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En 500 palabras: 'Poesías completas' de Miguel d'Ors

  • Miguel d'Ors ha reafirmado su virtuosismo, tanto en lo formal como en su capacidad de infundir novedad a una serie de asuntos recurrentes
  • El escritor venía a airear el universo poético de la generación posterior, la de la llamada "poesía de la experiencia", aportándole un punto de chispa verbal

Publicada el 26/06/2020 a las 06:00

Poesías completas
Miguel d'Ors
Renacimiento
Sevilla
2019

Para una minoría entusiasta, la publicación en 1992 de la antología Punto y aparte supuso la revelación de un poeta que asentaba sus raíces en los modales literarios de su tiempo, pero que supo ir mucho más allá del prosaísmo conversacional entonces imperante, añadiéndole un matiz de indagación en las posibilidades del lenguaje, una agraciada inventiva verbal (adjetival, sobre todo) y una característica humildad, bastante alejada de la épica urbana en boga, a la hora de configurar su personaje poético. A Miguel d’Ors (1946), por su edad y por la fecha de publicación de su primer libro, cabría encuadrarlo en la generación del 68 o de los "novísimos", pero su poesía, tal como se reveló en la mencionada antología y en los libros que la circundan, desde Es cielo y es azul (1984) hasta La imagen de su cara (1994), venía a airear el universo poético de la generación posterior, la de la llamada "poesía de la experiencia", aportándole un punto de chispa verbal, una mayor amplitud de referentes (Neruda, por ejemplo) y una declarada aversión al descreído cinismo que parecía seña de identidad de los poetas del día.

No sabríamos decir si la decisión del poeta de proponer al lector, en esta edición, "una lectura inversa" de su obra, disponiendo sus libros en orden cronológico decreciente, del más reciente al más antiguo, no oscurece quizá el deslumbramiento que supuso aquel momento cenital de su poesía. Los últimos libros de un poeta no son necesariamente sus "mejores logros"; aunque, en el caso que nos ocupa, hay que decir que, en la sucesión de títulos que, con admirable regularidad, Miguel d’Ors ha seguido publicando desde la década de su primera madurez hasta hoy, su pulso no sólo no ha decaído, sino incluso ha reafirmado su virtuosismo, tanto en lo meramente formal como en su capacidad de infundir novedad a una serie de asuntos –el paisaje gallego, el canto a la naturaleza trascendida, el sostenido tono elegíaco, la ironía, incluso la feroz sátira antimoderna– que vienen reiterándose sin desmayo desde al menos su tercer libro, Códex 3 (1982), en el que era ya reconocible su voz característica: la de un personaje poético de claras trazas autobiográficas, que gusta presentarse como un hombre común insatisfecho y empequeñecido –de ahí, por ejemplo, su hábito de nombrarse a sí mismo como migueldors, todo junto y sin mayúsculas–, aunque sólo sea para poner de manifiesto, por contraste, la fe de ese sujeto aminorado en todas aquellas excelsas realidades que lo trascienden.

Lo verdaderamente característico de la obra de d’Ors es su capacidad de convertir esa fe extraliteraria en una personalísima mirada poética en la que puede reconocerse cualquier lector al que concierna el asunto preferente al que se aplica: la búsqueda casi obsesiva de pequeños milagros de lo cotidiano susceptibles de traducirse en belleza; o de oír esa "voz secreta" a la que alude el poema que oportunamente abre esta compilación: "la que sostiene la unidad del mundo / desde el ardiente reino del Misterio".

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José Manuel Benítez Ariza es escritor. Su último libro es Realidad (La Isla de Siltolá, 2020).

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