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El rincón de los lectores

'Girl', ¿es esta la respuesta?

  • La película podría contribuir a la apología de la reasignación quirúrgica de género, que no es la única salida para quienes se sienten mujeres y han nacido con una anatomía masculina, o viceversa
  • Más que la transformación de los cuerpos de las personas trans habría que transformar las mentalidades binarias que siguen insistiendo en que la identidad de género tiene que ver con la anatomía

Publicada el 22/03/2019 a las 06:00 Actualizada el 21/03/2019 a las 19:52
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Victor Polster en la película 'Girl', de Lukas Dhont.

Victor Polster en la película 'Girl', de Lukas Dhont.

Si me animo a escribir sobre Girl, la excelente película de Lukas Dhont (Bélgica, 2018), no es para reseñar su estética cinematográfica, ni el acierto del tema trans (fundamental en estos momentos), ni las decisiones técnicas del director (que la protagonista quiera ser bailarina contribuye a llenar de bellas imágenes la cinta), sino para advertir sobre una lectura posible que, temo, podría hacer de Girl un film que contribuyese a la apología de la reasignación quirúrgica de género, haciéndolo extremadamente peligroso para exponerlo con fines educativos a adolescentes o jóvenes, cuya incertidumbre identitaria les hace extremadamente vulnerables, de manera que la exposición a un modelo de cambio de género como el que la película muestra pueden hacerles desear esa única opción de vivir una experiencia de sí mismos ambigua, proponiendo una identificación precipitada con lo trans que podría complicar su devenir. Solo acompañada de un amplio debate crítico sería adecuada esta película para fines educativos.

Me explico.

Girl trata de una bailarina, Lara, que lucha por entrar en una exigente escuela de ballet clásico, luchando con ahínco por encima de un límite físico del que ya le advierten sus profesores de danza: nació con un cuerpo de varón y sus pies y su flexibilidad son los propios de la anatomía masculina. Este límite no es aceptado por la chica, que está en pleno proceso hormonal de cambio de género y espera con impaciencia una cirugía que la libre de su pene, que oculta con esparadrapo para evitar la imagen de un cuerpo masculino que detesta. La película cuenta magníficamente el empeño de la joven por conseguir su sueño de ser bailarina y de ser considerada una mujer, así como el apoyo del equipo de profesionales que le atienden, y el incondicional acompañamiento de su padre. Ni estos ni su familia se cuestionan en ningún momento que la opción quirúrgica sea la adecuada; todos aceptan esta salida como la más apropiada, la que se ajusta al deseo expresado por la chica en transición. Pero Lara tiene prisa por lograr esa operación de cambio de sexo, pues ha puesto en la transformación de sus genitales todas sus expectativas. Finalmente, mediante un procedimiento expeditivo, consigue la deseada cirugía, y en la última escena vemos a una joven radiante que camina empoderada sonriéndole al futuro, con el cuerpo de mujer por el que tanto ha luchado y que tanto ha deseado.

Un final feliz para Lara, parecen decirnos como conclusión, una excelente película también, pero nunca una visión realista de las dificultades que la transexualidad y la reasignación comportan para muchas personas trans.

¿Por qué?

En primer lugar, la reasignación quirúrgica no es la única salida para quienes se sienten mujeres y han nacido con una anatomía masculina, o viceversa. Existe mucha literatura sobre la necesidad de eliminar esta práctica y de  levantar discursos alternativos que abran un espacio auténticamente trans o queer, permitiendo un amplio abanico de identidades no binarias, sin necesidad de someterse a complejas, costosas, y a menudo inciertas, cirugías de reasignación. Más que la transformación de los cuerpos de las personas trans habría que transformar las mentalidades binarias que siguen insistiendo en que la identidad de género tiene que ver con la anatomía, y no con una compleja red de sobredeterminaciones inconscientes tanto familiares como sociales y biográficas. A este respecto hay una amplísima bibliografía que insiste en esta necesidad para aliviar el sufrimiento de quienes no encajan plenamente en los estereotipos de género. Lean a Miquel Missé. La película ha quedado en este punto obsoleta. La lucha por la reasignación quirúrgica pertenece a una primera etapa del activismo trans que necesitaba visibilizar la opción transgénero insistiendo en el derecho a la reasignación, pero ha pasado suficiente tiempo sobre esto y la opción a optar por una identidad de género que no necesite mutilar el cuerpo para vivir plenamente gana terreno.



En segundo lugar, el ambiente en el que se mueve Lara es de una comprensión y de una tolerancia raras en medios culturalmente más cerrados, lo que proporciona una sensación de facilidad en el tránsito, que está lejos de ser real. Si bien Lara muestra explícitamente en la película su temor a ser rechazada en una relación erótica, casi todos los personajes secundarios la comprenden y apoyan en su empeño sin restricciones.

El padre es un personaje muy poco trazado en sus contradicciones, se diría que la aceptación de su hija trans es casi gozosa, sin fisuras, mostrando apenas la ambigüedad y los temores que pueden generarse en los progenitores en estos casos. Se trata de un padre ideal, del que no se advierten matices. La rapidez con que algunos progenitores se adhieren al deseo de sus hijos e hijas menores de ser chica o ser chico, no puede explicarse sino en el marco de una cultura de la inmediatez y la prisa, donde la incertidumbre no se tolera, como no se tolera  la complejidad y la ambivalencia. Pero esta es otra historia.

Por último, la idealización que señalamos llega a ser extrema en lo que respecta al cuerpo de Lara. La elección de un actor con un fisonomía andrógina, el espléndido Victor Polster, elude los límites que los resultados de la transición pueden tener para la mayoría de las personas trans. Estas conservan en la transición rasgos del sexo anatómico de origen, mientras que en Lara no es así; su androginia es versatilidad, y su aspecto femenino muestra los resultados de la transición como un éxito absoluto. Nada que ver con lo que les sucede a la mayoría de las personas trans, quienes, tras el arduo proceso de hormonación y cirugía, no consiguen ser vistas del todo como mujeres u hombres, al delatarles su voz, la anatomía de su esqueleto, la anchura de sus manos o de su mandíbula.

De ahí que sea importante aceptar socialmente estas diferencias, estas experiencias biográficas distintas, incluyéndolas en el amplio abanico de la diversidad de formas de vivir el género, sin intentar contrariar los cuerpos acomodándolos a un estrecho lecho de Procusto binario hombre-mujer.
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Lola López Mondéjar es psicoanalista y escritora. Su último libro es Qué mundo tan maravilloso (Páginas de Espuma, 2018).

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