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Club de lectura

La violencia invisible

  • En Formas de estar lejos, Edurne Portela ha puesto rostro –aunque sea de ficción– al maltrato psicológico de forma creíble y efectiva
  • Ahí reside el peligro que palpita en estas páginas: la naturalización de actos y gestos que Alicia acepta, al principio sin preguntarse demasiado

Begoña Curiel
Publicada el 12/04/2019 a las 06:00 Actualizada el 11/04/2019 a las 20:15
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Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.
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El libro durmiente comenzó su andadura como club de lectura en junio de 2003. Su nombre hace referencia a la necesidad de rescatar los valores y principios que duermen en el seno de los libros. El libro durmiente se define como una entidad creada sin fin de lucro. Nuestra acción adquiere la condición de voluntariado cultural. Desde el año 2012, correspondiendo con el período lectivo, impartimos los talleres de escritura creativa, en dos niveles: básico y avanzado. Finalmente, la invitación a los autores para presentar sus obras o impartir clases magistrales sobre las técnicas de escritura ha dado lugar a la creación de un foro literario, donde confluyen los lectores, libros y escritores, compartiendo ideas e inquietudes en pro de la cultura.

Formas de estar lejos
Edurne Portela

Galaxia Gutenberg
Barcelona
2019
  Cuando la violencia está encerrada entre las paredes de una casa se niega. Si la propia víctima tiene dificultades para reconocerla –e incluso la niega–, se hace aún más invisible. Formas de estar lejos se adentra en el maltrato silencioso que anula vidas.

Alicia es una mujer de éxito en el terreno profesional en Estados Unidos. Se ha acostumbrado –o eso parece– al nuevo contexto fuera de su Euskadi natal. Le gusta encerrarse en sus libros y trabajos universitarios. Conocer a Matty ha resultado ser un nuevo paso donde la pareja disfruta de sus buenos momentos. Hasta que llegan los malos.

Si no hay puñetazos ni ojos amoratados el entorno está ciego a la realidad. Lo peor es el maltratador que no sabe o niega que lo es. Hasta que ejerce la violencia física camina por la vida convencido de que es un hombre normal, con expresiones y faltas de respeto que se confunden con “momentos puntuales” y que se promete a sí mismo que “no se van a repetir”. Ahí reside el peligro que palpita en estas páginas: la naturalización de actos y gestos que Alicia acepta, al principio sin preguntarse demasiado. Hasta que la interrogación abre la puerta del miedo. La violencia que no se ve ni se cuantifica, se siente. Quiera o no la víctima.

La protagonista vive este proceso. Incrédula. ¿Cómo le puede ocurrir a una persona preparada, formada, intelectual, con un nivel económico que le permite ser independiente? Pues sí. Ocurre, y Edurne Portela ha convertido la violencia de género en novela. Con la visión de las dos partes. La del agresor y la agredida: el que actúa y no reconoce; la que asiste estupefacta a lo que no quiere poner nombre. El miedo es así. La inacción, una de las consecuencias. Paraliza. Congela. Como esa nieve fría de la portada que Portela hace llegar tan bien a su narración.

El carácter introspectivo de Alicia no ayuda a salir del túnel. La distancia física con la familia contribuye a la soledad que como en otros casos se autoimpone y con ella, la pérdida de perspectiva, la caída de la creencia en una misma, de su capacidad y posibilidades. Es un proceso perverso que atrapa con redes de araña. Tan sutiles como recias.

Además, Edurne Portela, que por su formación académica conoce los campus universitarios estadounidenses, cuela su ambiente en las páginas como ejemplos de otras formas de violencia silenciosas. El drama de los abusos, entre ellos los que genera el racismo, de las llamadas fraternidades con las fiestas como escenario, también está aquí.

Me gusta cómo lo cuenta. No hay complicaciones ni rizos narrativos en esta historia. La lectura es fluida. En determinados momentos, el relato de la acción causa escalofríos. Y no hace falta sangre. Ni aspavientos literarios. Reconozco que en esta autora no solo me han cautivado estas Formas de estar lejos.

En ocasiones, por distintos motivos, oyes hablar sobre escritores pero no a través de sus novelas. Las pistas que ofrece Internet en sus múltiples formatos te llevan sin querer y por curiosidad hasta otras facetas suyas. Por ejemplo, por trabajos previos y paralelos que llaman tu atención. Así encontré a Edurne Portela y ya la he conocido como escritora.

Mis primeras buenas impresiones se han consolidado tras la lectura de esta novela. Contando una historia sobre un tema nada desconocido –pero sí más silenciado de lo que la sociedad necesitaría–, sin embargo ha puesto rostro –aunque sean de ficción– al maltrato psicológico de forma creíble y efectiva. El que hay que escarbar para verlo. Y por supuesto, hay que querer verlo. Portela nos ofrece el techo de Alicia y Matty como ejemplo; con una pareja tan divina, tan moderna, tan… sin problemas.

Como decía, no es un tema nuevo el que aborda, y sin embargo, hay tantas gafas que ponerse y sobre todo querer mirar… Y lo más difícil, ponerse manos a la obra para superar el vértigo del reconocimiento de esta violencia que se masca en muchos hogares. Más cerca de lo que nos gustaría.

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