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El negocio del horror

  • En la continuación de La novia gitana, la inspectora Blanco persigue a la Red Púrpura, una organización que comercia con violencia extrema en directo
  • Que las páginas pasen rápido no quiere decir que las sorpresas sean mastodónticas 

Begoña Curiel (El libro durmiente)
Publicada el 07/02/2020 a las 06:00

Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.
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El libro durmiente comenzó su andadura como club de lectura en junio de 2003. Su nombre hace referencia a la necesidad de rescatar los valores y principios que duermen en el seno de los libros. El libro durmiente se define como una entidad creada sin fin de lucro. Nuestra acción adquiere la condición de voluntariado cultural. Desde el año 2012, correspondiendo con el período lectivo, impartimos los talleres de escritura creativa en dos niveles: básico y avanzado. Finalmente, la invitación a los autores para presentar sus obras o impartir clases magistrales sobre las técnicas de escritura ha dado lugar a la creación de un foro literario, donde confluyen los lectores, libros y escritores, compartiendo ideas e inquietudes en pro de la cultura.
 

La Red Púrpura
Carmen Mola
Alfaguara
Madrid
2019

De acción va cargadita. Así que el entretenimiento está asegurado. Se lee rápido, rapidísimo. Como novela, y ante la inevitable comparación con su primera parte La novia gitana, creo que tiene menos empaque. Pero no creo que sea el objetivo de Carmen MolaLa Red Púrpura nos sumerge en otra terrible e interesante investigación donde la inspectora que dirige el equipo, Elena Blanco, se lleva la atención de todos los focos porque deja de ser policía para convertirse en madre. Esto tiene sus pros y sus contras para el desarrollo de la novela.

Desde el primer capítulo, la Brigada de Análisis de Casos empieza fuerte. Irrumpe en una vivienda donde un joven espera que empiece el espectáculo en la pantalla de su ordenador. Dos encapuchados torturarán a una joven mientras los policías intentarán evitar el temido desenlace. Persiguen a la Red Púrpura, una organización que comercia con violencia extrema en directo.

Así de impactante se presenta la trama que dará lugar a capítulos de lo más desagradables. No tanto por los detalles macabros sino por el horror que implica: la rentabilidad de la violencia a través de la red más oculta, que lógicamente –y ese es el drama– sin público no existiría. Esta realidad es el duro trago que plantea Carmen Mola como evidencia de que el mundo está muy enfermo. Pero esta cuestión solo es el trasfondo, porque la novela trata de presentar a una jefa capaz de todo. Y eso es imposible, porque la inspectora tiene datos que relacionan la desaparición hace años de su hijo con la organización.

El final de La novia gitana dejó las miguitas de forma clara y meridiana para que el lector buscara esta segunda parte. Fue fácil caer porque me gustó muchísimo y esta tiene aún más ritmo; de las denominadas absorbentes, con buenos momentos de tensión. Carmen Mola había levantado expectación tras la primera entrega y, en ese sentido, esta novela consigue sus objetivos.

En otras cuestiones ya no es lo mismo. Por ejemplo, en el papel prácticamente secundario en el que la inspectora deja al resto –salvo en algún caso–. Pierde los papeles cuando se estrecha el cerco con la posibilidad de localizar a su hijo. Tanto se descontrola que cuesta creer que pueda permanecer al frente de la investigación. A veces los hechos la sitúan a los pies de una caricatura de sí misma, además de hacerse insoportable el personaje.

Que las páginas pasen rápido no quiere decir que las sorpresas sean mastodónticas. Hay demasiados momentos en lo que está por suceder es predecible. Se ve venir desde lejos y no soy precisamente de las avispadas en tramas de estas características. Y eso... le quita un poco de emoción. En este género, al lector le gusta que le dejen con la boca abierta con eso que llamamos giros inesperados.

Un aspecto interesante de la novela es el recorrido madrileño por las páginas. Y en especial, las zonas marginales donde todo lo mejorcito del peor panorama está bien descrito gracias a las incursiones que deben realizar los policías para recabar datos. Me gustaría destacar otro tema, aunque lógicamente no es objetivo de la trama para la autora (o lo que sea: ya saben, es un nuevo caso Elena Ferrante, en el que se desconoce su identidad; en fin...). Me refiero al jugo narrativo que plantea el panorama de los padres del chico con el que empieza la novela. Esos padres que, como otros, descubren que bajo su mismo techo podría vivir un monstruo aunque sea de su sangre. Por exigencias del guion conoceremos solo la superficie de este drama familiar, aunque le sirve a la autora para otra cuestión (no debo profundizar más). Pero este terrible dilema para los padres da para mucho...

Dicho esto, me quedo con lo que apunté al principio: frenética y entretenida lectura. Seguro que Carmen Mola buscará la fórmula para ampliar la saga. Tuve la suerte de que las dos primeras fuesen un regalo. Por mi parte, ahora mismo busco otras historias. Pero si cae la tercera por sorpresa...

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