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Los diablos azules

Lo auténtico: una conversación con Leonardo Padura

  • El escritor cubano mira la realidad que le rodea a través de los ojos de Mario Conde, el detective que le acompaña desde 1994, en La transparencia del tiempo
  • Sonia Asensio da cuenta de la visita del autor a Toledo transcribiendo una charla que tocó desde la relación entre Cataluña y Cuba a la desigualdad en la isla

Sonia Asensio Publicada 04/05/2018 a las 06:00 Actualizada 03/05/2018 a las 14:32    
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El escritor cubano Leonardo Padura.

El escritor cubano Leonardo Padura.

EFE
Sonia Asensio da cuenta del paso por Toledo de Leonardo Padura. El escritor cubano visitó la ciudad para presentar La transparencia del tiempo (Tusquets) en el Festival CiBRA.
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La transparencia del tiempo
es ya la novena novela de Mario Conde, el personaje creado por Leonardo Padura. En 1997, el escritor cubano publicó su primera novela en España con este personaje y ganó el premio Café Gijón. Afortunadamente ya no tiene que explicar por qué su personaje se llama Mario Conde, se ha hecho autónomo del señor de la gomina. Ahora un personaje decente después de 20 años tiene una gran aceptación entre un público decente.


Mario Conde insiste en seguir en las novelas de Leonardo Padura porque le ayuda a intentar entender muchas cosas de la vida que lo rodea y de la que le transcurre dentro. Mario Conde cumple 60 años, un año más viejo que Padura, el 9 de octubre, como el autor. Lo puso a nacer en el año 1954: es su contemporáneo, es su compañero, es los ojos del autor. A lo largo de cada libro es testigo de lo que ha sido su vida. A los 60 años uno empieza a tener por primera vez la perspectiva de que ha vivido más tiempo del que le resta por vivir y eso crea alguna preocupación. En el caso de Conde se preocupa mucho más porque con lo mucho que ha bebido, fumado, lo mal que ha comido y todos los disparates que ha hecho en su vida, pues ya dice que ha entrado en la “cuarta edad”.


Si en El hombre que amaba a los perros hablaba de la perversión de la utopía, un tema tan importante para él y para todos nosotros, la utopía igualitaria; si en Herejes hablamos de los riesgos de la práctica de la libertad individual; en La transparencia del tiempo se habla de la relación del hombre con la Historia, la Historia con H mayúscula, cómo a un ser común y corriente llega la Historia y le descoloca su vida y lo pone a vivir en un torbellino que puede ser una revolución, puede ser una guerra, puede ser una catástrofe natural, puede ser una revelación religiosa… Algo puede llegar desde la Historia y mover la vida de las personas, algo preocupante siendo una persona que ha vivido en un país que hizo una revolución verdadera, una revolución que cambió muchísimos códigos y que ha tenido una larga evolución, que como todo largo proceso ha tenido luces y ha tenido sombras.

  Es un libro en el que además trata de mostrarnos su otra obsesión que es puramente literaria, que lo persigue desde que descubrió en un texto de Alejo Carpentier de los años veinte una frase de Unamuno: “En la literatura hemos de hallar lo universal en las entrañas de lo local y en lo circunscrito y limitado, lo eterno”.  Eso es uno de sus propósitos: ser un cubano de Cuba, que vive en un barrio de La Habana, en la misma casa donde nació y tratar de tener una mirada de su país que se conecte con el resto del mundo. Flaubert cuando recibió críticas por haber publicado Madame Bovary y lo atacaron, su mayor defensa fue decir: “Yo lo único que quería era llegar al alma de las cosas”.

Con esta enseñanza intenta Padura escribir los libros. Trata, lo más posible, de tocar lo universal desde las entrañas de lo local y llegar al alma de las cosas. Y ese camino para la universalidad resulta ser una virgen negra que se pierde en La Habana, que se la han robado a un tipo y que pudiera tener un relativo valor.  En Cuba una virgen negra se asocia con la Virgen de Regla, que tiene su santuario en Chipiona, España, con un mito que la remonta al siglo IV de nuestra era en el Norte de África de donde San Agustín la trajo a España.  Pero cuando se dice una virgen negra se piensa en la Moreneta, en la Virgen de Montserrat. Aunque sucede que la Moreneta no es negra. Es una virgen medieval, sin duda, pero su color es el que los pintores llaman “albayalde”, un blanco grisáceo, y que en el caso de la Virgen de Montserrat se ha oscurecido con el tiempo.

