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El rincón de los lectores

Las esperanzas rotas

  • Mi carta más larga es de obligada lectura en todas las escuelas de Senegal. No hay nadie en ese país, hombre o mujer, que no sepa quién es Mariama Bâ
  • Las dos protagonistas, amigas desde la infancia, formaron parte de una generación que luchó contra el colonialismo y contra la opresión de la mujer

Publicada el 06/03/2020 a las 06:00

Mi carta más larga
Mariama Bâ
Traducción de Sonia Martín Pérez
Wanafrica
Barcelona
2019

Aïssatou,

Recibí tu nota. Mi respuesta es este cuaderno, punto de apoyo en mi desamparo: nuestra larga experiencia me ha enseñado que las confidencias ahogan el dolor. Tu presencia en mi vida no es casualidad. Nuestras abuelas, cuyos terrenos estaban separados por una cerca de carrizos, intercambiaban mensajes a diario.

 

Así empieza uno de los libros más bellos que he encontrado de literatura senegalesa, y uno de los tres libros más importantes de literatura feminista africana, Mi carta más larga, un alegato creado por la escritora Mariama Bâ contra la poligamia y sobre la condición de la mujer en su continente. Este libro lo leí hace algunos años, publicado en la Editorial Altaya, y no me había atrevido a escribir sobre él precisamente porque era muy difícil de encontrar y no se había vuelto a reeditar. Ahora lo hace la Editorial Wanafrica, también en traducción de Sonia Martín Pérez. Por eso me animo a escribir sobre él, a ver si a alguien le pica la curiosidad, lo compra, lo lee y se sorprende como yo lo hice la primera vez.

Pero antes me gustaría acercar a los lectores la figura de la escritora. Mariama Bâ nació en Dakar en 1929, dentro de una familia acomodada, aunque fue criada por sus abuelos, ya que su madre murió cuando ella era niña. Su padre fue ministro de Salud y ella consiguió estudiar por su propio empeño y el de su padre, que se opusieron a unos abuelos de religión musulmana y mentalidad muy tradicional, contrarios a que las niñas estudiaran. Lo logró y, al finalizar, ejerció la docencia durante más de una década. Se casó con un diputado con el que tuvo nueve hijos, y después se divorció; fue una destacada activista por los derechos de la mujer. Publicó la novela cuando tenía 51 años y poco después murió de cáncer, con 52 años, en París. En la actualidad, Mi carta más larga es de obligada lectura en todas las escuelas de Senegal. No hay nadie en ese país, hombre o mujer, que no sepa quién es esta escritora. Ella inició su carrera literaria siendo mayor, ya casi a las puertas de la muerte, y apenas tuvo tiempo de verla publicada. Su segunda novela, Canto escarlata, la concluyó poco antes de fallecer, pero no la vio editada.

En 1977, el por entonces presidente senegalés y poeta Léopold Sédar Senghor inauguró un instituto llamado Mariama Bâ para dar la oportunidad a chicas jóvenes en los estudios, con un curriculum similar a los estudios secundarios de Francia. La escritora murió en 1981, en algunos sitios dice que en París y en otros en su ciudad natal. En 1982 le fue otorgado el Gran Premio Literario de África negra.

Y ahora sí, hablemos de Mi carta más larga. Se puede considerar una novela corta, de unas 140 páginas, en la que la protagonista, Ramatoulaye, escribe a su amiga de infancia, Aïssatou, durante el periodo de luto en el que permanece sin salir de casa, según el rito musulmán.

Mi corazón se amolda a las exigencias religiosas. Educada desde la infancia por la rígida moral, creo que aguantaré. Los muros que delimitan mi horizonte durante cuatro meses y diez días no me molestan en absoluto. Tengo en mi interior suficientes recuerdos para evocar.

