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Los diablos azules

Camilleri, negro y comunista

  • La única diferencia entre un joven revolucionario y un viejo escritor de novela negra es que el joven Camilleri trabajaba de pie y el viejo trabajaba sentado
  • Camilleri es un caramelo ideológico abandonado a las puertas de un colegio. Por eso es tan perversor, tan imprescindible y tan llorable

Publicada el 19/07/2019 a las 06:00 Actualizada el 18/07/2019 a las 22:18
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El escritor italiano Andrea Camilleri.

El escritor italiano Andrea Camilleri.

EFE
En toda la historia de la humanidad, la revolución proletaria solo ha obtenido una expresión victoriosa y neta de su superioridad política, ética e intelectual: la novela negra. La revolución proletaria todavía no se puede jactar de haber dado a todo el mundo de comer, pero la novela negra sí se puede jactar de haber dado a todo el mundo de leer. Por eso, hasta hace nada, los que viven gozosamente en los parnasos ministeriales del arte han  calificado la literatura negra como género menor. Literatura popular. Pulp. Folletín policíaco. Historietas de detectives. En los parnasos ministeriales siempre ha incomodado mucho que el pueblo lea, y por eso se denigra sistemáticamente la literatura que el pueblo lee. Así que cometieron el error de poner baratos los libros de literatura negra. Al precio de los folletines románticos. Y el pueblo leyó. Qué peligro.

Dashiell Hammett, uno de los pioneros de la novela negra, se hizo tan popular con su literatura barata que, en 1951, fue encarcelado por el gobierno de Estados Unidos acusado de actividades comunistas (pedir el voto para los negros, defender la libertad de prensa, denunciar al Ku-Klux-Klan, abogar por los derechos de los refugiados políticos y otras majaderías). Hammett era peligroso porque vendía demasiado. Y demasiado barato. La gente que lee demasiado barato es la única que no duerme ni descansa por leer, y por lo tanto es la más peligrosa.

Andrea Camilleri, que acaba de morir a los 93 en un hospital de Roma, se afilió al Partido Comunista italiano antes de cumplir los 20 y publicó su primera novela negra a los 70. No cambió mucho este hombre, al parecer, en medio siglo. La única diferencia entre un joven revolucionario y un viejo escritor de novela negra es que el joven Camilleri trabajaba de pie y el viejo Camilleri trabajaba sentado.

Con 70 años, Andrea Camilleri escribe una novela decididamente negra, La forma del agua, primer caso del policía siciliano Salvo Montalbano, “un comisario de Catania que, cuando quería entender una cosa, la entendía”.

En aquella novela que Camilleri publicó en 1994 se habla de algunas cosas que pasaban en los tiempos de Dashiell Hammett y que, aun hoy, un cuarto de siglo después, siguen pasando. Se habla de “unos jóvenes arquitectos técnicos debidamente desempleados como arquitectos técnicos” y dedicados a recoger basura. De una red de prostitución cuya “carne fresca procedía en buena parte de los países del Este, liberados del yugo comunista, el cual, como todo el mundo sabe, negaba toda dignidad a las personas”. De un jefe analfabeto que “siempre se las arreglaba para que el trabajo más humillante y difícil recayera sobre los tres diplomados que tenía a sus órdenes”. De algún político, “católico practicante, fundador del Partido Popular italiano (acerca de las ideas de su padre, miembro de las brigadas de acción fascistas y participante en la marcha [de Mussolini] sobre Roma, se había corrido un obligado velo de silencio)”. Y así.

Todas estas cosas que antes pasaban en Italia, y hoy pasan en Italia y en España (por poner solo dos ejemplos), las va contado Andrea Camilleri con la suavidad y la desenvoltura del fumador de opio, dentro de una novela popular, pueblerina, algo intrigante, algo folletinesca de más. Camilleri es un caramelo ideológico abandonado a las puertas de un colegio. Por eso es tan perversor, tan imprescindible y tan llorable.

Yo, por ejemplo, creo que esta conversación se debería de estudiar en ciencias políticas: “Los pensamientos que se te han ocurrido a ti, un representante de la ley, son exactamente los mismos que se me han ocurrido a mí, un delincuente. Y tú solo querías comprobar si coincidían, ¿verdad, Salvo?”.

Para el epitafio siciliano, negro y comunista de Andrea Camilleri, yo escojo esta frase suya: “Me parece bonito que, en esta provincia nuestra, alguien decida morir de muerte natural para dar buen ejemplo”.

Os veo en la morgue, dottore Montalbano, caro Camilleri.
 
 
La verdad es luz—, les dijo un día el cura.

—Esto quiere decir que, si en una familia todos dicen la verdad, ahorran en el recibo de la luz— [respondió el niño Montalbano].
 
_____

Aníbal Malvar es periodista y escritor. Su último libro es
Lucero (Akal, 2019). 

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2 Comentarios
  • Grobledam Grobledam 19/07/19 10:18

    Que buen rato, Aníbal; gracias por tu artículo. Pero no les delates, deja que sigan creyendo que son géneros menores, como la ciencia ficción: Arthur C. Clark, Bradbury, Wells o Huxley; o los relatos de aventuras para adolescentes: Stevenson, Twain, London, Defoe o el mismísimo Verne que se apunta a los tres géneros.
    Déjalos que los/nos desprecien...no nos delates, je, je.
    Un abrazo Aníbal.

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  • Kai㊙ Kai㊙ 19/07/19 08:09

    Camilleri mi más profundo respeto. Dicen que has muerto y nos has dejado. Yo sé que no es verdad. Mientras tenga memoría vivirás conmigo. No es olvidable tu crítica social, tu crítica política, judicial y menos tu entrañabilidad en la voz no solo de Montalbano, también Fácio, Catarella o Mimi. Quién olvida a Cataré cuando perdió el equilibrio en " El campo del alfarero"
    Vivirás en la memoria colectiva de todos aquellos que hemos disfrutado contigo, tú eras la voz de tus personajes.
    " Montalbano volvió a acostarse y se permitió el lujo de entonar una elegía a la desaparición de las estaciones intermedias. Qué había sido de ellas? Puede que, arrastradas por el ritmo cada vez más rápido de la existencia humana, también se hubieran acomodado a la nueva situación: habían entendido que ellas significaban una pausa y por eso habían decidido desaparecer, porque hoy en día no hay lugar para ninguna pausa en esta carrera delirante que se alimenta de infinitivos: nacer,comer,estudiar,follar,producir, zapear, comprar, vender,cagar y morir. Pero unos infinitivos que duran un nanosegundo, un visto y no visto. Acaso no hubo un tiempo en que existían otros verbos? Pensar, meditar, escuchar y por qué no?, haraganes, dormitar, divagar......
    " El olor de la noche"

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