Hay otras vírgenes negras que sobreviven sobre todo en el sur de Francia y norte de España. Pocas vienen de talleres venecianos y otras, la mayoría, de Tierra Santa, de Jerusalén y los estados latinos de la época de los Cruzados. Estas imágenes suelen tener un valor artístico bastante elevado y tienen un valor religioso e histórico enorme. Es uno de los nexos entre la práctica religiosa del cristianismo primitivo en las tierras del antiguo Egipto y tiene que ver con las culturas originales del sur de Francia, del norte de España y asociadas a la aparición de vírgenes y al camino de Santiago.

De lo mucho que tiene de Padura Mario Conde, tanto por la necesidad de contar como de meterse en camisas de once varas y la necesidad del azar, destacamos la permanencia ya que todos los libros están firmados en el mismo sitio, Mantilla, y dedicados a la misma persona, Lucía. Eso ha formado sin duda parte de su formación literaria, es una forma de permanencia.

Padura se describe a sí mismo como un “empecinado”.  Y parte de ese empecinamiento es porque cuando todo el mundo se va a Madrid o a Miami, él sigue viviendo en Mantilla. Y cuando todos sus amigos van contando su quinto o sexto divorcio, él presume de que hace 40 años que está casado con Lucía Coll. Eso tiene mucho que ver con la persona y con el escritor, por el mundo por el que se ha apostado.

Respecto a la necesidad del azar, en esta novela hay de pronto un asunto de tema catalán y un personaje que se llama Puigventós…. Esto es purito azar en este año 2018. Es lo que Lezama llamaba “el azar concurrente”. Uno no sabe si la guagua en la que se va a montar, si la dejas pasar porque hay demasiada gente, si ahí va la mujer de tu vida o si por haber esperado la otra te encuentras a la mujer de tu vida. Estas casualidades de la vida han hecho que la acción de la novela transcurra en una ermita catalana de la Alta Garrocha en un momento en el que en España está bien candente “el tema catalán”.

Padura ha estudiado muy bien la historia de Cataluña. En los años noventa hizo un documental sobre la importancia de la inmigración de la población catalana a Cuba en el siglo XIX, y después recorrió toda Cataluña buscando los palacios indianos, las historias de varios personajes. También con Mercader y El hombre que amaba a los perros, todo el proceso de la Guerra Civil, específicamente en Barcelona.

Nos encontramos a un Mario Conde que recibe un encargo de un antiguo compañero del instituto, hombre homosexual que tuvo que esconder su identidad para evitar el desprecio de la gente. Si no hubiera tenido que investigar lo que había por detrás del robo de una virgen negra, si no se hubiese reunido la vocación por el culto a la amistad y la compasión por la injusticia humana, quizás no se hubiera metido en este entuerto. Lo que sí tenemos claro, para no suponer, es que a Mario Conde le hacía falta un trabajo. Conde pasa la vida en la inopia y cualquier encargo donde le paguen por investigar y buscar verdades, pues mucho mejor.

La relación con personajes homosexuales es importante porque ha sido en los últimos años tal vez una de las áreas en la sociedad y en la moral cubana que más ha cambiado. Cuba era un país profundamente machista en pura tradición española, y en ella era religiosa, moral, familiarmente reprimida la homosexualidad. Padura recuerda que cuando él era muchacho, si había algún niño que tenía gestos amanerados lo llevaban al médico para curarlo, pues se consideraba una enfermedad. Eso pasaba en España también. Y se complicó con la Revolución, porque se convirtió en una “desviación política”. La homosexualidad podía ser causa de sospecha de la fidelidad e integridad política. Esto llegó a extremos muy graves en los años sesenta con “campos de trabajo” durísimos, donde concentraron a estas personas para “reeducarlas”. En los años setenta hubo represión de diferentes grados que podía llegar a la expulsión de una carrera universitaria de alguien que tuviera esa “desviación homosexual”. Esta tragedia marcó a muchísimas personas y todavía hoy se sienten marcadas, aunque afortunadamente en el plano político no tiene ya ningún peso. En el plano religioso se ha ido diluyendo, pues la religión afro-cubana ha ganado mucho espacio, y como no tiene el concepto del “pecado”, pues cada cual hace lo que quiere. Es en la parte familiar donde ha habido un avance y se ve con cierta normalidad. De todos modos, es un episodio que dejó huella en la vida de muchas personas.

