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Liebre por gato

Verde-violeta

  • En la nueva entrega de la sección dedicada al microrrelato recogemos dos textos de la escritora Alena Collar
  • La autora ha publicado títulos como la novela El retrato de Irene o el libro de relatos Abre la puerta

Publicada el 14/06/2019 a las 06:00 Actualizada el 14/06/2019 a las 11:45
La escritora Alena Collar.

La escritora Alena Collar.

La sección de microrrelatos inéditos Liebre por gato está coordinada por Fernando Valls y Gemma Pellicer. En esta nueva entrega recoge dos textos de la escritora Alena Collar.
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Verde-violeta

Bajaban hacia el río los caballos. Los veía desde el pretil del puente. Un cielo verde violeta traspasando la mañana. Abajo, en el agua, lodo y barro mezclados con deshechos, desperdicios, latas, colillas. Flotando insurrectos. Negándose a ser olvidados.
Y los caballos. Acercándose por la ladera de enfrente. Dibujando la ausencia de todo lo que no fuera ellos y ese cielo duro.

Pero ella está ahí. Mirada fija. Ojos fijos. Obteniendo el fotograma del pelaje erguido. Las patas firmes. No van a resbalar los caballos en el río. No van a mancharse. Indemnes, salvo de sí mismos. Ilesos de ser contemplados.

Cuando cruzaron, del agua se levantó un rumor de cieno. Y fue entonces.
Entones se escuchó el grito mientras caía.
Pero los caballos ya no estaban.

 
No volveré a Sangri-la

Eso dijo. “No volveré a Sangri-la”, una frase que Oscar entendió a medias. Entre otras razones porque lo dijo en un murmullo; como para sí misma.
Quedaba el libro sobre la mesa del café mientras se levantaba y pretendía marcharse. Había dejado su dinero, dos euros, con un gesto indiferente. “Pago lo mío, que tengas buen día, Oscar”. Y entonces añadió la frase.

Al irse, Oscar recogió el libro. Quince años desde que se lo regaló. Luego, la vida entera de desencuentros.
No había sido fácil para ella, pensó. Dejarle así. Como si tomara un tren repentinamente, o como si –también podía ser- lo hubiera llevado planeando años. Y tampoco era una sorpresa, tuvo que reconocerse. Fue después del último viaje: ella no estaba en casa cuando él regresó. Esperó tres días. Luego recibió una llamada: “tenemos que hablar”.
Antes, cuando se conocieron, a ella le gustaba esperarle a la vuelta, incluso le acompañó a Florencia en dos ocasiones, y otra a El Cairo. Fue en Florencia, la última vez que viajaron juntos cuando le regaló, en italiano porque no había otra versión, Horizontes perdidos, de James Hilton.
-Nos podríamos perder aquí durante años- le dijo, mirando el Arno desde el puente.
-Ojalá…

Pero luego, piensa ahora, el Arno se diluyó en un mar de desencuentros. Pequeñas ruindades, fotos movidas en las que no aparecía la nueva tierra. Expedicionarios de un amor desdibujado. Más tarde, se concretó aquel musgo encubierto de cortesías en broncas más claras, silencios espesos, frases cortantes. Qué poco tarda el olvido, piensa.
Y ahora se ha marchado. Dejando el libro en la mesa. Y una frase: una sola frase que no ha querido terminar de entender junto a un libro gastado por el uso.
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Alena Collar es licenciada en Periodismo y ha sido profesora de Lengua y Literatura españolas. Su última novela es El retrato de Irene (Baile del Sol, 2016). Acaba de publicar el libro de relatos Abre la puerta (Talentura Libros). Mantiene un blog de reseñas literarias desde junio de 2007. Colabora en revistas digitales como Alquimia literaria.

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