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Tribulaciones de un desheredado

  • Javier Sáez de Ibarra escribió esta obra bajo los ecos de la crisis económica del 2008, pero tiene perfecta validez hoy y ganará con el tiempo
  • Antes de su edición en papel, Vida económica de Tomi Sánchez, capítulo tras capítulo, cual novela de Dickens, en la Revista Penúltima

Publicada el 20/11/2020 a las 06:00

Vida económica de Tomi Sánchez
Javier Sáez de Ibarra
La Navaja Suiza
Madrid
2020

Al autor le sigo la pista desde hace años en el terreno del cuento, donde ha sido, hasta ahora, más prolífico, destacándose como uno de los mejores cuentistas en las últimas décadas. En el año 2004 publicó El lector de Spinoza. En el 2009 obtuvo el primer premio internacional Ribera del Duero con Mirar al agua. Cuentos plásticos, centrado en el mundo del arte, y con Bulevar, en el 2013, ganó el Premio Setenil al mejor libro de cuentos. Han sido publicados en la editorial Páginas de Espuma. A lo largo de ellos, durante el tiempo que he compartido como lectora, creo que Javier Sáez de Ibarra (Vitoria, 1961) ha ido poniendo el ojo en lo social, imbuido por todo lo que nos está tocando vivir, por aquello de que nada de lo humano le es ajeno. Así, su siguiente libro de cuentos, Fantasía lumpen, del 2017, obedecía a una crítica al sistema y a lo que había pasado en el mundo a raíz de la crisis económica del 2008. Como en esta su primera novela.

A eso de las once de la mañana, un 4 de abril anticiclónico y de temperatura suave para ser exactos, Tomás Sánchez López, en ese entonces obrero metalúrgico, sufrió un accidente con una cortadora de planchas.

 

Así empieza Vida económica de Tomi Sánchez, que acaba de ser publicada por La Navaja Suiza, aunque antes de su edición en papel, salió, capítulo tras capítulo, cual novela de Dickens, en la Revista Penúltima, el mismo lugar que ahora le está publicando su segunda novela, Trenviajeros, también por capítulos.

Vida económica de Tomi Sánchez estuvo escrita bajo los ecos de la crisis económica del 2008 y, aunque salga ahora, tiene perfecta validez y ganará con el tiempo, porque seguimos en momentos convulsos que actualizan lo que cuenta, que profundizan el drama de los desheredados, de los parias de la sociedad, de las consecuencias de un sistema depredador que no se detiene ante nada.

El título ya nos coloca en el contenido, no es una sola, sino múltiples vidas económicas en función del trabajo que en cada momento tiene, dejándonos ver la precariedad de todos ellos, sobre todo el último, cuando empieza la novela y donde pierde el brazo. Un brazo que el encargado recoge, se lo pone encima y aposenta al lesionado en la calle para no interrumpir la cadena de producción, ya se sabe, un brazo es solo un brazo, se lo podrán trasplantar, pero no lo pueden llevar al hospital hasta que finalice el trabajo. Y allí se queda, el buen hombre, con su brazo, y unos niños que vienen a verlo, y él ahí, estoico, esperando.

Entre el humor negro y las escenas grotescas, nos vamos tragando con píldoras la vida amarga de una persona que ha pasado por varias parejas y sucesivos hijos que viven con él, todos ellos con nombres relacionados con sus utopías, sus ilusiones: Libertad, Energía, Vigor, Pasión, Salud, Voz. Como los anarquistas de principios de siglo, que ponían a sus hijos nombres similares, y que luego fueron borrados del mapa.

Escrito básicamente en primera persona, en unos capítulos la voz es la de Tomi, en otros la de sus amigos, en otros sus hijos o mujeres, hasta conseguir una visión estereoscópica sobre el personaje, al estilo de lo que Max Aub hizo en el Juego de Cartas. Aquí no hay juego epistolar, pero sí personas que hablan sobre Tomi, aparte de su propia voz. Y aparece la multiplicidad del personaje, la imposibilidad de saber en realidad cómo es una persona, no solo ya en función de sus múltiples mujeres, amigos o hijos y los distintos roles que juega. También por lo que los trabajos influyen en su personalidad. No es el mismo Tomi obrero metalúrgico que el aprendiz de escritor o el bibliotecario. El puzle termina de encajar al final de la novela, aunque no sigue un orden cronológico, porque nos cuenta la muerte de Tomi y posteriormente hay varios capítulos en los que el protagonista habla de sus otras vidas laborales o sentimentales, de las que fue muy prolífico. El personaje en cuestión muere unos días antes de que le llamen del hospital para trasplantarle el brazo, y la viuda actual tendrá que pagar la estancia y mantenimiento del miembro amputado en el hospital por los gastos que ha generado, es obligatorio hacerlo, independientemente de que se cosa al cuerpo o no. Los amigos tienen que hacer una colecta para solventar la deuda y que esta no se acumule.

