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Los diablos azules

Esther Lázaro: "Aub considera que su misión, a partir de la guerra, es contar todo lo que ha vivido"

  • La actriz y dramaturga estudia la obra del autor y representa, desde hace años, De algún tiempo a esta parte, su primera pieza escrita en el exilio
  • En ese momento, 1939, el escritor "se está aferrando a Europa, cree en quedarse, en luchar", cuenta Lázaro, responsable también de la edición de la obra

Publicada el 19/07/2019 a las 06:00 Actualizada el 18/07/2019 a las 22:31
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Esther Lázaro en 'De algún tiempo a esta parte', de Max Aub.

Esther Lázaro en 'De algún tiempo a esta parte', de Max Aub.

Therkas Teatre
Esther Lázaro lleva años dedicada a Max Aub. Años estudiando su teatro, al que dedica una tesis aún en marcha. Años encarnando a Emma, la protagonista de De algún tiempo a esta parte, la primera obra que el autor escribió en el exilio, en 1939. El sello Renacimiento ha publicado, de hecho, su edición de la obra, una pieza que el escritor no llegó a ver representada jamás. En ella, una mujer de origen judío, convertida al catolicismo, habla completamente sola desde la Viena de 1939. Es decir, desde el infierno. Su marido ha sido asesinado por los nazis, que peinan Austria. Su hijo, diplomático, marchó a España: le llegan noticias de su posible relación con los nazis, de su posible muerte a manos de los republicanos. 

Aub iniciará con ella su conocido como ciclo judío, con San Juan y Comedia sin fin, pero cuando la escribió estaba respondiendo a lo que veía, escuchaba y leía en el París amenazado ya por la guerra. No sabía que le quedaban años de reclusión por su resistencia al fascismo, que tenía por delante aún el largo exilio, que solo volvería a España puntualmente, al final de su vida, una España que ya no reconocía y que le dejaría un poso amargo. Recuperar esta obra, defiende Lázaro, es recuperar la producción dramática del autor, la memoria de la represión y su compromiso político. 

Pregunta. Esta es la primera de las obras que Max Aub sobre el tema judío, y la primera que escribe en el exilio. Sale de un relato, ¿se sabe de cuál?

Respuesta. Él lo que dice en una entrevista es que él había escrito un cuento y que en cuento lo tuvo escrito lo pasó a teatro, con muy pocos cambios. De hecho, cuando ves el manuscrito, que está en la Fundación, se nota. El cuento está escrito en primera persona, con lo cual, con ponerle una acotación al principio y otra al final…

P. ¿Qué motivación tenía para, en vez de quedarse en la narrativa, llevarlo a teatro?

R.
Él siempre dijo que quería haber sido hombre de teatro, y que lo que le convierte en novelista es la guerra. Esto es un poco mentira, porque había escrito narrativa antes, pero sí que es verdad que él considera que su misión, a partir de ese momento, es contar todo lo que ha vivido, y cree que la narrativa va a llegar a la gente más fácilmente que el teatro. Pero en el 39, que es cuando escribe esto, todavía no había llegado a esta conclusión. Estaba en ello, empezaba a intuirlo, porque uno de los Campos, El laberinto mágico, lo escribe al mismo tiempo que esta obra.

P. ¿Qué pesó más en su interés por este tema, su origen judío o la situación política del momento? ¿O fue una combinación de ambas cosas?

R.
Creo que pesó más lo que estaba ocurriendo. Él se entera de que es judío muy tarde, a los 18 o 19 años. Su familia es de origen judío, pero eran totalmente progresistas y laicos, nunca se practicó ningún tipo de religión en casa y él de hecho nunca se sintió realmente judío. La comunidad judía, que le ha estudiado mucho, sí dice que tiene cosas en común con la tradición judía, y él en el 67 hace un viaje a Jerusalén buscando qué siente, si se siente judío o no. Vuelve diciendo que no tiene nada que ver con ellos. En cualquier caso, en el año 39 lo que le puede es denunciar lo que está ocurriendo. El personaje es judío, pero él la presenta como una católica conversa, aporta matices y señala lo que están haciendo no solo con los judíos, sino con todo aquel que tuviera antepasados judíos, y esto era algo que a él sí le podía afectar. De hecho, cuando le detuvieron en Francia, una de las acusaciones, además de rojo y comunista, que no lo era, era la de ser judío.