Si nos sumergimos en la intrahistoria de Unamuno, buceamos por otro tema importantísimo de la novela que es el de quién puede vivir o no con su verdad. El enmascaramiento es otra obsesión que persigue a Padura.  Enmascaramientos no solo sexuales, sino de todo tipo social y económico. El personaje Mario Conde entra en esas intimidades y hace revelación de enmascaramientos que a veces son enmascaramientos cínicos y otras veces lo son defensivos. Cuando son defensivos, uno justifica y se compadece. Cuando son cínicos, juzga y condena.

La verdad humana a veces no coincide con lo que las leyes pueden considerar como justo. Hay un momento de comprensión de la gente que puede incluso evitar daños colaterales a la persona que no se lo merecía. Eso marca la mirada de un personaje como Conde cuando entra en los interiores de las casas y observa la realidad de las gentes. Podemos entrar dentro de alguien que está en el poder y podemos ver a una persona decente y austera.  De la misma manera podemos entrar en alguien que está en el poder y ver la corrupción y la ambición. Esta necesidad de distinguir y matizar es otra de las claves del sentido de la justicia que intenta mantener a lo largo de su trabajo Mario Conde.

Mario Conde es esencialmente un hombre decente y desde esa perspectiva presenta el mundo. Esto no quiere decir que a veces pase los márgenes de lo legalmente establecido, incluso cuando era policía, donde transgredía determinados márgenes de lo permisible porque es capaz de comprender. En épocas de carencia, las estrategias de supervivencia son tan variadas que los límites de lo correcto muchas veces se borran porque lo más importante es sobrevivir. Y Conde debe ser comprensivo porque él mismo lo practica. Por ejemplo, en todo el juego de las comidas que practica Josefina, la madre del flaco Carlos, siempre hay una mirada hacia no solo lo imposible sino lo que es ilegal, porque no sabemos de dónde sale esa comida, el dinero para comprar esa comida. Es un milagro que ocurre porque hay un momento en el que Conde le pregunta de dónde sale todo eso y Josefina responde: “De la imaginación, hijo mío, de la imaginación”… Respecto a esta imaginación, Padura nos cuenta cómo en 1992 se reunió en Barcelona con Manuel Vázquez Montalbán y cómo cada vez que se veían, Manolo le regalaba los últimos libros que había publicado, teniendo en cuenta que cada dos años Vázquez Montalbán tenía cinco libros nuevos…  Una de esas veces, teniendo en cuenta que en 1992 en Cuba “casi no había ni aire”, recibe de Manolo un libro que ¡son las recetas de Pepe Carvalho! Cuando se lo lleva a Cuba y se lo enseña a Lucía, su esposa, al acabar de leerlo ella solo puede decir: “Leche frita”. Era la única receta que podían hacer de las 400 que había en el libro.

Las comidas de los amigos en casa del flaco Carlos son imaginarias y sirven de homenaje a eso que los cubanos han querido comer y no han podido comer. Hace unos años, Padura publicó un cuento en El Mundo donde le pedían que escribiera algo sobre sus deseos para el año siguiente, finales del 2016 hacia 2017. Escribió un cuento donde decía que su gran deseo para el año 2017 era que en Cuba hubiera yogur y él pudiera desayunar yogur por la mañana, para que entendamos a qué punto llega la necesidad de un contexto que determina muchas veces las actuaciones y la manera de pensar de los personajes.

La Habana es el territorio indispensable de Mario Conde. A lo largo de su vida la ciudad va cambiando, como todas las ciudades. A los 60 años Conde sigue enamorado de La Habana y de su gente, pero ve también que va surgiendo algo que no tenía que ver con “una pobreza compartida”, sino que van surgiendo minorías que, con un concepto muy desleal y mercantilista de lo que es la vida, empiezan a acumular mucho dinero y al mismo tiempo aparecen también barrios de miseria de mucha gente a la que no se le puede pedir que después respondan de manera ética en la vida.

Estamos viendo un reflejo de la sociedad cubana del año 2014. Todo lo que se cuenta en La transparencia del tiempo, Padura garantiza que es real. En La Habana de estos momentos existen sitios para ir a comer, para ir a beber que pueden tener en sus similares de Madrid  precios más elevados en un país donde el salario promedio puede andar por los 500 pesos, que son unos 20 euros. Puedes comprarte un Toyota de gama media, solo que vale 300.000 dólares. Eso nos da una idea de lo desquiciada que puede ser la realidad en la que se vive en Cuba, lo surrealista que puede ser. En uno de esos sitios exclusivos, cuenta Padura una experiencia personal que luego refleja en la novela. Un día estaba allí, invitado por unos amigos en un bar, en una terraza, con músicos tocando, y él sintió un reflejo dorado que le entraba por su ángulo derecho del campo de visión. Y vio que todas las muchachas, bellísimas, bien vestidas, que estaban bailando allí eran rubias, blanquísimas… En un país esencialmente mestizo.

