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Los libros

Versos de los 2000

  • La antología Poéticas del malestar reúne a autores que comenzaron a publicar a principios de este siglo, como Jorge Gimeno, Julieta Valero y Manuel Vilas
  • Rafael Morales Barba acierta a definir, sin mapas asamblearios ni componendas grupales, un conjunto de miradas de la periferia realista imperante

José Luis Morante Publicada 27/04/2018 a las 06:00 Actualizada 26/04/2018 a las 19:42    
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Poéticas del malestar
Edición de Rafael Morales Barba 

Prólogo de Antonio Gamoneda
Ediciones El Gallo de Oro

Bilbao
2017


 
El volumen Poéticas del malestar editado por Rafael Morales Barba (Madrid, 1958) tiene una apariencia didáctica imponente. Sus 620 páginas constatan un moroso quehacer. Dan fe de una dedicación exhaustiva del profesor universitario al discurrir del cauce poético contemporáneo intersecular. Es un campo de investigación al que ya se ha acercado en las páginas críticas de Última poesía española (1995-2005), La musa funámbula y Poetas y poéticas para el siglo XXI en España.

La obra incorpora un pórtico firmado por Antonio Gamoneda, donde se insiste –es una cuestión recurrente en el poeta leonés, como lo fue en José Ángel Valente— en su no pertenencia a la Generación del 50 y en su alejamiento de las componendas promocionales del Grupo de Barcelona, tan explicadas ya por las memorias de Carlos Barral, José María Castellet y José Manuel Caballero Bonald, o por las entrevistas y escritos autobiográficos de Jaime Gil de Biedma. Queda claro, por enésima vez, que soportar el contexto histórico del franquismo y el ambiente social y cultural de aquel periodo histórico no mimetiza los rasgos escriturales ni hace del gregarismo un refugio poético compartido. Es verdad; la insularidad creadora del medio siglo ha generado un magisterio expandido en el tiempo que se dilata hasta la pradera digital y las últimas promociones líricas.

Aunque Antonio Gamoneda presupone que la inclusión y canonización comporta una caligrafía inmovilista de la conciencia poética individual y un cierto desvanecimiento de la propia personalidad, sus recelos no son contrastados por el pie de página de la  realidad literaria. Así lo aseveran los aportes de Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral, Ángel González o José Manuel Caballero Bonald, protagonistas de un legado singular y fortalecido por trazos unipersonales.

Ya centrado en Poéticas del malestar, muestra algunas disonancias ante el enfoque de Rafael Morales Barba, a quien califica de imprevisible al abordar con simetría ecuánime a los incluidos en su estudio y al etiquetar con límites desvaídos algunos agrupamientos estéticos. Estas sombras no anulan la coda final positiva al calificar este empeño clarificador del poeta y profesor universitario como un trabajo crítico oportuno y necesario.

El libro en sí aporta una selección de poetas nacidos en torno a 1975, cuyas obras iniciales vez la luz en la amanecida del 2000, pero ambos criterios se emplean con una amplia libertad, ya que se incluyen autores nacidos en los sesenta como Manuel Vilas, Miguel Ángel Curiel, Jordi Doce, Jorge Gimeno o Agustín Fernández Mallo, y poetas que casi cierran la década siguiente como Luis Bagué Quílez, Julio César Galán, Juan Andrés García Román, Guillermo López Gallego y Ana Gorría. Otros pertenecen a la década del ochenta, como Fruela Fernández y Pablo López Carballo; todos coinciden en ser autores que publican en torno al 2000, aunque tampoco este criterio se cumple con rigor estricto y no son pocos los poetas que revelan su taller literario en los años noventa, o en los primeros años del nuevo siglo.

Casi todos los agrupados en Poéticas del malestar son nombres presentes ya en otras antologías. Ejercen como autores representativos de una época confrontada con el realismo; hacen de la fragmentación –entendida ésta como estar al margen frente al discurso normalizado del todo— y la reticencia escéptica ante la retórica de lo cotidiano  actitudes estéticas de un estar heterogéneo, que postula una diversidad de procedimientos en su resistencia y desazón. Tras el análisis de contexto, el libro selecciona una amplia relación nominal integrada por los más solventes solistas; de cada uno de ellos se incorpora una sucinta biografía, un esquema estético del quehacer lírico y una selección de poemas.

Entre los vértices centrales del trabajo figuran Jorge Gimeno, Julieta Valero y Manuel Vilas. Así lo manifiesta el crítico al dedicarles un espacio reflexivo muy completo y al resaltar su legado en varios momentos. Lo mismo sucede al enfocar la obra de Abraham Gragera, con una dedicación intensa, ya expuesta en las páginas de la revista Turia.

Rafael Morales Barba acierta a definir, sin mapas asamblearios ni componendas grupales, un conjunto de miradas de la periferia realista imperante, en el que se conjugan algunos nexos comunes: insatisfacción frente a un proyecto existencial global atestado de asimetrías, moderado irracionalismo y cultivo del fragmento. Son los nombres que inician un nuevo siglo, que siguen confiando en la capacidad precaria del poema para habitar la incertidumbre.

*José Luis Morante es poeta y crítico literario. Su último trabajo es la tercera edición de Ropa de calle. Antología poética (1980-2017) de Luis García Montero, de cuya edición se ha encargado. 

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