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Los libros

El pasado sí tiene quien le escriba

  • El escritor y crítico Manuel Rico traza en sus diarios un recorrido personal e íntimo por los principales acontecimientos políticos y sociales de los ochenta
  • La incursión analítica de sus lecturas durante estos años es diseccionada aquí con escalpelo con el afán propio del buscador de maravillas

Publicada el 15/03/2019 a las 06:00 Actualizada el 14/03/2019 a las 19:29
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Escritor a la espera (Diarios de los 80)
Manuel Rico

Punto de Vista
Madrid

2018


  El nuevo libro del crítico y escritor Manuel RicoEscritor a la espera (Diarios de los 80), es una exégesis de su proceso de creación literaria, de sí mismo y de su lucha comprometida con su activismo político durante la década de los años ochenta y comienzos de los noventa. Manuel Rico traza en sus diarios un recorrido personal e íntimo por los principales acontecimientos políticos y sociales, a través de sus vivencias y compromisos, acompañados de reflexiones sobre el proceso de creación literaria y de las lecturas y autores que dieron forma a su universo mental y espiritual. Con una intensa curiosidad en la trayectoria de los escritores que promovían la novela social en España.

El libro recoge la crisis existencial e intereses intelectuales de la treintena de Rico. En un replanteamiento de su espacio político en pleno proceso de afianzarse como novelista. Durante el periodo de escritura de Los diarios de los 80, la producción literaria de Manuel Rico es extraordinaria: dos libros de poemas, El vuelo liberado y Papeles inciertos. Dos novelas: Mar de octubre, publicada en 1989, y Los filos de la noche, publicada en 1990.  Y prepara y gesta durante este periodo El lento adiós de los tranvías.

Rico rastrea el camino de la novela relista española estudiando los materiales usados y realiza un mapa que disecciona y analiza su idea de la novela, en autores esenciales para él como lo fueron Sánchez Ferlosio, Juan Marsé, Jesús López Pacheco, Luís Martín-Santos, o los entonces nacientes Merino, Muñoz Molina o Pombo, y una lista interminable de referencias lectoras que dieron forma a su universo literario que sustenta el recorrido de esa década crucial, y expone con precisión sus inquietudes de un tiempo trascendente para su formación como novelista. En los años ochenta despierta con fuerza en él la necesidad de avanzar en este género, sobre todo en la novela social y comprometida, frente del simbolismo de la poesía que siempre ha cultivado.

Todos los autores que hay en Manuel Rico están presentes en el autor viajero, el autor político, el poeta y el novelista que hay en él, en una amalgama que lucha entre sí en una tensión que Rico resuelve adentrándose e investigando, como el auténtico especialista que es, en cada uno de los géneros. Quizá será el agudo y sutil crítico literario el que amalgama a todos y le confiere una visión totalizadora de la literatura. En mi opinión, es el crítico literario el que sobrevuela por encima de los demás y los conforma. La incursión analítica de sus lecturas durante estos años es diseccionada con escalpelo con el afán propio del buscador de maravillas, con ansia de llegar a la esencia del ethos literario a través de la poesía, de la crítica y de la narrativa.

Mientras leo Escritor a la espera, se dibuja en mi memoria la correspondencia de Flaubert. Quizá porque es un libro de diarios que lleva impreso la nostalgia de una época extinguida. Pero las inquietudes del autor son siempre las mismas. Las dificultades narrativas, el acto de creación, la duda, el bloqueo, el estilo, la soledad, el argumento; en una palabra, el sufrimiento universal del escritor: Y para ello comparo un texto de Rico con otro de Flaubert.
 

"Un enorme vacío, una infinita desgana, una visión negativa, casi destructiva de cuanto he escrito, se ha apoderado de mí […]". Rico, Manuel. Diarios de los 80, 6 de septiembre de 1985, pág., 104.  

"En lo más hondo de mí hay un hastío radical, íntimo, acre e incesante que me impide saborear nada y llena mi alma hasta hacerla reventar […]". Flaubert, Gustave. Carta a Louise Colet, Croisset, viernes medianoche de 1847.



En el libro expone Rico una especial preocupación por el desarrollo del espacio urbano de la época y de la realidad de los barrios periféricos de Madrid. Rico sorprende con su mirada crítica y nostálgica de su entorno personal, político y narrador. Evoca con cierta melancolía los territorios de la vida cotidiana de los barrios en los que se desdobla su presente y pasado. "Eso de imaginar la vida que se oculta más allá de sus calles, de cavilar acerca del mundo de relaciones que alberga cada manzana de edificios, de la cotidianidad hecha de frustraciones, de alegrías, de sufrimientos, de pasiones, de amores imposibles que alimentan la realidad de cada bloque […]. Y pienso que son posibles tantas novelas como viviendas tiene el barrio", pág., 35.

Leer Escritor a la espera es algo así como pasear por los barrios periféricos del Madrid de los ochenta como los narrados por Patrick Modiano en el París de cincuenta –en el siglo XX siempre fuimos con 30 años de retraso–. La misma sensación desoladora de los polígonos industriales nacidos al abrigo del desarrollismo español del posfranquismo que imprime en la escritura de Manuel Rico un vapor de nostalgia y una mirada inteligente de una capital en plena catarsis cultural y económica, donde las bolsas de pobreza y marginación en el extrarradio de la ciudad son el caldo de cultivo de los movimientos contestatarios, restringidos por la alienación de sus pobladores, aunque estimulado por la libertad política que nos dio la Transición y las reivindicaciones sociales de una sociedad que se evolucionaba rápidamente al cobijo de la ilusión trasformadora que auguraba el primer Gobierno socialista de 1982, desde la II República. El hombre de barrio con ansias de universo en una lucha constante por combatir la alienación y la pobreza de los barrios deprimidos de Madrid.

En los diarios, Rico no solo se circunscribe al espacio urbano, también hay hueco para la ruralidad y al paisaje de su infancia y juventud de los pueblos de su memoria personal, como Buitrago, la sierra de Madrid, El Casar de Talamanca, el redescubrimiento del Valle del Lozoya para hacer de sus paseos, meditaciones y recuerdos material literario. Sus libros de viajes son buena prueba de ello, Por la Sierra del Agua y Letras viajeras.

Manuel Rico en los ochenta es diputado en la Asamblea de Madrid por el PCE. Es esclarecedor leer las reflexiones, temores y necesidades de un autor comprometido con las responsabilidades que ha asumido como político en el Partido Comunista, y las tensiones que se dirimen en él en esa batalla que libra consigo mismo para lograr ser el escritor que anhela. Escribe, el 8 de marzo de 1985: "Mi crisis personal con relación a la política también se profundiza. Estoy viviendo un momento de difícil militancia […]. ¿Es compatible la literatura con la militancia en el grado en que la he asumido? To be or not to be. That is the question.", págs., 37 y 38.

Para Rico la literatura es compromiso, es lucha y militancia, y cultiva una literatura íntima y comprometida. Su espacio de memoria personal nos conduce al espacio de memoria colectiva que tan bien retrata Manuel Rico en Escritor a la espera (Diarios de los 80). Lectura muy recomendable.
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Mercedes de Vega es escritora y socióloga. Su último libro, Todas las familias felices (Plaza & Janés, 2018).

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