Se están produciendo incluso desgajamientos que tienen que ver con la raza en Cuba. Y mientras hay barrios como el que recorre Mario Conde en esta novela, que tiene exactamente la estructura de una villa miseria latinoamericana. Eso en Cuba dejó de existir por años. Existió una pobreza repartida, muy digna. En la época universitaria todos tenían dos pantalones, dos camisas y un par de zapatos. Era poco, quizás, pero lo tenían todos. Y sobre todo tenían unos magníficos estudios universitarios. Hoy en día, si quieres llegar a la universidad, los padres deben pagar a maestros particulares para que repasen y garantizar que tengas el promedio suficiente para poder entrar a una carrera universitaria. Si eres el hijo del barrendero del barrio no tienes la misma posibilidad que si eres el hijo del que tiene un restaurante. Esta dilatación del tejido social está ocurriendo en la sociedad cubana actual.

Desde el punto de vista literario, también queremos destacar la difícil relación de Mario Conde con Hemingway, escritor al que admira mucho pero del que le molestan sus numeritos para llamar la atención. Porque en realidad Hemingway tiene una vida más clara cuando se relaciona con los pescadores, o en su relación con la vieja tradición cubana del mundo de las peleas de gallos y se olvida de los numeritos para contar honestamente la vida de la gente.

Quizás en este aspecto podemos ver la propia ética literaria de Leonardo Padura a la hora de narrar la vida desde el punto de vista de la gente común, que es la gente que se merece ser contada en un relato humano. Padura afirma que Hemingway fue uno de sus grandes modelos literarios, a pesar de que Alejo Carpentier, un hombre muy sabio, decía que los escritores no debían reconocer sus influencias. Pero Leonardo reconoce que no viene de la nada, sino que viene de muchísimas lecturas y aprendizajes y no le molesta que se le vean las costuras.

Pero a partir de un determinado momento en que fue descubriendo cosas de la vida de Hemingway vio que no le satisfacían.  Y el punto climático fue lo que ocurrió en Madrid, en el Hotel Florida, el desplante que le hizo a John Dos Passos cuando este empezó a investigar qué había pasado con su traductor Robles. Robles había sido fusilado por los asesores soviéticos como una venganza entre dos sectores de esta presencia soviética aquí en España.

También quiso acercarse al Hemingway final que vive un conflicto al que deben enfrentarse todos los escritores: el momento en el que se debe parar de escribir porque ya se es incapaz de escribir mejor de lo que se ha hecho y no tiene sentido que se siga haciendo. Hay muchos escritores muy reconocidos que pierden esa perspectiva y siguen publicando cosas que no deberían publicar.  Sin embargo existen otros como Philip Roth, al que Padura admira mucho, que en 2008 dijo que ya no iba a decir nada mejor de lo que ha había dicho hasta ese momento y no ha vuelto a escribir.

En todo esto, está la necesidad de encontrar lo auténtico, lo verdadero. No hay una sola verdad, pero autenticidad sí hay una sola: eres o no eres auténtico, y eso para un escritor es muy importante. A la hora en la que un escritor se cree que es un personaje empieza a dejar de ser un escritor.

Leonardo Padura tiene nuevos proyectos pero de momento ha puesto a su personaje Mario Conde a hibernar. Fundamentalmente porque, como se dice en Cuba, es un personaje un poco jodedor. A veces el autor debe decirle que no le toca ahora, que tiene otra historia donde él no sale. La novela que está pensando tiene que ver con algo que ha sido otra de sus obsesiones. Esta es la dispersión de su generación de cubanos por todas las partes del mundo. Va a haber personajes en España, en Miami, en Cuba, en Buenos Aires y será un reflexión sobre cómo conservar la pertenencia o cómo desgajarte de la pertenencia para poder sobrevivir.

*Sonia Asensio es profesora de Literatura.
 
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LA AUTORA Correo Electrónico


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1 Comentarios
  • cromwell cromwell 05/05/18 09:10

    Gracias Sonia por tan excelente crítica. Soy lector y seguidor de Leonardo Padura así que no me perderé esta novela. Viajé varias veces a Cuba entre 1.975 y 1.992 pero desde aquel año sólo sigo con interés las noticias de la Isla y las novelas de Mario Conde me ilustran justamente sobre los años posteriores a mis visitas.

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