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Los libros

Entre el principio esperanza y el principio resistencia: la utopía en la obra de Juan José Tamayo

  • El profesor Tamayo ha elegido el faro conceptual de la utopía porque es una voz que persevera en la crítica y la denuncia pero sin tratar de amargarnos la vida
  • Este libro concreto recoge el legado de todos los que se han organizado para ofrecer cambios reales y esperanza real a millones de personas prescindibles

Publicada el 01/02/2019 a las 06:00 Actualizada el 31/01/2019 a las 20:42
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¿Ha muerto la utopía? ¿Triunfan las distopías?
Juan José Tamayo

Biblioteca Nueva
Madrid

2018


¿Ha muerto la utopía? ¿Triunfan las distopías?, de Juan José Tamayo.Muchas veces he querido reseñar algún libro del profesor Juanjo Tamayo y al final siempre he retrocedido. Tal vez por pensar que la teología, aunque fuera la teología de la liberación  —una teología pluralista, una teología que mira hacia el sur y que sabe que todo norte tiene su sur— no formaba parte de mi área de investigación. Sin embargo, creo que la lectura de su última lección, una reflexión en torno a las utopías y las distopías, me abre una posibilidad de reflexionar sobre el conjunto de sus aportaciones. No sin antes aclarar que no es que este pensador de fondo haya pasado a otra dimensión, sino que después de muchos años de docencia universitaria ha sido nombrado profesor emérito.

Y este nombramiento se acompaña del ritual de una última clase, clase en que tus colegas y estudiantes te escuchan con más atención y cariño que de costumbre. Tal vez porque cada vez resuena más en nuestros oídos el run run de aquellos versos que aprendes en la infancia: “Despierte el alma dormida...”. O tal vez porque lo que está diciendo y escribiendo Tamayo interpela a nuestras inquietudes.

¿A qué inquietudes me refiero? En primer lugar habría que recordar que tras años de lucha por las 35 horas semanales no se sabe bien con qué tipo de entusiasmo —Zafra dixit— nos encontramos conectadas y trabajando a todas horas y, encima, sin llegar bien a todo. Todos tendemos a estar agotados por jornadas interminables, pero aún así leemos los periódicos y… parece que muchas de las noticias de los últimos años tienen que ser una pesadilla, no pueden ser verdad. Y tenemos ante nosotras un libro que se titula ¿Ha muerto la utopía? ¿Triunfan las distopías? (Biblioteca Nueva, 2018). Apenas lo abrimos nos dan ganas de responder afirmativamente. Sí, si esto era una lucha del bien contra el mal ya parece que apunta un ganador.

Pero la lectura de este libro nos va a ir situando en una respuesta muy distinta. Estas son algunas de las preguntas que cabe hacerse al hilo de su lectura: ¿Merece la pena luchar por un mundo mejor para todos? ¿Por dejar el mundo un poco mejor que lo encontramos? ¿Qué quiere decir eso y cuál es el camino? ¿Tiene sentido situar el concepto de utopía en el mismo centro de la filosofía política?

Estas preguntas siempre han tenido sentido, por ejemplo en aquel momento histórico en que se levantaron tantas voces en la teología a favor de cambios radicales en los países devastados por la desigualdad. El momento en que religión y revolución se dieron una cierta mano y se abrió una esperanza. Tenían sentido pero tal vez hoy no tanto. La teología de la liberación no está de moda o no está de moda en Europa. Las figuras carismáticas de aquella teología “dispuesta a echar su suerte por los pobres” y que fueron vilmente asesinados para que se callaran de una vez no tienen sus películas de éxito. Ni decenas de series como si las tienen los humanos, demasiado humanos narcotraficantes. Y sus conexiones con el poder en todas sus formas, sus asesinos.

Asesinos que hacen llegar muy bien al Estado y a las iglesias que el auténtico magisterio espiritual es el que enseña  que el único pecado real es el aborto. Que Dios puede comprender el sacrificio de aguantar la violación y el abuso por parte de tus familiares, de aguantar la violencia del esposo —ay, qué difíciles son los hombres, cuánto nos prueba Dios con ellos— pero el aborto, eso es pasaje al infierno. Y mira a las cárceles del Estado también.