P. ¿Cuáles eran las circunstancias vitales de Aub cuando escribió esta obra?

R. Él estaba en París, pasó la frontera en enero o febrero del 39. Con André Malraux él había rodado Sierra de Teruel, y se encuentra terminando la película, en unos estudios de Joinville. Acababa de recibir los últimos pagos de la película, y está un poco pensando a ver qué hace. Malraux quiere que se vaya a México para promocionar la película, porque en Francia la han prohibido debido al colaboracionismo con los nazis. Pero Aub siente que debe quedarse en Europa para hacer algo: organizar la resistencia, luchar contra el franquismo… Lo que pasa es que luego pasa tres años en cárceles y campos de concentración. Pero en el momento se está aferrando a Europa, cree en quedarse, en luchar desde aquí. Este texto, y otras obras de la época, son su aportación a la causa.

P. ¿Él contaba, de manera realista, con que se representase?

R. Él siempre contó con ello, no solo con esta, sino con todo su teatro. Lo que pasa es que el pobre no vio casi nada… Y lo que veía en los años sesenta era lo que escribió en los veinte. Él pensaba que estaba muy bien que le representaran, pero que eso lo escribió con 18 años, ¿qué pasaba con todo lo que hizo después? ¿Con las 40 obras que publicó en los últimos 40 años? Esta obra no solo no la vio representada, sino que tardó diez años en poder publicarla, cuando se edita en México. Él hizo una adaptación para la radio con Radio Universidad, cuando él la dirigía, e incluso da noticia de un estreno, pero yo no he podido documentar el estreno. Pero radiada está. Incluso escribió un final alternativo para la radio.

P. ¿Ah, sí?

R. Sí, horrible. Quiero decir, comparado con el final que tiene la obra, el de la radio era algo desangelado...

P. Porque la pieza termina con un tono esperanzador.

R.
Sí, pero luego… Es curioso el trabajo de revisión de esta obra. La publica en tres ocasiones en distintos lugares, y también publica la traducción francesa, que la cambia muchísimo. Es una obra pensada para el 39, y cuando la publica en los cincuenta en Francia piensa que hay que quitar cosas porque eso ya no va a tener relevancia para el público. Él la transforma siempre pensando en que se pueda montar, en que sea factible para la escena.

P. Si él escribió la obra con un sentido de urgencia, se acabó frustrando ese espíritu.

R.
Él dice, cuando la publica en un volumen con otros dos monólogos, que sabe que han pasado muchos años, pero que lo que dicen sus personajes sigue siendo válido. Han cambiado las circunstancias, pero el mensaje sigue vigente. Si tú pones esa obra en escena hoy en cualquier país del mundo, y yo llevo muchos años haciéndola, los últimos en el extranjero, y en un pueblo de Colombia te preguntan si la ha escrito un colombiano el año pasado. Es lo sorprendente del mensaje universal que contiene la obra, a pesar del contexto histórico.

P. ¿Por qué pasa eso?

R.
La obra tiene, primero, un personaje maravilloso: Emma está muy bien construida, es redondo, tiene muchísimas contradicciones, y no es un arquetipo de la judía perseguida por los nazis. Tiene una vertiente de superviviente, de mujer contra el mundo y las circunstancias, de víctima que intenta sobreponerse. Y es sobre todo una madre que sufre porque no sabe cuál ha sido el destino de su hijo. Y es una viuda, con toda esa conexión con el marido, que es el recurso que usa Aub: ella habla con su marido muerto. Cualquiera puede identificarse con ella. Y el suyo es un discurso contra algo que vivimos todavía hoy, el odio la xenofobia, la exclusión del otro. Está muy presente, y cada vez más, con los grupos de extrema derecha. Eso cala.

