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Los diablos azules

Tareas literarias para 2019

  • Cuando apenas nos hemos recuperado de las listas de lo mejor del año, tomamos nota de las novedades del que viene, de Puértolas a Beard
  • Cristina Morales iniciaba con Lectura fácil un buen año para la última literatura española, con Aixa de la Cruz, María Sánchez, Iván Repila o Elvira Navarro

Publicada el 04/01/2019 a las 06:00 Actualizada el 04/01/2019 a las 12:12
Portadas de algunas de las novedades literarias para los primeros meses de 2019.

Portadas de algunas de las novedades literarias para los primeros meses de 2019.

No hay descanso. Si todavía estamos anotando, de entre las listas de lo mejor de 2018, a qué libros no nos habíamos asomado, llegan avasallando las novedades de 2019. Las editoriales no esperan y tienen ya su arsenal a mano. De Michel Houellebecq a Soledad Puértolas, de Mary Beard a Carlos Zanón, ya tenemos tareas literarias para los primeros meses del año que acaba de empezar. 

Esperan algunos grandes nombres de la literatura en castellano. Porque regresa Luis Landero con Lluvia fina (Tusquets, 26 de febrero), que tras el pícaro de La vida negociable regresa a los asuntos familiares con una novela que se pregunta cómo nos contamos (y no nos contamos) dentro de una institución tan protectora como asfixiante. A la familia se asoma también Soledad Puértolas en Música de ópera (Anagrama, 6 de febrero), esta vez a través de tres mujeres de tres generaciones que se pasan el testigo desde la Guerra Civil hasta el tardofranquismo. Y 2019 supone también el regreso de Pepe Carvalho: el detective creado por Manuel Vázquez Montalbán revive de la mano de Carlos Zanón en Carvalho: problemas de identidad (Planeta, 15 de enero), que tendrá que medirse con la pluma del catalán. 

Pero el año que entra parece ser especialmente fértil para una nueva generación de escritores españoles. Mejor la ausencia, debut de Edurne Portela, fue para los libreros de Madrid el mejor libro de 2017, y ahora la autora vasca regresa con Formas de estar lejos, del que la editorial, Galaxia Guteberg, no da por ahora más detalles y que se espera para el mes de marzo. Vuelve también Elvira Navarro, alabada por La trabajadora (2014) y no también recibida con Los últimos días de Adelaida García Morales (2016). Lo hace esta vez con un libro de relatos, La isla de los conejos (Penguin Random House, 17 de enero) poblados de imágenes fantásticas: un tramo de avenida desaparece en París, un fantasma se comunica por Facebook, los clientes de un hotel ven robados sus sueños. 

Pero también se hacen un hueco —y mucho más que un hueco— autoras nacidas unos años más tarde. Lectura fácil (Anagrama), de Cristina Morales, Premio Herralde de 2018, tiene aún mucho que decir. Sus personajes, cuatro mujeres con una discapacidad intelectual, y su escritura, con tanto humor como mordida, suponen un revulsivo para la literatura española, brindando además un profundo análisis político. Aixa de la Cruz publica en marzo Cambiar de idea (Caballo de Troya, 7 de marzo), un volumen que pertenece a la narrativa pero no a la ficción, y que se acerca más a unas memorias precoces que a la cacareada autoficción. De la Cruz participa también, por cierto, en el epílogo de El aliado, de Iván Repila (Seix Barral, 17 de enero), que narra la más que cuestionable implicación de un "hombre contemporáneo" en el movimiento feminista. 

María Sánchez, autora del poemario Cuaderno de campo, uno de los pequeños fenómenos de 2017, y que además es veterinaria (también de campo) se asoma en el ensayo Tierra de mujeres (Seix Barral, 12 de febrero) a la España rural desde los ojos de las trabajadoras que todavía viven en ella y la sostienen. En ensayo hay que mirar también a Agua por todas partes (Tusquets, 12 de febrero), de Leonardo Padura, en el que el autor cubano desgrana su proceso creativo y analiza cómo se engarza con la sociedad que nunca ha querido abandonar. En la colección Cuadernos Anagrama, la narradora Sara Mesa hace una incursión en la no ficción con Silencio administrativo (23 de enero), un breve volumen donde sigue a una una mujer sin hogar, discapacitada y enferma que trata de pedir la renta mínima a la que supuestamente tiene derecho, pero que queda al final de una maraña burocrática. 

Más allá del español, pero aún en el ensayo, 2019 supone la llegada de La civilización en la mirada (Crítica, 5 de febrero), de Mary Beard, en el que el Princesa de Asturias de Ciencias Sociales se propone explorar cómo las distintas imágenes de lo humano y de lo divino han forjado y distinguido las distintas civilizaciones. Todo, en 240 páginas. El 16 de enero se publica también el volumen póstumo de Oliver Sacks, El río de la conciencia (Anagrama, 16 de enero). El profesor de Neurología clínica dejó listos los 10 ensayos que lo componen dos semanas antes de morir, en 2015. 

  Como de costumbre, el último libro de Éric Vuillard traducido al castellano, 14 de julio (Tusquets, 29 de enero), se mueve entre la ficción y la no ficción. Si El orden del día abordaba el ascenso de Hitler y Tristeza de la tierra, la vida de Buffalo Bill, el autor galo se atrevía con la Revolución francesa en este volumen publicado originalmente en 2016. Mientras, el último libro de Michel Houellebecq, Serotonina (Anagrama, 9 de enero), se ha convertido ya en el fenómeno (por ahora, periodístico) que suelen suponer las novelas del francés: en él, un hombre de mediada edad observa el mundo desde detrás del velo de los antidepresivos que, con más o menos efectos, toma desde hace un tiempo.  

Si hablamos de fenómenos, hay que nombrar a Haruki Murakami, que completa La muerte del comendador (Tusquets, 15 de enero) con el segundo volumen de la trama. Y de Margaret Atwood, autora del ubicuo El cuento de la criada, que publica Nueve cuentos malvados (Salamandra). Y llegará la poesía de Raymond Carver (Anagrama, 20 de febrero), y las memorias de Ida Vitale (enero), reciente Premio Cervantes, y el último trabajo del historiador Santos Juliá, y Donna Leon, y Benjamin Black (alter ego de John Banville), y Mary Higgins Clark... Y esto son solo los primeros meses. Las estanterías corren el riesgo de quedarse pequeñas. Los periódicos, también. 
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