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En menos de 500 palabras: Un convincente alegato

  • Esta selección de poéticas, semblanzas de otros autores y fragmentos de entrevistas no es un mero empeño de poner en valor una trayectoria poética particular
  • Luis Alberto de Cuenca defiende un tipo de creador que no ejerce a todas horas como tal ni se muestra particularmente devoto de ninguna doctrina filosófica o estética excluyente

Publicada el 01/05/2020 a las 06:00 Actualizada el 13/05/2020 a las 20:05

Sobre mi poesía (1971-2018)
Luis Alberto de Cuenca
Libros Canto y Cuento
Jerez de la Frontera
2020

A primera vista, el título Sobre mi poesía puede resultar más bien poco atractivo: un simple ejercicio de egotismo autoral. Por eso lo primero que conviene destacar del libro así titulado que acaba de publicar Luis Alberto de Cuenca (Madrid, 1950) es la evidencia de que su lectura desmiente por completo ese pronóstico pesimista.

En efecto, lo que ofrece esta selección de poéticas, semblanzas de otros autores y fragmentos de entrevistas, rematada por un puñado de poemas propios de asunto metapoético, no es tanto un mero empeño de poner en valor una trayectoria poética particular, como una entusiasta profesión de fe en la poesía en general, entendida, no como un enojoso asunto de especialistas, sino como un transparente homenaje a la vida. En ese sentido, el autor descubre pronto sus cartas, distanciándose del tipo de poeta en el que cabe ver a "un individuo más o menos triste y desagradable, mente obtusa y orgulloso e inconsciente analfabetismo" —retrato, en fin, que no es difícil asignar a decenas de poetas de los últimos cien años—, para postular un tipo de creador que no ejerce a todas horas como tal ni se muestra particularmente devoto de ninguna doctrina filosófica o estética excluyente, y que en todo tiempo se muestra receptivo a "la brisa de la calle", no en el sentido que a esa clase de formulaciones daban los "poetas sociales" del medio siglo, sino como quien conserva y cultiva, ante la realidad, una permanente capacidad de asombro.

Hay, desde luego, una natural afinidad entre esa idea de la poesía y la preferencia por el tipo de discurso poético que el autor ha querido llamar "de línea clara", al modo de los diáfanos cómics de Hergé y Edgard P. Jacobs, y otros han llamado "poesía de la experiencia" o "figurativa". Desde luego, y una vez constatados los gustos literarios de Luis Alberto de Cuenca, no puede decirse que se circunscriban a un puñado de autores afines: entre aquellos de los que se ocupa en la sección "Artículos sobre poética" se encuentran escritores tan distintos y alejados entre sí como Rubén Darío, los barceloneses Cirlot y Gil de Biedma —tan opuestos como la noche y el día—, el griego Calímaco de Cirene o el norteamericano Ezra Pound. Pero ese amplio abanico no indica dispersión del gusto, sino más bien una sutil perspicacia para captar –y transmitir al lector– las posibles secretas afinidades que pueda haber entre autores tan diversos.

Una de esas posibles afinidades, en la que De Cuenca coincide, por ejemplo, con Cirlot y Pound, puede ser su declarada preferencia por la épica antes que la lírica; entendiendo por lo primero tanto el gusto por lo narrativo como la inclinación a dar cabida en su poesía a emociones bien distintas al mero arrebato subjetivo del poeta exaltado. Poesía heroica, pues, ma non troppo. Y, en cualquier caso, siempre entusiasta y divertida, como ponen de manifiesto los bien elegidos poemas del autor que cierran su muy convincente alegato.

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José Manuel Benítez Ariza es escritor. Su último libros es Realidad (La Isla de Siltolá, 2020).

 

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