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Presencia de Ramón Gaya

  • Otra modernidad constituye una solvente mirada al periplo biográfico de Gaya y a su doble papel de pintor y escritor, con singulares postulados estéticos
  • Durante décadas, Miriam Moreno conoció al pintor, perteneció a su círculo de amistades y fue testigo privilegiado del devenir de su escritura

Publicada el 05/04/2019 a las 06:00
Otra modernidad. Estudios sobre la obra de Ramón Gaya
Miriam Moreno Aguirre
Editorial Pre-Textos / Fundación Amado Alonso
Valencia
2018

 
  En la obra de Ramón Gaya (Murcia, 1910-Valencia, 2005) confluyen pintura y escritura. Son vetas creadoras complementarias. Ambas propician una indagación estética cuyo estudio es el motivo central del ensayo Otra modernidad. Estudios sobre la obra de Ramón Gaya con el que Miriam Moreno Aguirre (Madrid, 1954) consiguió el Premio Internacional de Crítica Literaria Amado Alonso en 2017.

Con una trayectoria profesional desarrollada en la producción de programas culturales en Televisión Española, Miriam Moreno Aguirre se doctoró en Filosofía con una tesis dedicada a Ramón Gaya, sobre quien ha publicado numerosos sondeos críticos en revistas especializadas y El arte como destino. Pintura y escritura en Ramón Gaya, quehacer editado en 2010. Nos hallamos, por tanto, ante quien ha hecho del legado gayesco un espacio de lucidez reflexiva. Suma a su afán una implicación biográfica directa; durante décadas conoció al pintor, perteneció a su círculo de amistades y fue testigo privilegiado del devenir de su escritura y de la disciplina de su pensamiento estético. Por ello, trasmite una visión cercana y repleta de equilibrio, en la que se analizan el periplo biográfico, el contexto cultural y las filiaciones del universo estético.

En la compleja labor de análisis, se ubican como amanecida de la investigación los datos más significativos del trayecto vital. Desde muy temprano, el niño siente una profunda vocación pictórica que se afianza con un viaje a Madrid, donde conoce el Museo del Prado y a personalidades como Juan Ramón Jiménez. Viaja más tarde al París de las vanguardias y se implica en la obra cultural de la II República a través de las Misiones Pedagógicas y, después, en la revista Hora de España. Su tarea política en la Guerra civil provoca el exilio a México durante décadas. Vuelve en 1960, con un último periodo de creación y reconocimientos  que abarca hasta su fallecimiento, en 2005.

La cimentación teórica de Gaya proviene sobre todo de las articulaciones conceptuales del krausismo y de la obra filosófica de Nietzsche, Bergson y Ortega y Gasset; pero también del ideario estético de Juan Ramón Jiménez, a quien admiró profundamente y con el que mantuvo siempre una relación afectiva muy consolidada. Desde esas fuentes germinales se levantan los juicios estéticos del pintor, difundidos en las anotaciones biográficas de Diario de un pintor y en tres textos ensayísticos esenciales: El sentimiento de la pintura (1959), Velázquez, pájaro solitario (1967) y Naturalidad del arte (y artificialidad de la crítica) (1996). No son estudios marginales en su condición de pintor. En ellos “se puede apreciar la intensidad elocuente y la originalidad de un pensamiento suscitado por intuiciones inesperadas, iluminaciones y presentimientos llenos de agudeza, en un tono a veces lírico, otras directo y otras incisivo. Son textos elaborados con precisión, claridad, hondura, guiados por el deseo que tiene todo artista de dilucidar la naturaleza de su propio impulso pictórico y del influjo que otras creaciones han ejercido en su obra y en la de otros creadores”, subraya Miriam Moreno Aguirre en afortunada síntesis.

Para Ramón Gaya, ser pintor afecta a la condición ontológica del sujeto, es una forma de amar antes que la pintura los paisajes y las figuras reales. De ese amor nace el impulso pictórico: el sentimiento de la pintura, ese despertar de quien se descubre inmerso en la totalidad misteriosa de la naturaleza y en la plenitud de su pobreza original. Tras el estudio de la noción de sentimiento, se profundiza en la correspondencia entre sentir y pintar. Del saber sentir emana algo oscuro y misterioso, una veta vertebradora, en la sostenida evolución del trabajo, que marca senda en el tiempo. Si en los años veinte el joven pintor soporta el contagio vanguardista, tras su regreso de París y su inmersión en las Misiones Pedagógicas emprende una etapa desprejuiciada, de mímesis y homenaje con los grandes maestros, al margen de tendencias. Después, en la grieta del exilio profundiza en un realismo de tono sombrío que no cambia de gamas cromáticas hasta el viaje a Venecia, ya en los años sesenta cuando su plástica abre un estilo remozado entre el enfoque realista y la imprecisión perceptiva, para concluir tras el definitivo regreso a una etapa de insólita madurez y fertilidad, con amplia temática argumental, desde la naturaleza al retrato, en una vía de esencialización y despojamiento.

Ya en plena madurez, Gaya escribe su libro decisivo, Velázquez, pájaro solitario. Miriam Moreno Aguirre, con inteligencia nos revela las claves de lectura. La fuerte devoción velazqueña propicia la comprensión de sus valores plásticos y una conducta sin rincones dubitativos ante los problemas técnicos. Para Gaya, “Velázquez no percibe la realidad paso a paso sino de un golpe que abarca la totalidad”. 

Otra modernidad constituye una solvente mirada al periplo biográfico de Ramón Gaya y a su doble papel de pintor y escritor, con singulares postulados estéticos. Reúne los focos activos del conocimiento directo con su constelación emocional y la experiencia cultural de una bibliografía profunda, de la que es parte esencial la biblioteca personal de Andrés Trapiello, cuyo magisterio es norte y voluntad. De esta atmósfera nacen páginas esclarecedoras al hacer memoria y lumbre de los presupuestos estéticos y el hecho de vivir. Un ensayo ejemplar, fuerte y acorde con el magno legado de Ramón Gaya.
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José Luis Morante es poeta y crítico literario; su último libro es Los cien mejores poemas de Karmelo C. Iribarren (La Isla de Siltolá, 2018).
 

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