Como en el teatro del absurdo, Sáez de Ibarra se atreve a dar sucesivas vueltas de tuerca hasta llegar a situaciones hilarantes: deciden realizar una barbacoa para quemar el brazo amputado, una vez que es devuelto a la familia, con amigos e hijos presentes, ya que el cuerpo había sido incinerado previamente y no sabían qué hacer con él. O cuando el jefe de uno de sus trabajos, para mejorar las ventas y dar buena imagen, presiona a los trabajadores para que se rapen el pelo al cero. Estos saltos del realismo al surrealismo o al absurdo hacen eficaz la novela, la sacan del pozo de lo tremendo al caer en el humor negro. Tiene capítulos dedicados a diferentes temas relacionados con su vida, como el Comando Luciérnaga, con el que pretenden atentar contra el capitalismo, o la banda de la madre, organizada cuando ya es mayor y sabe que va a ser exonerada de la cárcel. Es uno de los capítulos con los que más me he divertido. Tras atacar en patines a la viuda del exgobernador del Banco Nacional, al grito de nadie se ríe de los pobres, continúa:

La sacaron los medios: una foto retocada para quitarle un par de lustros a su rostro alucinado. La resultante: ingreso en un centro penitenciario, vista ante el juez y, antes de un año, volverá a casita por exceder la edad penal. A la puerta de la cárcel será recibida con vítores, amén de cartelería y megáfonos, por los más chiflados de su asociación, autodenominada “Venganza Histórica”, una congregación de mayores de ochenta años a los que la justicia no recluye y que, en los últimos años, no han dejado de practicar lo que denominan “actos de justicia vengativa popular” (nombrecito que no admite dudas). Mi madre usó una tijera, otras personas emplean palos, piedras, globos con tinta china, destornilladores, cualquier cosa con tal de atacar a nuestras personalidades… Abuelos con alzhéimer, incluso párkinson, y afectados de pérdidas de conciencia, capacidad de razonamiento y recursos protagonizan cada vez mas actos violentos…. La proliferación de incidentes, el prestigio de las víctimas y la alarma social han llevado a acuñar el concepto de “terrorismo anciano”.

 

Aparte de lo que nos aporta, de esta visión estereoscópica de la vida del protagonista, la novela está llena de varios guiños, entre ellos el literario. Un poema de César Vallejo abre el libro. La etapa del protagonista trabajando en una biblioteca nos acerca, partiendo de la A del abecedario, a escritores (no escritoras, que solo menciona a una, Susan Sontag). Pero por sus páginas pasean Aldecoa, Borges, Camus, Dostoievski, Faulkner, Heidegger, Huidobro, Ionesco, Bloom, Kafka, Lorca…Tomi no llegó a la M y no leyó a Marx ni a Nietzsche y, por supuesto, tampoco a Virginia Woolf. Pero menciona, en otro orden de cosas, a Victor Serge. Los jóvenes no sabrán quién es, pero los más mayores supongo que sí. Toda una serie de guiños a una generación que nos movimos entre la realidad y la utopía, entre la literatura y las ansias de transformación del mundo. En definitiva, es una novela agridulce que he disfrutado más leyéndola en papel que siguiendo los capítulos en el blog. En estos tiempos difíciles me ha hecho pasar buenos ratos. Y eso es muy importante.

Solo me queda decir que Javier Sáez de Ibarra trabaja como profesor de Lengua y Literatura. Me imagino que sus alumnos disfrutarán con esa mirada inquisitiva que tiene sobre la realidad.

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Carmen Peire es escritora. Su último libro es Cuestión de tiempo (Menoscuarto, 2017).

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