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  • En El jarrón roto, José Ángel García Caballero incide en la idea de que la poesía es abrazo y comunión entre lo privado y la voz colectiva
  • Abierto al retorno, el verbo optimista de Antonio Machado pronuncia esperanza en el tramo final del poemario "Algunas hojas verdes"

Publicada el 24/07/2020 a las 06:00

El jarrón roto
José Ángel García Caballero
Hiperión
Madrid
2019

En su estudio crítico sobre la posición filosófica de María Zambrano, el poeta José Luis Gómez Toré escribe: "El pensar se mueve siempre en el claroscuro, en una alternancia entre espesuras y claros". Indagar tiene esa naturaleza de tanteo y vacilación, de ensayos y desplazamientos que buscan el centro de la llama, la plenitud. El afán de abrir ventanas a la conciencia es la razón de ser de la lírica meditativa. Las palabras se despliegan en los recodos de una actitud en la que se perciben ámbitos de conexión y zonas de penumbra entre el protagonista verbal y los espacios borrosos del lenguaje.

Con esta percepción creadora que saca a la superficie entendimiento y lumbre nace la poesía de José Ángel García Caballero (Alboraya, Valencia, 1977), licenciado en Economía y Humanidades, profesor de educación secundaria y traductor desde el portugués, cuyo tercer poemario, El jarrón roto, consiguió en 2019 el Premio València de la Institució Alfons El Magnànim.

El hondo cauce existencial requiere asiento en la incertidumbre, acaso con el propósito de establecer lugar y orden en las secuencias vitales. El paso busca sentido a esa sensación de inercia que deposita entre las manos la estela de lo transitorio. El caminar conlleva repensar lo andado, percibir las incisiones que contiene el epitelio existencial en su absorción de la realidad; lo constata el poema "Piezas sueltas": "Entiendo estas pisadas que quedan en la calle / como cuento pedazos de mis días. / Son el mapa de inercias y pulsiones / que empieza y abandona los relatos".

En las vibraciones del poema suena fuerte un intimismo coloquial que condensa en su campo semántico los matices fragmentados de lo cotidiano. El trascurso de los días se configura a partir de sensaciones cercanas e indicios humildes, entre los cuales cobran vida las manecillas tercas del presente. El muestrario textual de la costumbre es una eclosión de gestos sucesivos, acotados en el calendario, un recorrido de palabras que nacen con el tono intimista de la evocación, como si sus manos quisieran recuperar el tiempo.

José Ángel García Caballero incide en la idea de que la poesía es abrazo y comunión entre lo privado y la voz colectiva. Si el poema "Adolescencia" escucha las voces de lo laborable entre la pizarra y los libros del aula, el entorno histórico ofrece ángulos de meditación que pulsan en la conciencia la recuperación de magisterios perdurables. El declinar de Antonio Machado, en sus días crepusculares en el exilio francés, está presente en "Playa de Colliure, 2014" con un hermoso cierre que recuerda aquel verso imborrable en el bolsillo del poeta. La gratitud del homenaje subraya: "Allí empezó la infancia, aunque nosotros / no habíamos nacido".

La claridad cómplice que deja la primera parte del libro en el apartado "Al final de esta frase" es la construcción de una voz dialogal en un ámbito de cercanía, como una secuencia de imágenes expuesta a la luz de la mañana. Por eso se vislumbra una mutación más culturalista en el segundo tramo, abierto con una cita de " en portugués. Persiste el decir confidencial, pero afloran continuos referentes culturales, como en el poema "El silencio de los dioses", o en el monólogo dramático “Atenea pensativa". La Grecia clásica se convierte en habitable itinerario desde el viaje concreto, pero también desde el legado humanista.

Abierto al retorno, enmarcado el existir en un ciclo continuo, el verbo optimista de Antonio Machado pronuncia esperanza en el tramo final del poemario, "Algunas hojas verdes". El hilo semántico entrelaza el disfrute oferente de la paternidad con el homenaje literario, como si en el camino el suelo firme entremezclara, con ejemplar afinidad, existencia y lenguaje.

En los poemas de El jarrón roto se cobijan sencillez y equilibrio. Versos que desconectan de la estridencia declamatoria para llegar al día, renacidos y plenos, como un horizonte desplegado frente a la pupila abierta del asombro, ese lugar de tránsito "donde contar las nubes con los dedos".

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José Luis Morante, autor de Ahora que es tarde (La Garúa Editorial, 2020).

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