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Los aforismos de Mark Twain: el yo, consigo

  • Javier Recas realiza una exploración crítica de toda la obra y del epistolario del autor para extraer los textos seleccionados en Encuentros y extravíos
  • En sus latidos aforísticos se integran las cicatrices de lo vivido; esa realidad de quien adivina que el discurrir es un camino hacia la decepción

Publicada el 16/10/2020 a las 06:00 Actualizada el 22/10/2020 a las 14:03

Los ensanches conceptuales sobre el aforismo en castellano confirman a Javier Recas (1961), catedrático docente en un instituto madrileño y doctor en Filosofía, como un solvente investigador del decir breve y su utillería teórica. Entre sus entregas destacan Hacia una hermenéutica crítica, Meditaciones, Soliloquios y pensamientos morales de Marco Aurelio, Relámpagos de lucidez y Una sutil y grácil miniatura. Notas sobre el aforismo. Vuelve al género con la edición Mark Twain. Encuentros y extravíos, a quien dedicó un breve estudio en la panorámica de nombres integrados en el mencionado Relámpagos de lucidez. El arte del aforismo (2014).

El bagaje lector debe a Mark Twain, pseudónimo de Samuel Langhorne Clemens (1835-1910), la condición de clásico por su narrativa. A juicio de Ernest Hemingway, la novela Huckleberry Finn, con Moby Dick, el hito ficcional de Herman Melville, son los vértices germinales de toda la literatura moderna norteamericana. Más humilde por el fuerte sentido crítico, Mark Twain definía la epopeya de aquel muchacho como una humorada juvenil. Pero persiste la consideración de obra maestra por la plenitud de la expresión realista, la captación y sensibilidad de los caracteres dibujados y por el trazado de una cartografía literaria convertida en mapa nacional.

Javier Recas realiza una densa introspección biográfica de Mark Twain. Sabe que el cauce personal del escritor está íntimamente conectado con la sensibilidad reflexiva. Hace además una exploración crítica de toda la obra y del epistolario para extraer los textos seleccionados en Encuentros y extravíos, que añaden como coda la fuente de procedencia. Mark Twain no escribió aforismos exentos ni tuvo conciencia del género. Los chispazos de lucidez son sustratos integrados en novelas, conferencias, cartas personales o en la autobiografía.

El compilador ordena el florilegio de aciertos verbales por orden alfabético y pone los títulos que clarifican la naturaleza semántica del fragmento. Veamos algunos ejemplos ilustrativos: “COSTUMBRES. A menudo cuanto menos justificación tiene una costumbre tradicional más difícil es deshacerse de ella. (Tom Sawyer. 1876)”; “DESNUDEZ. La vestimenta hace al hombre. La gente desnuda tiene poca o ninguna influencia en sociedad. (More maxims of Mark, s. f.).

En los latidos aforísticos de Mark Twain se integran las cicatrices de lo vivido; esa realidad trascendida de quien adivina en la madurez que el discurrir es un camino hacia la decepción. Queda, por tanto, el poso de conocimiento que se traduce en una disparidad de sensaciones que suscribe la inflexión crítica, la bonhomía humorística o la penumbra de la incertidumbre. El entorno y sus circunstancias tienen un carácter casi definitivo en la personalidad del sujeto; el yo consigo es también el ciudadano en la calle que pertenece a una comunidad cercana, a un discurrir histórico y a un molde colectivo que obedece a la idea de país. Desde la asunción del marco escénico nacen la mayoría de los fragmentos integrados en Encuentros y extravíos.

En la profusión de estratos argumentales del libro siempre la inteligencia es una presencia activa. De la claridad del pensar emanan aforismos de profunda belleza: “EJEMPLO. Pocas cosas son más difíciles de soportar que el incordio de un buen ejemplo. (Wilson Cabezahueca, 1894)”, “ESCLAVITUD. La piel de todo ser humano contiene un esclavo (Mark Twain. Notebook. 1904)”, “EVA. Donde quiera que ella estaba, allí estaba el Edén. (Diario de Eva. 1906)”, y queda como cierre esta inspiración emotiva: “ILUSIONES. No renuncies a tus ilusiones. Cuando hayan desaparecido todavía existirás, pero habrás dejado de existir. (Viaje alrededor del mundo, siguiendo el Ecuador, 1897)”.

En el pensamiento es muy amplia la perspectiva relacional con los demás. Cumple una lección estimulante la coherencia con el ideario, convertida en pasión de vida y forma de manifestarse en el espacio colectivo. Son señas personales de Mark Twain la libertad de expresión y la libertad de conciencia, aunque sabía el riesgo de exclusión que genera la práctica conjunta de las dos: “LUNA. Todo hombre es como la luna, tiene un lado oscuro que nunca muestra a nadie. (Viaje alrededor del mundo, siguiendo el Ecuador. (1897)”.

Mark Twain impuso en sus anotaciones la lealtad a lo mejor de sí mismo, aunque disfrazara esa coherencia de humildad e ironía. Estos Encuentros y extravíos seleccionados por Javier Recas difunden uno de los principios básicos del taller: “En mi opinión, la mejor literatura y la más duradera es la que se caracteriza por su noble sencillez.”. Pero el aforismo no es un dogma, sino una sugerencia útil para el oficio del escritor, ese paciente observador que intenta vadear la existencia, con tan solo dos brazas de profundidad.

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José Luis Morante es poeta y editor de la antología 11 aforistas a contrapié (Liliputienses, 2020)

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