La obra de Juanjo Tamayo no es de las que quedan afectadas por las modas intelectuales. Este libro concreto recoge el legado de todos los que han escrito, han clamado y se han organizado para ofrecer cambios reales y esperanza real a millones de personas prescindibles. De los que han optado por trabajar para hacer buena la demanda marxista de dejar de interpretar el mundo y luchar para transformarlo. Y para convencernos de que otra forma de sociedad es posible. La utopía como una de las mejores caminos para abordar las desigualdades y cuestionar el silencio que se quiere imponer sobre tantas y tantas maldades, dan ganas de decir.

Creo que el profesor Tamayo ha elegido el faro conceptual de la utopía porque es una voz que persevera en la crítica y la denuncia pero sin tratar de amargarnos la vida, porque el tono de la esperanza y de la perseverancia siempre tiene que destilar alegría. No tal vez esa  alegría optimista que dice “tranquilos, os he contado los desastres de mundo, pero con un poquito de buena voluntad esto lo arreglamos entre todas y todos”. No, no es esta alegría. Es otra. Tal vez la alegría y el optimismo de quien sabe que cuenta con un ejército para defender sus posiciones. Un ejército compuesto por tantas y tantas personas que se han plantado frente al poder. Y aquí es donde se hace fuerte el optimismo del profesor Tamayo. El libro puede entenderse como el rescate de muchas de las mejores mentes y acciones que nos han precedido. Y de sus ideas, claro. Dialogar con Pablo de Tarso, con Tomás Moro, Ernest Bloch, con Carlos París y Adela Cortina. Dialogar con un Desmond Tutu que sostiene: “Yo soy si tú también eres”.  Ojalá se enterasen todo tipo de abusones.

Recordar las ideas, actitudes y el trabajo de su padre. Leer y atender a  lo que han dicho y siguen diciendo aquéllos cuya mera existencia nos reconforta. Las personas que fueron coherentes, que sintieron que tenían que hacer algo, lo que fuera, cada uno lo que mejor se le dé. Y que si tal vez no se puede hablar de progreso lineal ni absoluto pero si se han ido superando muchos obstáculos. Este es el ejército que podemos decir capitanea en su obra Tamayo. Y por ello se siente optimista, porque es un ejército con las armas de la inteligencia y sobre todo que han optado por el bien. Para los más jóvenes: hay muchos héroes que por mucho que les hayan tentado no se han pasado al lado oscuro. Y se han dedicado a combatirlo. Tamayo se une a estos jedis, a la resistencia a un mundo que todo lo esconde bajo la alfombra del consumo, el placer y la libre elección y el consentimiento.
Hoy en día, como en cualquier tiempo pasado, hay que ser muy persistente para no darse a la propuesta moral epicúrea: alejarse de lo público y cultivar un jardín, un espacio propio abierto a pequeños placeres y grandes lecturas, grandes amistades. Tal vez se puedan conjugar lo público y el espacio propio invulnerable. La utopía que nos propone es una utopía no mitificada sino realista: la que es necesaria para dotar de sentido nuestro presente. La utopía es el horizonte regulador de la acción colectiva.

En el fondo casi todos luchamos por dejar el mundo mejor de lo que lo hemos encontrado, lo único intolerable es lo de quienes lo confunden con dejar su patrimonio mejor de lo que lo han encontrado. Y con esto termino, quien lea esta lección se dará cuenta de lo poco que abundan los reproches en los libros de Tamayo. Esta es parte de su luz. Para exponer tus argumentos no hace falta estar continuamente con el mantra de lo equivocados y lo mal que lo hacen los otros. En definitiva, si la esperanza es el motor, la persistencia es la gasolina. Igual ahora nos hace falta un buen mapa para el destino. El destino utopía.
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Ana de Miguel Álvarez es profesora titular de Filosofía Moral y Política en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. 

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