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Un amor montañoso

  • Como fuego en el hielo cuenta con el aliciente del escenario natural que lo acoge, los Pirineos, y el incipiente turismo termal de mediados del siglo XIX
  • Me gusta la simbiosis creada por Luz Gabás entre los amantes y las montañas, que les hacen sentirse lejos estando cerca o a la inversa en una tierra fronteriza

Begoña Curiel (El libro durmiente)
Publicada el 18/09/2020 a las 06:00

Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a contacta@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.
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El libro durmiente comenzó su andadura como club de lectura en junio de 2003. Su nombre hace referencia a la necesidad de rescatar los valores y principios que duermen en el seno de los libros. El libro durmiente se define como una entidad creada sin fin de lucro. Nuestra acción adquiere la condición de voluntariado cultural. Desde el año 2012, correspondiendo con el período lectivo, impartimos los talleres de escritura creativa en dos niveles: básico y avanzado. Finalmente, la invitación a los autores para presentar sus obras o impartir clases magistrales sobre las técnicas de escritura ha dado lugar a la creación de un foro literario donde confluyen los lectores, libros y escritores, compartiendo ideas e inquietudes en pro de la cultura.

Como fuego en el hielo
Luz Gabás
Planeta
Barcelona
2020

Una historia de amor de las épicas e imposibles que disfrutarán los incondicionales de la novela romántica. No es mi género favorito pero Como fuego en el hielo cuenta con el aliciente del escenario natural que lo acoge, la cadena montañosa de los Pirineos entre Francia y España y el incipiente turismo termal de mediados del siglo XIX en nuestro país. Una época convulsa de guerras y cambios políticos constantes que sirven a la autora para movilizar a sus personajes.

Attua y Cristela forman la pareja que se debate a lo largo de toda la novela entre la pasión y la razón mientras la vida continúa. Gabás crea Albort, su localidad ficticia, el origen de todo, aunque la trama arranca con un duelo en Madrid que después se convierte en huida de Attua y su amigo Matías.

Attua debe romper con sus sueños para sustituir en Albort al padre al frente del negocio familiar de las termas, un reclamo turístico novedoso y con posibilidades que sin embargo le ata a un futuro que aborrece. Su único consuelo es que allí le espera Cristela, pero un grave incidente también le obligará a poner tierra por medio.

Así que comienza el dilema y la trama en la que uno y otro se las verán y desearán para estar juntos; el conflicto necesario para el nacimiento de la novela y su apellido romántica, que la hace predecible por lo sublime e idílico del amor por el que pelearán hasta el último aliento. Pero el camino y la evolución de la pareja, esquivando desastres de todo tipo a ambos lados de las montañas que los unen y separan, resulta entretenido.

Ellas son protagonistas también; enemigas y aliadas de los enamorados; símbolo de la felicidad y la tragedia que los acompaña, así como el punto de referencia vital de quienes se encuentran a ambos lados. No solo la pareja, sino familiares, amigos y otras incorporaciones que se suman cuando la novela está más avanzada.

Es interesante la visión de esos montes malditos según los ojos que las miren que plantea Luz Gabás. Pueden representar paz, inconvenientes, conexión con la tierra, amor y odio. Todo junto, por separado o hasta completamente revuelto, en una agitada dinámica que disfrutan y sufren Attua y Cristela ante la eterna inmovilidad de esos picos naturales.

Me gusta la especie de simbiosis creada por Gabás entre los amantes y las montañas, que les hacen sentirse lejos estando cerca o a la inversa en una tierra fronteriza, que resulta tan bella como inhóspita, casi como símbolo de la tortuosa relación.

El contexto histórico de Como fuego en el hielo es fundamental. Guerras carlistas, exilio de Isabel II, estallidos y revueltas por los constantes enfrentamientos entre liberales y conservadores, sucesivos cambios de Gobierno... son el viento que azota a los moradores de la novela de forma más o menos directa. Son años complejos que la escritora relata en paralelo a la trama. Sin honduras pero de manera efectiva para que el lector no se pierda.

Hay secundarios que he disfrutado más que los protagonistas. Porque al pobre Attua no ha podido hacerlo sufrir más. Ni un respiro tiene en el negocio de las termas. Caer, levantarse y volver a caer parece su sino... Cristela, con diferencia, pese a la intermitencia del amor, es afortunada. Tiene más opciones que él gracias a los secundarios que mencionaba. Aurore y Shelton resultan más interesantes que la pareja.

No doy detalles para no desvelar demasiado, pero ella representa el modelo de lo que las mujeres españolas de la época no pueden ser. Él, el compañero de vida con el que soñaría cualquiera. Su filosofía de vida y generosidad son tan apabullantes que cuesta creerlo. Sobre todo, lo segundo.

Las adversidades son el ingrediente básico de Como fuego en el hielo. La autora saca rédito narrativo de todas para llegar al final que se adivina y, aun así, no deja de ser una lectura amena que facilita también la escritura sencilla y discreta de Gabás.

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