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En 500 palabras: 'Desvío a Buenos Aires'

  • Concha García se empeña en extraer del duro paisaje de la Argentina austral alguna clase de enseñanza respecto a su propia condición personal y social
  • Lo que se impone en el texto es siempre ese explícito afán de "ver algo" en un paisaje que apenas da lugar a alardes descriptivos, a menudo monótono y hostil

Publicada el 03/01/2020 a las 06:00
Desvío a Buenos Aires. Diario de una poeta en la Patagonia argentina
Concha García
Chamán Ediciones
Albacete
2019
  "Caminar es un medio de conocimiento (...). La cuestión es cómo miras y si al hacerlo ves algo". Con esta escueta afirmación termina este diario que da cuenta de un viaje de la poeta Concha García a la Patagonia argentina, enmarcado en su relación con los poetas de esa región, a quienes ha antologado en dos ocasiones y a quienes cita abundantemente en estas páginas.

No es este, sin embargo, un diario dictado por la mera exaltación amistosa o la complicidad literaria. Por el contrario, lo que llama la atención en el apresurado e incluso un tanto deslavazado relato de viaje que van hilando estas páginas es el hecho de que, a pesar de abundar en referencias a las personas con las que se relaciona la autora y no disimular en ningún momento que obedece a esa clase de compromisos que se derivan de la sociabilidad literaria y académica, parece presuponer a una viajera solitaria, no demasiado comunicativa y empeñada en extraer del duro paisaje de la Argentina austral alguna clase de enseñanza respecto a su propia condición personal y social. Para ello, cierto, se apoya con frecuencia en la poesía de sus anfitriones o en lo que estos le van contando de los distintos lugares que recorre, así como en diversas fuentes documentales. Pero lo que se impone a estas informaciones recibidas es siempre ese explícito afán de "ver algo" en un paisaje que apenas da lugar a alardes descriptivos, sino que con frecuencia se muestra monótono y hostil, cuando no tristemente bastardeado por las huellas de la explotación inmisericorde, la banalidad del turismo y el rastro sanguinario de la Historia.

No es que la viajera sea poco receptiva a las bellezas del lugar. Su texto, por el contrario, deja constancia de la variedad paisajística y humana del país y de su propia curiosidad hacia comunidades que, como los galeses de Gaiman, son vivo testimonio de las esperanzas que muchos europeos pusieron en la posibilidad de empezar una nueva vida en los grandes espacios por colonizar. La otra cara de la moneda, por supuesto, fue el exterminio o relegación de las poblaciones nativas, como los Selk’nam, cuya huella casi fantasmal parece que aporta, en palabras de una de las interlocutoras de la viajera, un evocador elemento de "presencia" a la poesía que se hace por esos pagos.

Tal es quizá la conclusión que cabe extraer de la lectura de estos diarios: la poesía puede suponer una importante fuente de esclarecimiento para el viajero carente de otras referencias seguras. Pero sucede también lo contrario: cuando, en un paseo por los barrios populares de Buenos Aires, la diarista recuerda el poema "1929" de Jorge Luis Borges, este pierde aquí su carácter de evocación de una pretérita estampa de duelos a cuchillo, tan del gusto de su autor, para revelar su verdadera condición de instantánea realista, corroborada por la viajera que lo cita. Lo que reafirma, como decíamos, que hay viajes para los que no hay mejor pertrecho que la propia poesía.
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José Manuel Benítez Ariza es escritor. Sus últimos libros son Arabesco (poesía, Pre-Textos) y Trilogía de la Transición (novela, Dalya), ambos de 2018.

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