P. Y Emma tampoco es una mujer particularmente comprometida.

R.
Exacto. Este es otro de los logros de la obra. Ella no tiene un discurso como el de los dirigentes políticos, ella narra los cambios cotidianos de la gente normal. De hecho, ella se muestra como un personaje apolítico, e incluso llegas a pensar si ellos no habrían votado por Hitler. Creo que ahí está parte de la grandeza del texto, que Aub no es grandilocuente, sino que habla desde lo llano.

P. Él establece un paralelismo entre lo que está ocurriendo en Alemania y la historia española. ¿Cómo lo hace?

R.
Posteriormente tal vez sí se han podido hacer comparativas, pero lo innovador de Aub es que lo haga en el 39. Y lo hace conscientemente, porque él quiere comparar la invasión de Austria con la invasión de España por el franquismo. Y por eso coloca la figura del hijo, que es central, en la Barcelona republicana, donde han sido los rojos los que le han detenido. Eso también le permite hablar de España, de las relaciones internacionales, de en qué momento estaba la batalla de España cuando Hitler entra en Austria… Todas las referencias históricas las tiene muy presentes.

P. Esta obra inicia su ciclo judío, que se completa con San Juan y Comedia sin fin. ¿Él era consciente de cómo estas obras se hablaban entre sí?

R. Creo que sí, porque él tenía una visión holística de su obra. Y siempre daba vueltas sobre los mismos temas. Realmente lo que le llamaba la atención de los judíos era que eran el pueblo perseguido. Un pueblo muy preparado, muy culto, con una gran tradición detrás, y que fue perseguido precisamente por eso. Él era muy crítico con el pueblo judío también, no era nada parecido a sionista, pero para él eran el símbolo de las víctimas. No es raro que vuelva sobre el tema en San Juan, que creo que es la obra más conocida de él, que no es baladí, porque en esa época había muchos casos reales de este tipo [San Juan sigue a un barco lleno de hombres y mujeres judíos que vagan por el mar siendo rechazados en cada puerto], y Comedia sin fin, que es una comedia más menor.

P. ¿Y cómo evoluciona su tratamiento del tema?

R. Es curiosa su visión. Esta está escrita en el 39, y pinta a un pueblo judío que clama venganza. El dios del judaísmo, el del Antiguo Testamento, el diluvio… No es el que pone la otra mejilla. Emma solo quiere seguir viviendo para ver la venganza de dios, y es una venganza colectiva. Pero en San Juan ellos confían en que su muerte es decisión divina y en que alguien, dios, les vengará. Su actitud es completamente pasiva, y los únicos que se salvan son quienes tienen una actitud activa, unos jóvenes que se marchan para ir a la batalla del Ebro. Los que confían en la religión se hunden todos. Y en Comedia sin fin es una venganza más individual, un tomarse la justicia por su mano.

P. ¿Cómo avanza la recuperación de la obra dramática de Aub?

R. Ahí tengo el corazón partido. Por un lado, es verdad que Aub en los últimos años ha tenido más presencia en nuestros escenarios. Obviamente no es un best seller, ni es un autor presente en todas las temporadas, pero en Madrid al menos sí que es verdad que el Teatro Español y el Centro Dramático Nacional han ido recuperándole. A la vez, lo que me entristece es que no se recuperan los textos dramáticos, sino que se hacen dramaturgias de textos narrativos. La puesta en escena de El laberinto mágico era espectacular, y Aub hubiera estado muy contento, pero no es su teatro, que era la espinita que él tenía clavada. Hay trabajo por hacer. Tiene más de 60 obras, alguna habrá que valga la pena, ¿no?
 
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1 Comentarios
  • CRJ CRJ 21/07/19 15:20

    Vi a Esther Lazaro representando la obra en Berlin. Me parecio excelente. Recomendaria a cualquiera que tenga la oportunidad que no se la pierda.

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