 

Y eso es lo que hace: recordar. Poco a poco va contando sus vivencias, lo que fue la vida entre las dos amigas, cómo formaron parte de una generación que luchó contra el colonialismo, contra la opresión de la mujer, por casarse en condiciones de igualdad y por tener estudios universitarios. Vivieron el proceso de la independencia, la esperanza del panafricanismo y de nuevo la desilusión y el retroceso.

¿Habíais moldeado el rostro de la nueva África? Sueño asimilatorio del colonizador, que atraía a su terreno nuestro pensamiento y nuestra forma de ser, sombreros a pesar de la ya protección natural de nuestros cabellos rizados, pipas humeantes en la boca, pantalón corto blanco debajo de las rodillas, minifaldas que dejaban ver piernas bonitas… privilegio de nuestra generación, a caballo entre dos épocas históricas, una de dominación y otra de independencia.

 

Las dos amigas mantienen una misma postura en contra de la poligamia, pero distinta práctica, pues Aissatou, cuando aparece la segunda esposa en su vida conyugal, decide divorciarse e irse a vivir al extranjero, mientras que Ramatoulaye no tiene valor para hacerlo y acepta finalmente la poligamia. Por eso la protagonista escribe su carta más larga a su mejor amiga, admirando su decisión, y a la vez esa carta sirve para revisar su vida y desgranar las causas que la llevaron a aceptar. Todo ello con una sutileza, con una explicación de la vida en Senegal y de los ritos que nos acerca a una realidad tan desconocida para los europeos:

Flota excitante olor a ‘lakh’ que se enfría en las calabazas. Y también desfilan los grandes platos de arroz rojo y blanco, preparado in situ o en las casas del vecindario. Se sirven zumos de fruta, agua y leche merengada helada. El grupo de hombres come en silencio. Quizá guarden en la memoria el cuerpo rígido, atado y bajado por ellos a una fosa abierta que tardó poco en sellarse.

 

En este tono de confidencia, la narración avanza y combina lo que le va pasando a ella en esos días encerrada con los recuerdos de su infancia y juventud, hablando también al marido del que se enamoró:

Cuando bailábamos, tu frente, ya despejada por entonces, se inclinaba hacia la mía. La misma sonrisa feliz iluminaba nuestros rostros. La presión de tu mano se volvía más tierna y más posesiva. Todo en mí consentía y nuestra relación perduró a través de los años escolares y las vacaciones, fortalecida por el descubrimiento de tu aguda inteligencia, tu sensibilidad envolvente tan considerada y tu ambición que no toleraba la mediocridad.

 

Ese aire intimista, delicado, poético, que alterna entre lo amargo y lo dulce, lo reivindicativo y lo cruel, es el tono general de la escritura de Mariama Bâ. Su carta se convierte en un canto a la vida, a la superación de las dificultades, a no perder nunca la esperanza, a no renunciar tampoco a los recuerdos amargos o los reveses sufridos. Así, viene su última confesión:

Ya te aviso que no renuncio a rehacer mi vida. A pesar de todo —decepciones y humillaciones— la esperanza sigue vive en mí. La planta verde surge del humus sucio y pestilente y siento en mí brotar tallos nuevos. La palabra felicidad esconde algo, ¿no es cierto? Trataré de descubrirlo. Peor para mí si tengo que volver a escribir mi carta más larga…

 

Mariama Bâ ha sido la primera escritora senegalesa en ofrecer una descripción de las mujeres africanas de su generación. Este libro, junto a Las delicias de la maternidad, de la nigeriana Buchi Emecheta, y Condiciones nerviosas, de la escritora de Zimbabue Tsi Tsi Dangarembga, están considerados por el escritor Ngugi Wa Thiong’o los libros fundacionales del feminismo africano. Creo que es interesante acercarse a ellos, y en especial a la novela de Mariama Bâ. En la librería Traficantes de sueños (Madrid), que tienen una buena muestra de literatura africana, se puede encontrar. Un buen regalo para cualquier fecha.

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Carmen Peire es escritora. Su último libro es Cuestión de tiempo (Menoscuarto, 2017).

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