usar el pincel grueso. Pero para eso hace falta extenderse un poquito, y no está bien aburrir al respetable público. Todos esos señores tiene en común un púlpito desde el que iluminar a las masas con su clarividencia. Y las masas, nada, que no se quieren dejar iluminar, qué desgracia.

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      • jorgeplaza jorgeplaza 30/04/18 08:18

        Salvo que utilizar la palabra "tonto" sea insultar, Marías no insulta a nadie en el título. Mire por donde y sin quererlo usted, su comentario le da la razón a Marías cuando se queja, como hace este escritor con mucha frecuencia, de que es casi imposible decir algo concreto sin que alguien se dé por ofendido, sean los de Lepe, los cultivadores de patata temprana o los cofrades de alguna hermandad de encapuchados de Semana Santa.

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        • Infobron Infobron 01/05/18 23:32

          A mí no me ha ofendido Marías, si es que iban por ahí sus tiros. Pero el tufillo de superioridad cultural, ética y estética, si que llega a la nariz de cualquiera.

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  • jamonfresco jamonfresco 28/04/18 19:13

    El señor Marías, que su dios guarde en su columpio, es uno más de la larga y creciente lista de españoles impresentables que se creen y se saben poseedores de la gran sabiduría de los necios escritores y de los escritores necios.
    Un deslenguado engreído soportado por una cadena de derivas morales y éticas de crecimiento exponencial de exponente 5. Cada 5 días dice más tonterías, Cada 5 días se encanalla en su casilla, cada 5 días se ducha y cada 5 días se hace más afín a Jiménez los Santos y su clan de insultadores de todo a 5.
    Es lo que tiene envejecer y no saber hacerlo, ni querer aceptarlo. Se trata de una gran desdicha nacional española con el Sr Marías saliendo de entre los muertos.

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  • @tierry_precioso @tierry_precioso 28/04/18 08:49

    Entiendo el sindicato de estudiantes de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres.
    Estoy apegado a los derecho individuales y a la división de los poderes pero no puedo ignorar, por ejemplo, las tres guerras de los "pueblos en armas" franceses y alemanes. Es que la Ilustración había facilitado el pasaje de la Nación al Nacionalismo...
    En 1971 Pasolini rodó Los muros de Saná en el Yemen, en Kabul no estaban los GIs sino los hippies, pienso que mucho de lo que está ocurriendo en el mundo musulmán-arabe cuestiona las Luces...
    La visión actual de las Izquierdas francesas y españolas completamente acrítica respecto a la Ilustración me parece insostenible. Si bien estoy apegado a los derecho individuales y a la división de los poderes veo que las Luces tienen sombras.

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    • Infobron Infobron 28/04/18 10:29

      Hay mucha variedad en la izquierda española (no sé si en la francesa) respecto a la Ilustración, el eurocentrismo, etc. No existe la homogeneidad que se desprende de su ´comentario.
      Respecto al artículo: muy oportuno y certero.

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