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El viaje interminable

  • El nexo que une las historias de Los errantes es un cuaderno de viajes de la autora, que da entrada a historias, a relatos, a cuentos, a teorías
  • Olga Tokarczuk ganó con este volumen el premio Man Booker Internacional para después convertirse en la flamante Premio Nobel 2018 (concedido en 2019)

Publicada el 21/02/2020 a las 06:00

Los errantes
Olga Tokarczuk
Traducción de Agata Orzeszek Sujak
Anagrama
Barcelona
2019

El viaje. Los viajes. El viaje sin meta o con ella. La épica de quien viaja con sentimiento activo (viajante) o se deja llevar (turista). El viaje en sí o en no. En coche, autobús, tren, barco, avión. Las salas de espera de los aeropuertos, otros viajantes-viajeros. Los habitantes de un barco, los viajes con motivo o por el placer de trasladarse, renuncia a un hogar, los hoteles asépticos, impersonales, repetitivos. Personas que no están dispuestas a echar raíces. Despertar sin saber dónde, hasta unir datos, cabos sueltos y caer en la cuenta. Los mapas, Ulises, Moby Dick, novelas de viajes y cuadernos bitácora de los mismos. De todo eso va el libro Los errantes, de Olga Tokarczuk, con el que ganó el premio Man Booker Internacional para después convertirse en la flamante Premio Nobel 2018 (concedido en 2019). Debería haber un premio Woman Booker Internacional. Para ella y tantas que lo han ganado.

Hablo de libro y no digo novela porque no me lo parece. El nexo que une las historias es precisamente un cuaderno de viajes de la autora, con reflexiones en primera persona, las más de las veces cortas, que dan entrada a historias, a relatos, a cuentos, a teorías. 116 entradas o capítulos, "Viaje a las raíces", "En todas partes o en ninguna", "Aeropuertos", "El piso abandonado", "Siete años de viaje", y otros que se entrelazan con historias que van parceladas a lo largo del libro, como "Kunicki. Agua I", para reencontrarnos con "Kunicki. Agua II" y más adelante, casi al final del libro, aparecerá el final del cuento: "Kunicki. Tierra". Los tres primeros apartados ya son toda una declaración de intenciones: "Aquí estoy", "El mundo en la cabeza", "La cabeza en el mundo":

No me nutro de la savia de la tierra, soy lo contrario de Anteo. Mi energía es generada por el movimiento: el vaivén de los autobuses, el traqueteo de los trenes, el rugido de los motores de avión, el balanceo de los ferrys.

No soy grande, tengo un tamaño cómodo y estoy bastante bien hecha. Tengo un estómago pequeño, nada exigente, unos pulmones robustos, una barriga firme y unos brazos fuertemente musculados. No tomo medicamentos ni hormonas, no llevo gafas… El hígado, normal. El páncreas, normal. Los riñones derecho e izquierdo, en excelente estado. Mi aorta abdominal, normal. La vejiga, correcta…. Tengo muy desarrollada la imaginación espacial, casi eidética, mas no así la lateralidad, que flojea. El perfil de mi personalidad es cambiante, más bien poco digno de confianza. La edad: psicológica. El sexo: gramatical… Hice de camarera, de “kelly” en un hotel de lujo y de niñera. Vendí libros, vendí billetes. Me empleé una temporada en un pequeño teatro como encargada de vestuario y así sobreviví a un largo inverno entre telones de terciopelo, pesados trajes, pelucas y capas de satén. Terminada la carrera trabajé como pedagoga, terapeuta de desintoxicación y también, recientemente, en una biblioteca. En cuanto lograba ganar algo de dinero, me ponía en camino.

 

Y el lector o lectora con ella. A buscar viajes, personas, historias, lugares: Rusia, Grecia, Nueva York, Ítaca, con mapas intercalados en el libro, mapas antiguos, que recrean desde los viajes de Ulises a la ciudad de la manzana del siglo XIX, siendo los más contemporáneos los que hay de China, lo mismo que uno, muy interesante, que es una comparativa de los ríos más importantes del mundo, sin fecha. Todos ellos, al parecer, se encuentran en un libro publicado en Ámsterdam en el año 2005 titulado The agile rabbit book of historical and curious maps.

Entre medias, o sea, entre el cuaderno de viajes de la protagonista, se van narrando historias más largas, para mí muy interesantes, que tienen una gran fuerza narrativa. Yo me quedaría con los "Relatos de Menchu, los viajes del doctor Blau", que se van intercalando con "Las cartas de Josephine Soliman a Francisco I, emperador de Austria", para que le devuelva el cadáver momificado y expuesto de su marido. Este subtema recorre también varios relatos del libro: cómo se momifica, qué técnicas usan los taxidermistas, cómo mantener embriones, fetos, órganos deformantes, para el estudio científico o para colecciones particulares. Y ello nos lleva, como en un nuevo viaje, a la historia de Philip Verheyen y sus tratados sobre anatomía, con una historia muy curiosa: le habían amputado una pierna por gangrena y la usó durante años para su estudio minucioso y detallado. A él debemos el nombre y el descubrimiento del tendón de Aquiles, por ejemplo. Así realidad y ficción se entremezclan con otro relato: "Cartas a la pierna amputada y La colección del zar".

Otro de los cuentos más intensos es "Zona de Dios", un alegato a favor de la eutanasia y también "El corazón de Chopin", un bellísimo relato sobre cómo el corazón del músico, una vez muerto, viajó a Polonia para cumplir la última voluntad del pianista: ser enterrado en su tierra natal.

Casi al final, como remate por todas las vueltas que el libro da, entre mapas, viajes, momificaciones o embalsamamientos, nos resume en varios relatos casi casi la intención de todo el libro. En el "Mapa de Grecia" nos dice que este país recuerda a un gran tao, compuesto de tierra y agua:

Pero en ningún lugar un elemento predomina sobre el otro, los dos se abrazan: la tierra y el agua. El estrecho del Peloponeso constituye lo que la tierra entrega al agua, y Creta, lo que el agua entrega a la tierra. En mi opinión, el Peloponeso tiene la forma más hermosa. Es la forma de una gran mano materna, seguro que no humana, que se sumerge en el agua para comprobar si su temperatura es apta para el baño.

 

Y esta introducción de la autora sirve como excusa para abordar otra narración, "Kairós", un viaje en crucero por Grecia siguiendo la ruta de Ulises, el otro gran homenaje de la autora, además de Moby Dick.

La penúltima entrada cuenta cómo hacer una preservación polimérica, paso a paso (¿alguien querrá seguir sus instrucciones?). Y por fin, la última, "Embarque", cierra el libro de manera circular, subiendo de nuevo la autora a un avión para continuar un nuevo viaje:

La puerta está a punto de abrirse. Las azafatas se afanan preparándolo todo en el mostrador mientras los pasajeros, hasta ahora como aletargados, se levantan de sus asientos y llaman al orden a su equipaje de mano. Buscan su tarjeta de embarque, abandonan sin pena periódicos a medio leer. Cada uno hace su particular examen de conciencia mental: si lo tiene todo, pasaporte, billete, tarjetas de crédito, y si ha hecho cambio de divisas. Y adónde va. Y para qué. Y si allí encontrará lo que busca, si ha elegido bien el rumbo.

 

No hay nada mejor que viajar a través de los libros. Todos los que lean este serán a su vez un poco errantes. O erráticos.

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Carmen Peire es escritora. Su último libro es Cuestión de tiempo (Menoscuarto, 2017).

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