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Enseñar a Machado

  • Leer y enseñar a Machado a jóvenes de diecisiete años es un regalo para mí. Escuchar atentamente lo que piensan estos chicos, que se admiran de nuestro poeta, es, de verdad, el mejor regalo
  • Hoy de nuevo es 22 de febrero. Y yo tengo una cita con mis alumnos y alumnas. Tenemos previsto un viaje al Alto Espino y otro a Colliure y a cualquier lugar donde maduren los limoneros

Publicada el 22/02/2019 a las 06:00 Actualizada el 21/02/2019 a las 21:39
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Alumnos de secundaria, en Toledo, preparan actividades sobre el poeta Antonio Machado.

Alumnos de secundaria, en Toledo, preparan actividades sobre el poeta Antonio Machado.

Sonia Asensio
Este viernes, 22 de febrero, se cumplen 80 años de la muerte del poeta Antonio Machado en el exilio, en la localidad francesa de Colliure. En homenaje al escritor, y con motivo también del tributo que el Gobierno le brindará el 24 de febrero —con una visita a su tumba, la primera de un presidente en ejercicio, como a la de Manuel Azaña en Montauban—, dedicamos un número de Los diablos azules a su memoria. 
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Hay pocas cosas de las que una persona pueda mostrarse completamente segura. En mi caso una de ellas es tener la certeza de desempeñar el trabajo más bonito del mundo. Me siento muy afortunada de compartir la mitad exacta de mi vida con alumnos y alumnas de un instituto público, alumnos de ESO y Bachillerato a los que les tengo que hablar diariamente de literatura.


La única manera que encuentro de enseñar literatura es leer y comentar y reflexionar acerca de los textos que nuestros poetas, novelistas, ensayistas o dramaturgos han escrito para nosotros, sus lectores. Ir con mis alumnos al teatro es una de las experiencias más gratas que he encontrado en mi tarea laboral. Leer un poema en clase o pasear por el Callejón del Gato, conocer a Augusto Pérez o a Soledad Montoya nos une directamente con nuestra tradición sentimental e intelectual que, estoy segura, nos hace querer ser mejores personas.


Si hablamos de personas “en el buen sentido de la palabra, buenas” nos viene a la cabeza la imagen de Antonio Machado, al que tantas veces hemos leído en clase y al que tantos cursos hemos celebrado cada 22 de febrero, haciendo exposiciones de sus poemas, retratos de su figura, plasmando sus últimos versos en carteles que nos recibirán cada mañana hasta final de curso: “Estos días azules y este sol de la infancia”. Esta tarde he pedido a los chicos que me escribiesen qué había sido para ellos la lectura en clase de los poemas de Antonio Machado.

Alumnos como Celia Santamaría me ha escrito hoy estas palabras: “A mí, profesora, el poema que más me ha llamado la atención es Caminante, no hay camino porque creo que me invita a descubrir nuevos horizontes donde vivir nuevas experiencias sabiendo que, pase lo que pase, siempre perdurarán los recuerdos de lo vivido ('estelas en la mar').  Este mensaje que me transmite Machado tiene para mí una clara intención motivadora en la que siento cómo me anima a experimentar y vivir cada día al máximo”.

Jorge Palacios, otro alumno, me dice que a él lo que más le ha gustado es leer sobre la historia de amor de Machado y Leonor y que uno de sus libros favoritos para siempre será Campos de Castilla. “Me encanta perderme en los paisajes de álamos donde el poeta ha sido tan feliz, aunque la joven esposa muriera tan pronto. Me gusta mucho el sentimiento que se desprende de los versos en los que se habla de Leonor y quizás por eso uno de mis poemas favoritos es A José María Palacio. En él puedes evadirte en la primavera de Soria aunque los últimos versos de ese poema sean tan tristes”.

Alejandro Román acaba de escribirme esto: “Profe, me encanta cómo Antonio Machado consigue impactarme con su marcada simbología en el poema LIX de su obra Soledades. Ahí nos hace ver su conflicto filosófico interno entre la fe y la lógica ya que en Anoche cuando dormía, soñé bendita ilusión… el poeta nos cuenta que sueña con Dios y lo hace a través de una 'fuente' que simboliza la vida y a pesar de que Machado nunca pudo creer en él, (“de donde nunca bebí”) le gustaría que Dios fuera real, que existiera, porque en definitiva eso nos da esperanza”.

Leer y enseñar a Machado a jóvenes de diecisiete años es un regalo para mí. Leer a Antonio Machado cada mes de febrero en el IES Juanelo Turriano y en el IES Universidad Laboral, ambos en Toledo, y compartir (esa es la palabra, compartir) la profundidad de sus versos, ver y escuchar atentamente lo que piensan estos jóvenes que se esfuerzan con su lápiz y su idea, que me escuchan y se admiran de nuestro poeta es, de verdad, el mejor regalo.

Hoy de nuevo es 22 de febrero. Y yo tengo una cita con mis alumnos y alumnas porque tenemos que celebrar la vida y los versos de Antonio Machado. Tenemos previsto un viaje al Alto Espino y otro a Colliure y a cualquier lugar donde maduren los limoneros y los mundos sean asonantemente sutiles.
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Sonia Asensio es profesora de Literatura.


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