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El rincón de los lectores

Patinando sobre hielo fino

  • Las diferencias de clase, la vida intelectual o la hipocresía de ciertas relaciones sociales urbanas son algunos de los temas de Gente normal
  • Sally Rooney es joven, pero esta novela es una obra madura, y lo demuestra ampliamente en el dominio del tiempo narrativo, en la dosificación justa de los acontecimientos 

Publicada el 27/11/2020 a las 06:00

Confieso mi ignorancia, pero antes de leer este libro no sabía en absoluto quién era Sally Rooney, circunstancia que al final de su lectura he tenido que agradecer, al darme cuenta de que había valorado el texto sin prejuicios, ganándome a medida que avanzaba la historia, con independencia de la identidad de su autora. Al terminarlo he buscado sobre ella y he sabido que el libro se ha convertido en una famosa serie de televisión del mismo nombre, pero mi lectura ha sido, podríamos decirlo así, completamente virgen.

Sally Rooney (County Mayo, 1991) es una joven escritora irlandesa que ya ganó un premio con su primera novela, Conversaciones entre amigos, que no he leído. Por lo tanto mi comentario versa exclusivamente sobre este único libro, Gente normal (Literatura Random House), que relata los encuentros y desencuentros de dos adolescentes pertenecientes a diferentes clases sociales, Marianne y Connell, que se conocen desde el instituto y que van creciendo a lo largo de la novela hasta convertirse en dos adultos con vidas fluidas y complejas, como lo son las de la mayoría de jóvenes de la generación millennials a la que pertenecen ellos y la propia autora.

Rooney es joven, insisto, pero Gente normal es una obra madura. Y lo demuestra ampliamente en el dominio del tiempo narrativo, en las dosis perfectas con que salpica la descripción, en la dosificación justa de los acontecimientos que nos proporciona, que son pocos, pequeños detalles de la existencia mostrados a través de unos diálogos que brillan no tanto por su originalidad como por su perspicacia. Rooney desarrolla su maestría a la hora de recortar las escenas que elige para escalonar un amor que se quiere negar, una necesidad del otro que pretende pasar desapercibida porque asusta reconocerla, pero que se expresa en mil y un gestos de sus protagonistas, envueltos en una relación asimétrica siempre, en la que Marianne parece más necesitada y Connell más esquivo, pero donde finalmente triunfa la vulnerabilidad y el deseo de compañía y de reconocimiento. Deseos tan negados en una generación que corre hacia delante, por miedo a resbalar sobre el hielo fino del mundo incierto que le ofrecemos y perecer ahogada, congelada en el agua fría que acecha bajo su superficie. Y desarrollo la imagen a partir de una cita que Zygmunt Bauman también toma prestada de R. W. Emerson para describir la huida hacia delante que la caracteriza: “Cuando se patina sobre hielo fino la seguridad es la velocidad”.

Las diferencias de clase, la vida intelectual y la curiosidad como motor de la vida, o la hipocresía y el convencionalismo de ciertas relaciones sociales urbanas, en contraposición a las no menos convencionales y crueles relaciones del mundo rural son algunos de los subtemas que se multiplican en la obra para dotar de textura a la historia; y lo hacen con una habilidad aparentemente natural, mezclándose entre sí unos con otros, como sucede también en la realidad. La prosa es cuidada y liviana, teñida de sutiles destellos líricos.

No son superficiales estos chicos, aunque su huida de los sentimientos podría hacérnoslo pensar, y este es otro acierto de Rooney, que construye unos personajes cultos, capaces de reflexionar sobre sí mismos llegado el caso, por más que les paralice un enorme miedo a hacerlo. Hay un episodio, central en la trama, que apunta a la presión del grupo, capaz de imponerse sobre los más fuertes afectos; un episodio que abrirá una herida en la relación entre los dos amigos y amantes clandestinos, cuya cicatrización será el hilo conductor de esta historia hasta que se imponga el perdón, la reparación y la confianza mutua que naufragó con él. Pero cualquier síntesis sería tramposa, se haga como se haga, porque lo que brilla con luz propia aquí es la mesura a la hora de contar la historia, su ajustada proporción en los tiempos, en los espacios, que varían entre el pueblo y Dublín, hasta un amplio mundo abierto al futuro. La autodestrucción de Marianne, la liquidez de Connell, dos personajes que se nos meten dentro.

Solo me cabe hacerle un reproche a esta delicada pieza de buena literatura: la caída en el masoquismo sexual de Marianne no es fácil de explicar como no sea que sus circunstancias familiares, su orfandad, la indiferencia de la madre, la violencia que ejerce sobre ella su hermano, haya abierto esa gruta al pasado de la especie que, según pensaba Lou-Andreas Salomé, habita en todas las mujeres, la loca atracción por la sumisión, y que Marianne se complazca en explorarla hasta el fondo.

No había conocido hasta ahora a Sally Rooney, repito, pero les invito a leerla, yo ya estoy deseando volver a hacerlo.

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Lola López Mondéjar es psicoanalista y escritora. Su último libro es Qué mundo tan maravilloso (Páginas de Espuma, 2018).

 

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