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En menos de 500 palabras: 'En ausencia del padre'

  • En ausencia del padre ofrece un acerado retrato de la vida en la Rumanía de los años 50, incluyendo los aspectos más ingratos de la ocupación soviética
  • Ţurlea prescinde de la puntuación normativa para marcar el ritmo de un discurso a medio camino entre la narración tradicional y el “flujo de conciencia”

José Manuel Benítez Ariza
Publicada el 13/07/2018 a las 06:00
En ausencia del padre
Stelian Ţurlea
Traducción de Dan Munteanu Colán
Editorial Dalya
San Fernando
2017


 
Nos informa la solapa de esta novela de que su autor, el rumano Stelian Ţurlea (1946), goza de amplio reconocimiento en su país y ha desarrollado una importante carrera periodística, gran parte de la cual bajo el régimen comunista que gobernó Rumanía hasta 1989. Ignoramos si esa fecha supuso un antes y un después en su visión de la realidad de su país. Pero lo cierto es que En ausencia del padre, el único libro suyo, que sepamos, traducido al español hasta la fecha, ofrece al lector no sólo un acerado retrato de la vida en la Rumanía de los años 50, incluyendo los aspectos más ingratos de la ocupación soviética y la cotidianidad bajo un régimen totalitario, sino también esa especie de insoslayable petición de credibilidad que supone poner los hechos narrados bajo la mirada de un niño coetáneo del autor.

Se vale para ello Ţurlea de un curioso estilo que prescinde de la puntuación normativa y utiliza únicamente comas, puntos y separaciones de párrafo para marcar el ritmo de un discurso a medio camino entre la narración tradicional y el “flujo de conciencia” propio de la narrativa experimental. Hay que destacar que este peculiar uso de la lengua en ningún momento supone una dificultad para la comprensión de la historia: por el contrario, presta al discurso, también claramente escorado hacia la lengua coloquial, una cualidad añadida de transcripción veraz de lo que el narrador interpuesto, el niño Andrei, quiere contar; aunque sea evidente también que es el punto de vista de un adulto en trance de rememorar su infancia el que dicta el principio de selección que rige la elección de los distintos episodios que componen la trama.

En cualquier caso, Ţurlea no permite que ese narrador adulto condicione la mirada del niño o saque conclusiones que excedan el alcance de lo que a éste le es dado observar; lo que explica, por ejemplo, que Andrei parezca no percatarse de las gravísimas consecuencias que podría haber tenido para él y sus amigos la travesura de adentrarse en una calle de acceso restringido donde se encuentran determinadas instalaciones de la potencia ocupante; o que no entienda en qué se fundan las prerrogativas de quienes hacen valer abusivamente su condición de miembros del Partido en las más diversas circunstancias de la vida cotidiana; por no mencionar su absoluta incomprensión de la conexión existente entre el hecho de que su padre se haya negado reiteradamente a afiliarse al Partido y la larga serie de inconveniencias y menoscabos que padece su familia.

Ţurlea logra trasladar al lector esa atmósfera opresiva; y se las arregla, además, para introducir en ella alguna que otra nota costumbrista no exenta de humor –por ejemplo, la caracterización que hace de los “malagambistas” o jóvenes anticonformistas rumanos, amantes de las modas extranjeras e inevitablemente mal vistos por el régimen–. El resultado es un logrado relato de iniciación y un excelente fresco de la sociedad rumana, para nosotros aún tan desconocida, de aquellos años.
 
*José Manuel Benítez Ariza es escritor. Sus últimos libros son Arabesco (poesía, Pre-Textos) y Trilogía de la Transición (novela, Dalya), ambos de 2018.

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